Entrevista al presidente de la Junta de Castilla-La Mancha
Emiliano García-Page: "Nos une la compasión ante el sufrimiento y la obligación moral de no abandonar a quien nos necesita"
Entrevista al presidente de la Junta de Castilla-La Mancha
"No podemos cambiar lo sucedido, pero sí podemos decidir cómo respondemos ante ello. Y nuestra respuesta tiene que ser la cercanía, la solidaridad, el respeto y el compromiso de seguir al lado de quienes sufren. Porque la esperanza no consiste en olvidar el dolor, sino en saber que nadie tiene que afrontarlo solo". El presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, lleva desde el miércoles prácticamente sin dormir. Desde que a primera hora de la mañana se conoció el gravísimo accidente de tren en Urda, que hasta el momento se ha cobrado la vida de 69 personas, García-Page ha liderado la respuesta institucional que, a diferencia de otras catástrofes, ha logrado un trabajo conjunto de todas las Administraciones.
En conversación con RD este viernes, García-Page, político, socialista y creyente, se traga su dolor y trata de "actuar con rapidez, serenidad y todos los medios a nuestro alcance". También, los de la Iglesia: "En circunstancias como estas, la ayuda material es imprescindible, pero también lo son la escucha, el consuelo y la compañía. La Iglesia tiene una larga tradición de compromiso social y de atención a las personas más vulnerables, y es justo reconocerlo cuando ese compromiso se manifiesta de una manera tan cercana". Y, pese a todo, lanza un mensaje de esperanza, sin olvidar que "hay pérdidas para las que ninguna palabra puede ofrecer suficiente consuelo".
Pregunta. ¿Cómo se enteró de la tragedia? ¿Qué fue lo primero que pasó por su cabeza?
Respuesta. Recibí la noticia en mi despacho e inmediatamente suspendí los compromisos institucionales que tenía previstos y nos pusimos a trabajar para movilizar todos los recursos necesarios. Mi primer pensamiento fue para las personas que viajaban en aquellos trenes y para sus familias. En esos primeros momentos, cuando todavía desconoces el alcance de lo sucedido, lo que deseas por encima de todo es que las consecuencias sean las menores posibles. Después, a medida que fuimos conociendo la gravedad del accidente, llegó una profunda conmoción. Pero también la certeza de que teníamos que actuar con rapidez, serenidad y todos los medios a nuestro alcance.
P. Desde el principio, ha liderado los trabajos en la zona cero y la coordinación de todo. Con una sensación de que, a diferencia de otras catástrofes, las administraciones han trabajado todas a una. ¿Cómo ha percibido esa colaboración?
R. Creo que, en medio de tanto dolor, la respuesta conjunta de las administraciones y de los servicios públicos ha sido una demostración de responsabilidad y compromiso.Desde el primer momento, lo verdaderamente importante ha sido atender a las víctimas, auxiliar a los heridos y acompañar a sus familias. Y para eso no pueden existir diferencias políticas ni institucionales. Quiero reconocer especialmente el trabajo de los profesionales sanitarios, los servicios de emergencias, los bomberos, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y todas las personas que han intervenido en unas circunstancias extraordinariamente difíciles. Cuando ocurre una tragedia de estas dimensiones, la ciudadanía espera que sus instituciones estén a la altura. Y estar a la altura significa colaborar, sumar esfuerzos y poner siempre por delante a las personas. Creo que esa es también una de las lecciones que debemos extraer de estos días, las instituciones son más útiles cuando trabajan juntas.
Cuando ocurre una tragedia de estas dimensiones, la ciudadanía espera que sus instituciones estén a la altura. Y estar a la altura significa colaborar, sumar esfuerzos y poner siempre por delante a las personas. Creo que esa es también una de las lecciones que debemos extraer de estos días, las instituciones son más útiles cuando trabajan juntas
P. El pueblo de Urda, y de toda Castilla-La Mancha, ha dado una lección de lo mejor de este país, solidario, cercano, dejando todo para ayudar.
R. Es algo que me ha emocionado profundamente. La respuesta de los vecinos de Urda, de Los Yébenes y de tantas personas de Castilla-La Mancha nos recuerda que vivimos en una tierra donde la solidaridad no es solamente una palabra. Cuando alguien necesita ayuda, nuestra gente responde. Lo hace con naturalidad, sin esperar reconocimientos y, muchas veces, sin que nadie tenga que pedírselo. Hemos visto una enorme disposición a ayudar, a acompañar y a compartir el sufrimiento de quienes estaban atravesando las horas más difíciles de sus vidas.
R. Hay una humanidad muy profunda en esos gestos, que quizá no ocupen grandes titulares, pero que dicen muchísimo de cómo somos. Y quiero trasladar a todos esos ciudadanos y ciudadanas mi gratitud y mi orgullo. En circunstancias tan dolorosas, han demostrado lo mejor de nuestra sociedad.
