"Dios te ama como eres, pero te sueña mejor": un Camino a Santiago para volver a creer en el futuro

Cerca de 200 personas privadas de libertad de 23 centros penitenciarios culminaron en Santiago una peregrinación que reunió a 365 personas, entre internos, funcionarios, voluntarios y autoridades

Pastoral penitenciaria
Pastoral penitenciaria | CEE
04 oct 2026 - 08:29

(Archicompostela).- Cerca de 200 hombres y mujeres de 23 centros penitenciarios españoles culminaron el sábado 3 de octubre la quinta edición del Camino de Santiago organizado por la Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española. Junto a ellos caminaron 73 funcionarios y 83 voluntarios, en una experiencia que reunió, con las autoridades asistentes, a un total de 365 personas.

Una acogida en el Monte del Gozo para «alzar la mirada»

Después de recorrer distintos itinerarios (los caminos Sanabrés, Portugués, Primitivo y Francés), los grupos se reunieron a las 10.30 horas en el auditorio del Monte del Gozo. Allí compartieron la bienvenida antes de emprender juntos los últimos kilómetros hasta la catedral.

En la acogida participaron monseñor Florencio Roselló, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, y responsable de la Pastoral Penitenciaria en la CEE; el director del Departamento de Pastoral Penitenciaria, José María Carod, y Yolanda Sánchez, delegada de esta pastoral en Santiago. También estuvieron presentes el secretario general de Instituciones Penitenciarias, Ángel Luis Ortiz; el viceconsejero de Justicia del País Vasco, Alfonso Gómez, y representantes de la Fundación Barrié, que colaboró en la comida de hermandad y Pilar Farjas en representación de Cáritas Diocesana.

Mons. Roselló invitó a los participantes a «alzar la mirada» por encima de los muros y las rejas para descubrir un horizonte en el que seguían presentes la familia, los amigos, la libertad y las oportunidades. Les recordó que, durante estas jornadas, habían encontrado razones para luchar y levantarse después de las caídas, y los animó a conservar esa esperanza al regresar a sus centros.

Alfonso Gómez destacó el valor de la peregrinación como experiencia de reinserción. Subrayó que las horas de marcha ofrecían tiempo para pensar, conversar y abrirse a los compañeros.

Ángel Luis Ortiz agradeció el trabajo de los organizadores y de los profesionales penitenciarios que habían preparado la salida durante meses. También reconoció la responsabilidad de los internos, cuyo compromiso permitía dar continuidad a la iniciativa y ofrecer esa oportunidad a otros compañeros. Antes de concluir, animó a quienes recuperasen la libertad a sumarse a futuras ediciones.

Tres testimonios sobre la fe, la ayuda y el deseo de empezar de nuevo.

La acogida continuó con las intervenciones de Rania, del centro penitenciario de Zuera; Daniela, de Gipuzkoa, y Erika, de Málaga. Sus testimonios acercaron a los asistentes a lo que había significado caminar, convivir y disponer de tiempo para mirar la propia vida.

Rania explicó que había comenzado la peregrinación con el deseo de reflexionar y acercarse a Dios, pero que el recorrido también la había llevado a conocerse mejor. A medida que avanzaba, descubrió la importancia de aprender a mirar a los demás y de reconocer la presencia de Dios en las personas con las que compartía cada etapa. Para ella, el camino de vuelta tendría tanta importancia como el de llegada.

Daniela habló del apoyo recibido cuando aparecían el cansancio y las dificultades. Que alguien esperase a quien se quedaba atrás o le ofreciese ayuda había adquirido un significado especial para ella, que reconoció cuánto le costaba pedirla. «Dejarse ayudar también es una forma de avanzar», expresó.

Las lecturas espirituales al comenzar las jornadas y los momentos para compartir lo vivido al final del día habían contribuido a unir al grupo. La peregrinación también le había permitido pensar en su futuro y en sus proyectos. «Mi camino no termina aquí», afirmó, convencida de que aquellos días formaban parte de un recorrido más largo hacia la vida que quería construir.

