Emilce Cuda: "La teología debe descubrir nuevos caminos para afrontar los cambios de época"
La teóloga argentina inaugura el curso de Cristianisme i Justicia con una llamada a repensar el papel de la teología ante los cambios políticos, sociales y tecnológicos
La teología no puede vivir de espaldas al mundo ni limitarse a repetir las fórmulas del pasado. Debe aprender a escuchar los interrogantes del presente, discernir los signos de los tiempos y caminar junto a las comunidades que sufren las consecuencias de la desigualdad y de las transformaciones sociales. Esta es una de las ideas centrales que ha defendido este miércoles, 30 de septiembre, la teóloga argentina Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina y consultora del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, durante la conferencia Claves para una teología de nuestro tiempo, con la que ha inaugurado el nuevo curso de Cristianisme i Justicia, en Barcelona.
Presentada por Manu Andueza, responsable del área teológica de Cristianisme i Justicia, como una "teóloga valiente", Cuda ha compartido una reflexión sobre los desafíos que los cambios de época plantean a la teología, en un mundo atravesado por la incertidumbre política, la revolución tecnológica y la crisis de las formas tradicionales de relación y de transmisión de la fe. "Barcelona es un público que piensa mucho y cuestiona mucho, y eso me gusta", ha afirmado al inicio de su intervención, en la que ha propuesto una mirada arraigada en la experiencia latinoamericana y en el método teológico del "ver, juzgar y actuar".
Desde esta perspectiva, la teóloga ha situado el contexto social y político como un elemento imprescindible para comprender la tarea de quien hace teología. A su juicio, desde el pontificado de Juan Pablo II y a lo largo de los pontificados posteriores, hasta León XIV, se ha producido un giro en la manera de entender y ejercer esta disciplina, en paralelo a las profundas transformaciones de la sociedad y de la propia vida eclesial. Cuda ha señalado, entre otros fenómenos, el desplazamiento de los movimientos juveniles eclesiales por nuevas formas de catequesis vinculadas a los influencers, el paso de la teología moral y social a discursos más centrados en una "moralina bioética" y la evolución de la teología de la liberación hacia la ecoteología.
En este escenario, ha reivindicado una teología que no se haga simplemente "del pueblo", sino que se construya "con el pueblo", en sintonía con el pensamiento del papa Francisco. Una manera de hacer que sitúa en primer plano la dimensión comunitaria de la fe y entiende la organización colectiva como una fuerza capaz de sostener la esperanza. "Los teólogos no serán filósofos, sino organizadores comunitarios de esperanza", ha afirmado, defendiendo que la reflexión teológica debe estar conectada con la vida concreta de las personas y con sus luchas cotidianas.
Entre la teología y la ideología: discernir los falsos dioses
Cuda ha advertido de que los cambios de época, a menudo impulsados por saltos cualitativos en el desarrollo tecnológico, también generan nuevas formas de poder y de confusión. En un contexto de desorden político, ha explicado, históricamente surge la disputa por determinar quién es capaz de ordenar el caos. Es entonces cuando pueden aparecer "falsos dioses" y cuando la religión corre el riesgo de ocupar el espacio que corresponde a la política. De ahí que haya planteado una pregunta de fondo: "¿Estamos en un momento secular o postsecular?".
La cuestión, según la teóloga argentina, va más allá de la relación entre religión y sociedad, porque también interpela a la propia naturaleza del discurso teológico. "La teología es un discurso sobre Dios, mientras que la ideología es un discurso sobre una idea", ha señalado. El problema aparece cuando una idea humana se eleva a la categoría de verdad absoluta y acaba convirtiéndose en objeto de culto. "Entonces hablamos de idolatría", ha advertido, recordando las llamadas del papa Francisco ante las ideologías que pretenden presentarse como teología.
En este terreno, Cuda ha invitado a examinar con espíritu crítico la manera en que se habla de la Iglesia y del propio pontífice. "¿Se hace teología o ideología cuando se habla del Papa?", se ha preguntado. La respuesta, ha sugerido, exige recuperar la capacidad de distinguir entre los conceptos, especialmente en un tiempo en que el lenguaje público está atravesado por interpretaciones diversas y, a menudo, contradictorias.
La teóloga ha vinculado esta confusión con la necesidad de volver a definir qué entendemos por teología, ética y moral católica. Muchos conceptos de la doctrina social de la Iglesia, ha recordado, han sido reinterpretados, lo que obliga a detenerse y observar la realidad antes de elaborar respuestas. En este sentido, ha mencionado la encíclica Magnifica humanitas del papa León XIV, que sitúa la reflexión sobre la inteligencia artificial en el centro del debate contemporáneo, sin perder de vista otras transformaciones que afectan a la sociedad. Entre ellas, ha destacado la concentración de poder y de capital en manos de unos pocos actores, algunos de los cuales, según ha recordado, disponen de una capacidad de influencia que supera a la de los propios gobiernos.
Una teología que escuche el sufrimiento
"Solo si estoy en la frontera podré ayudar al mundo real", ha afirmado Cuda, que ha reivindicado la necesidad de que los teólogos se acerquen a los márgenes sociales y a las experiencias de sufrimiento. Para ella, la tarea teológica no consiste en erigirse en autoridad que dicta veredictos ni en presentarse como poseedora de una verdad absoluta, sino en contribuir a la reconciliación. "El objetivo de la teología no es llegar a la verdad, sino reconciliar", ha dicho, en una llamada a abandonar cualquier tentación de condenar o juzgar desde una posición de superioridad.
