Eduardo Agosta: "Hay una apertura notable por parte de empresarios a aceptar a la Iglesia como observador ético”
Este religioso argentino, director del Departamento de Ecología Integral de la CEE, acaba de participar en el encuentro de un grupo de empresarios con León XIV en el marco de la “Building Bridges Initiative”, coordinado por la PCAL y el CELAM
"El objetivo central de la audiencia no fue técnico, sino ético y existencial. Se buscó iniciar procesos de diálogo socioambiental bajo una premisa desafiante: cambiar el marco mental de los líderes empresariales de “extractores” a “custodios” de la casa común". Así resume fray Eduardo Agosta, Director del Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española, el reciente encuentro de un grupo de empresarios con León XIV en el marco de la “Building Bridges Initiative” (Iniciativa Construir Puentes), coordinado por la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL) y el CELAM, y en el que tuvo la oportunidad de participar.
Este encuentro forma parte de una agenda transformadora con acciones concretas, y el encuentro con León XIV fue un momento de gran intensidad, un “cara a cara con el Papa, sin asesores, que permite una discusión humana y directa", señala el religioso argentino en conversación con Religión Digital. "Observamos una apertura notable por parte de los empresarios", reconoce, y con "una voluntad expresa de dar continuidad al diálogo y de aceptar a la Iglesia como un “observador ético” y mediador para validar las buenas prácticas frente a la criminalidad".
Pregunta. Usted ha participado recientemente en un encuentro de empresarios con el Papa en donde le manifestaron su voluntad de trabajar por el cuidado de la casa común. ¿Cuál era el objetivo de esa audiencia? ¿Y dónde han 'encontrado' a esos empresarios?
Respuesta. El objetivo central de la audiencia no fue técnico, sino ético y existencial. Se buscó iniciar procesos de diálogo socioambiental bajo una premisa desafiante: cambiar el marco mental de los líderes empresariales de “extractores” a “custodios” de la casa común. La intención fue discernir cómo satisfacer la creciente demanda de minerales, hoy por hoy, impulsada por la Inteligencia Artificial y la transición energética, sin que ello implique la destrucción de la biodiversidad ni el “despojo” de las comunidades locales, y planteando que la minería debe ser un servicio al bien común y no un fin en sí misma.
Estos empresarios no fueron encontrados al azar; el encuentro es el séptimo hito de un proceso sinodal más amplio llamado “Building Bridges Initiative” (Iniciativa Construir Puentes), coordinado por la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL) y el CELAM. Esta iniciativa lleva años conectando al Papa (en su momento, con Francisco; hoy, con León) con diversos actores (universitarios, rectores, sindicatos) y, en esta ocasión, convocó a líderes de las industrias de energía y de minerales críticos que operan fundamentalmente en América Latina y el Caribe.
P. Cuando las grandes potencias parecen embarcadas en una carrera por obtener como sea, incluso fuera de sus fronteras, las codiciadas tierras raras, ¿qué supone el compromiso ético de estos empresarios de ponerse al servicio de la llamada del Papa a una “paz desarmada y desarmante”?
R. Este compromiso implica evitar que la transición energética se convierta en un “neoextractivismo verde” o en una nueva forma de colonialismo, donde el Norte Global se “enverdezca” a costa de multiplicar en el Sur “zonas de sacrificio”.
R. En un contexto donde la minería a menudo ocurre en zonas de conflicto o fragilidad social, ponerse al servicio de una “paz desarmada” implica:
R. • Minería para la paz: Que la industria actúe como agente de reconciliación y no de conflicto, colaborando con la Iglesia para crear espacios de diálogo real en territorios donde existe desconfianza.
R. • Distinción frente a la ilegalidad: Diferenciarse claramente de la minería ilegal y del narcotráfico, que operan con violencia y paramilitarismo, y generan inestabilidad social y homicidios.
R. • Evitar el modelo de “Enclave”: Garantizar que la riqueza no sea solo extraída, sino que genere una prosperidad local tangible, evitando que las comunidades perciban la actividad como un saqueo o despojo, lo cual es semilla de violencia.
A lo largo de este proceso, nos acompañaron los cardenales Pedro Barreto, presidente de la Conferencia Eclesial Amazónica, y Jaime Sprengler, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano
P. Como señala, el encuentro sirvió también para establecer cauces para cambiar una mentalidad – todavía extendida entre empresarios– de ‘extractores’ a ‘custodios’. Pero, ¿cómo se hace eso y qué predisposición encontraron?
R. Para lograr este cambio de mentalidad se utilizó el método sinodal, alejándose de los reportes técnicos de sostenibilidad para entrar en una dinámica de “escucha, discernimiento y franqueza”. El proceso incluyó:
R. 1. Escucha de amenazas y oportunidades: Un diálogo honesto sobre dilemas reales, como el declive de los combustibles fósiles sin generar pobreza energética o los riesgos de la “fiebre del litio”.
R. 2. Matriz de discernimiento: Se invitó a los líderes a reflexionar sobre qué prevenir (la cultura del descarte), qué promover (la solidaridad y la subsidiariedad) y qué esperar (la guía moral) antes de ver al papa León.
R. 3. Diálogo “cara a cara”: una audiencia privada con el Papa, sin asesores, que permite una discusión humana y directa.
R. A lo largo de este proceso, nos acompañaron los cardenales Pedro Barreto, presidente de la Conferencia Eclesial Amazónica, y Jaime Sprengler, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano. En cuanto a la predisposición, observamos una apertura notable. Los empresarios reconocieron la “paradoja de la transición” (la necesidad de más minerales para descarbonizar) y coincidieron en que, si la actividad no deja una impronta de mejora e inclusión locales, es “ajena y hostil”. Hubo una voluntad expresa de dar continuidad al diálogo y de aceptar a la Iglesia como un “observador ético” y mediador para validar las buenas prácticas frente a la criminalidad.
R.
P. En un momento donde el poder de las grandes corporaciones tiene la capacidad de marcar la agenda global e influir en políticas internas en la mayoría de los países, ¿qué importancia tiene esta sensibilidad empresarial en clave de diálogo y justicia social?
R. Tiene una importancia crítica porque eleva la transición energética a un imperativo de “caridad política”. Dado que las corporaciones tienen un poder inmenso, visible, por ejemplo, en la influencia de los lobistas en las cumbres climáticas, esta sensibilidad permite:
R. • Pasar de “partes interesadas” a “hermanos”: El encuentro propuso avanzar de la confrontación a la fraternidad universal, tratando a los trabajadores y comunidades no como partes interesadas, sino como hermanos, lo cual cambia radicalmente la negociación de contratos y el impacto social.
R. • Validación moral: Reconocer que el capital humano, ético y espiritual del empresario vale más que el capital financiero es fundamental para que la actividad económica sirva al bien común y no solo al lucro.
R. • Solución ante la ausencia del Estado: En muchos territorios donde el Estado es débil, ausente o corrupto, la alianza entre la capacidad logística de la empresa y la autoridad moral y capilaridad de la Iglesia puede ser la única vía para garantizar el respeto a los derechos humanos y evitar la violencia