Erika agradeció la cercanía de los capellanes y del voluntariado, con quienes encontraba un espacio para sentirse escuchada sin ser juzgada. Destacó la relación que había podido establecer con las funcionarias fuera del entorno habitual de la prisión y la convivencia con participantes de otros centros. Comparó las dificultades personales con las piedras del Camino y con las cargas de una mochila de la que era necesario aprender a desprenderse.

Tras los testimonios y las indicaciones para el último tramo, los grupos salieron hacia Santiago alrededor de las 11.30 horas. Recorrieron juntos los kilómetros que los separaban del Obradoiro, donde se reunieron antes de entrar en la catedral.

Una homilía sobre el Dios que sueña un futuro mejor para cada persona.

La eucaristía, celebrada a las 13.15 horas, estuvo presidida por monseñor Florencio Roselló, acompañado por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto, y el obispo de Mondoñedo-Ferrol, monseñor Fernando García Cadiñanos, anterior responsable de la Pastoral Penitenciaria en la CEE.

Antes de la homilía, dos internos presentaron la ofrenda al apóstol Santiago. La invocación expresó el deseo de reconstruir la propia vida y avanzar hacia una sociedad más justa, solidaria y atenta a las personas vulnerables. También recogieron aspiraciones concretas: acceder a formación, disponer de oportunidades laborales y mantener los vínculos con el exterior para preparar el regreso a la vida en libertad.

Mons. Roselló comenzó reconociendo el esfuerzo de los peregrinos. Habían vencido el cansancio, perseverado en las dificultades y demostrado que eran capaces de alcanzar una meta compartida. Pero, sobre todo, habían vivido la experiencia de ser «unos peregrinos más», acogidos sin que su pasado determinase la relación con quienes encontraban a su paso.

En el centro de la homilía situó una frase que el papa León XIV había dirigido a los internos durante su visita al centro penitenciario de Brians, en su viaje a España: «Dios te ama como eres, pero te sueña mejor». Roselló, que la había visto escrita en las camisetas de muchos participantes, los invitó a creer en esas palabras y a reconocer en ellas una promesa de futuro. Explicó que Dios seguía amándolos a pesar de sus errores y que los soñaba libres, alegres, junto a sus familias y capaces de caminar sin miedo.

Ese sueño, señaló, no quedaba anulado por las caídas. Frente al cansancio que podían experimentar las instituciones, la sociedad, las familias o la propia Iglesia, recordó la constancia del amor de Dios y su confianza en cada persona. «Dios tiene también un futuro para ti», afirmó, antes de animarlos a no dejar pasar esa oportunidad.

El prelado defendió el derecho a empezar de nuevo y a no quedar marcado para siempre por el pasado. También recordó las palabras del Evangelio sobre los nombres escritos en el cielo, como expresión de la dignidad y del lugar que cada uno conserva ante Dios.

En ese acompañamiento situó la labor de la Pastoral Penitenciaria. Agradeció a los capellanes y voluntarios su presencia en las cárceles, la escucha y la acogida que ofrecían, y describió una Iglesia que se acercaba para preguntar: «¿Qué puedo hacer por ti?».

La homilía abordó también la dificultad del regreso. Muchos de los presentes debían volver a prisión aquella misma jornada o al día siguiente. Mons. Roselló los animó a afrontar ese momento con la fuerza adquirida durante la peregrinación y a mantener la mirada por encima de los muros. Encomendó sus historias y las de sus familias a la Virgen de la Merced y al apóstol Santiago.

La celebración continuó con peticiones por las personas privadas de libertad, sus familias, quienes sufrían exclusión y los internos con problemas de salud mental. En el ofertorio, una cámara recordó los momentos compartidos; unas piedras simbolizaron la fortaleza y la superación; un bastón representó el apoyo recibido, y una camiseta expresó la unión de los grupos.

Antes de finalizar, Mons. Roselló agradeció al arzobispo de Santiago su acogida. Extendió su reconocimiento a José María Carod y al equipo organizador, con una mención expresa a Yolanda Sánchez, delegada de Pastoral Penitenciaria de Santiago, y a Juan González-Redondo, capellán de Teixeiro, por su trabajo en la preparación de la peregrinación.

Una comida de hermandad puso fin al encuentro antes del regreso a los lugares de procedencia.

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