Esta mirada implica también una determinada manera de entender el testimonio cristiano. La credibilidad del teólogo, ha expuesto, no depende únicamente de sus títulos académicos, sino también de su compromiso ante las injusticias sociales. Y este testimonio no es patrimonio exclusivo de los especialistas, sino que corresponde a todo el pueblo de Dios. Cuda ha recuperado, en este sentido, el principio del sensus fidelium, que reconoce la capacidad de todo el pueblo creyente para discernir, por gracia de Dios, entre el bien y el mal, entre la justicia y la injusticia.
La función del teólogo, por tanto, es ofrecer criterios que ayuden a la comunidad a discernir y a no dejarse engañar. "¿Podemos estar siendo engañados? Sí", ha reconocido, antes de reivindicar la necesidad de elaborar herramientas que permitan reconocer la verdad en medio de la confusión. Una tarea que ha definido como profundamente ética, porque implica "dar razón de la esperanza y de la fraternidad".
En este punto, Cuda ha recuperado una de las intuiciones centrales del papa Francisco: la fe, la esperanza y la caridad como "las armas de un ejército sin armas". La esperanza, ha insistido, no es una actitud ingenua ni una forma de evasión ante las dificultades, sino una virtud teologal que hay que saber explicar y, sobre todo, hacer visible. Su importancia se hace especialmente evidente ante las dificultades que atraviesan las generaciones más jóvenes, entre las que ha mencionado el aumento de los suicidios y la necesidad de encontrar nuevas maneras de hablar de fraternidad.
La propuesta del papa León XIV de construir puentes ha sido otro de los elementos que ha incorporado a su reflexión. Para hacerlo posible, ha defendido, es necesario reconocer al otro como un interlocutor humano, con quien se puede establecer un diálogo político y cultural sin renunciar a la propia identidad cristiana. En este sentido, también ha planteado la necesidad de distinguir entre espiritualidad y Espíritu Santo, con Jesucristo como centro de la vida de fe y del discernimiento.
Hacer teología en tiempos de inteligencia artificial
La irrupción de la inteligencia artificial ha ocupado un lugar destacado en la conferencia. Cuda ha señalado que los cambios tecnológicos no son fenómenos aislados, sino que transforman profundamente la manera en que las personas se relacionan, interpretan el mundo y construyen la cultura. La teología, por tanto, no puede limitarse a observar estas transformaciones desde la distancia, sino que debe preguntarse cómo dialogar con ellas y cómo situar en ese contexto la dignidad humana.
La teóloga ha recuperado el pensamiento de Francisco sobre la necesidad de que quien hace teología se desprenda de las abstracciones y de las ideologías para mirar de frente a la realidad. "No se trata de repetir fórmulas del pasado", ha afirmado, sino de preguntarse qué dice Dios hoy a través de las comunidades y de su sufrimiento. Una escucha que, ha precisado, no convierte al teólogo ni en psicólogo ni en policía, sino en alguien que intenta interpretar espiritualmente lo que vive el pueblo.
Esta manera de hacer teología exige una dimensión sinodal y eclesial. No se trata de renunciar al rigor científico ni a la formación académica, sino de incorporar el discernimiento espiritual comunitario. La teología, ha defendido, "debe estar al servicio de la evangelización", y no convertir la evangelización en un instrumento al servicio de la elaboración teórica. De ahí la importancia de vincular los estudios teológicos con la oración y la experiencia espiritual, para "evitar que la disciplina quede reducida a un comentario de las fórmulas de la fe".
Cuda ha situado esta exigencia en el marco de un cambio profundo en la gramática de la cultura, es decir, en las formas en que las sociedades leen e interpretan la realidad. En este contexto, ha planteado la necesidad de abrir nuevos caminos para afrontar los desafíos del presente, sin perder el vínculo con las raíces de la tradición cristiana.
De la denuncia a la acción
En el tramo final de su intervención, la teóloga argentina ha vuelto a la relación entre la fe y el compromiso con la realidad, especialmente ante la crisis ambiental y las desigualdades sociales. Ha establecido un paralelismo entre la denuncia de la crisis ecológica que caracterizó el pontificado de Francisco y la llamada a la acción que, según ha explicado, formula León XIV. "Uno ve y juzga, y el otro actúa", ha resumido, poniendo el acento en la necesidad de que la toma de conciencia vaya acompañada de decisiones concretas.
La pregunta que ha dejado abierta es si la sociedad será capaz de reconstruir conjuntamente los espacios de convivencia o si continuará levantando los muros que dificultan el reconocimiento mutuo. Para Cuda, la teología tiene la responsabilidad de intervenir en este proceso, no desde una posición de poder, sino como una práctica de escucha, discernimiento y acompañamiento.
"Tenemos que tomarnos tiempo para observar la realidad", ha concluido, en una invitación a no dejarse arrastrar por la inmediatez de los cambios y a recuperar la capacidad de escuchar. Porque, en un mundo en el que las transformaciones tecnológicas y culturales también alteran las formas de comprender la vida, el reto de la teología sigue siendo descubrir cómo hablar de Dios hoy, desde la realidad y con el pueblo.