Cuando alguien necesita ayuda, nuestra gente responde. Lo hace con naturalidad, sin esperar reconocimientos y, muchas veces, sin que nadie tenga que pedírselo. Hemos visto una enorme disposición a ayudar, a acompañar y a compartir el sufrimiento de quienes estaban atravesando las horas más difíciles de sus vidas
P. Este sábado, funeral con el Cristo de Urda, el Cristo de la Mancha. ¿Acudirá? El Cristo como símbolo, también, de lo que es el castellano-manchego…
R. Sí, estaré presente para compartir un momento de recuerdo, respeto y recogimiento. El Santísimo Cristo de Urda tiene un significado muy especial para muchísimas personas de Castilla-La Mancha. Es una devoción profundamente arraigada, que forma parte de la historia, de las tradiciones y de la identidad de esta tierra. Para los creyentes representa, además, un lugar de encuentro con la fe y una fuente de consuelo, especialmente en momentos de sufrimiento. La celebración de esta misa tiene un valor muy importante porque permitirá compartir el dolor y recordar a quienes han fallecido, con la mente puesta en sus familias. En estos momentos, lo fundamental no es el protagonismo de ninguna autoridad, sino que las familias sientan que no están solas y que toda una sociedad comparte su dolor.
P. Además de político, es ciudadano, y una persona creyente. ¿Cómo se vive, desde la fe, una situación como esta?
R. En esos momentos, las convicciones personales pueden ayudar a encontrar serenidad y a poner las cosas en perspectiva. Creo que ante una tragedia de estas características lo primero que debemos hacer es reconocer la dimensión del sufrimiento humano y respetarlo profundamente.
R. La fe puede ser para muchas personas una fuente extraordinaria de fortaleza y consuelo. Puede ayudar a encontrar esperanza cuando resulta muy difícil comprender lo que ha sucedido. Lo que nos une a todos es algo esencial: la dignidad de la vida humana, la compasión ante el sufrimiento y la obligación moral de no abandonar a quien nos necesita. Y creo que ese es un punto de encuentro muy importante entre las personas, con independencia de sus creencias.
Hay momentos en los que el silencio pesa mucho más que las palabras. Y una tragedia como esta deja inevitablemente una huella personal, también en quienes tenemos la responsabilidad de gestionar sus consecuencias. Creo que todos necesitamos encontrar espacios para reflexionar, para asumir lo sucedido y para recordar que, por encima de nuestras responsabilidades, somos personas
P. ¿Le ayuda la fe para sobrellevar los momentos en los que se apagan las cámaras y puede pensar en lo que ha ocurrido?
R. Hay momentos en los que el silencio pesa mucho más que las palabras. Y una tragedia como esta deja inevitablemente una huella personal, también en quienes tenemos la responsabilidad de gestionar sus consecuencias. Creo que todos necesitamos encontrar espacios para reflexionar, para asumir lo sucedido y para recordar que, por encima de nuestras responsabilidades, somos personas. La espiritualidad, la fe, la reflexión personal o el afecto de los seres queridos pueden ayudarnos a afrontar esos momentos. Pero hay algo que tengo muy presente: por difícil que pueda resultar para quienes hemos vivido estos acontecimientos desde una responsabilidad pública, el sufrimiento verdaderamente profundo es el de las familias que han perdido a alguien. A ellas debemos dedicar nuestros pensamientos y, sobre todo, nuestro esfuerzo. Porque el acompañamiento no puede terminar cuando desaparece la atención informativa.
P. La Iglesia toledana está dando también una lección de colaboración, y es justo reconocérselo…
R. Por supuesto. Y quiero hacerlo de manera expresa y sincera. La Archidiócesis de Toledo, sus parroquias, Cáritas y tantas personas vinculadas a la Iglesia han demostrado una gran sensibilidad y una disposición inmediata para ayudar a quienes estaban sufriendo las consecuencias de esta tragedia. Quiero agradecer especialmente al arzobispo de Toledo, Francisco Cerro, y al obispo auxiliar, César García Magán, su cercanía y su compromiso, así como el trabajo de los sacerdotes, voluntarios y todas las personas que han colaborado en la atención y el acompañamiento a las familias.
R. En circunstancias como estas, la ayuda material es imprescindible, pero también lo son la escucha, el consuelo y la compañía. La Iglesia tiene una larga tradición de compromiso social y de atención a las personas más vulnerables, y es justo reconocerlo cuando ese compromiso se manifiesta de una manera tan cercana. Y quiero subrayar algo: la solidaridad es un valor que compartimos creyentes y no creyentes. Lo importante es que, cuando alguien sufre, encuentre una mano tendida. En estos días hemos visto muchas, y eso merece nuestro agradecimiento.
P. Por último, no sé si tiene un mensaje de esperanza a los ciudadanos…
R. Es difícil hablar de esperanza cuando hay tantas familias atravesando un dolor tan profundo. Y creo que debemos hacerlo con mucha humildad, porque hay pérdidas para las que ninguna palabra puede ofrecer suficiente consuelo. A las familias de las personas fallecidas quiero trasladarles, una vez más, todo mi cariño y el de Castilla-La Mancha. A quienes permanecen heridos, nuestro deseo de recuperación y nuestro compromiso de acompañarlos. Y al conjunto de la sociedad quiero decirle que, incluso en los momentos más oscuros, hay razones para seguir confiando en las personas.
R. Las hemos visto estos días en quienes han arriesgado su propia seguridad para ayudar, en los profesionales que han trabajado sin descanso y en los vecinos que han abierto sus puertas y sus corazones a quienes lo necesitaban. No podemos cambiar lo sucedido, pero sí podemos decidir cómo respondemos ante ello. Y nuestra respuesta tiene que ser la cercanía, la solidaridad, el respeto y el compromiso de seguir al lado de quienes sufren. Porque la esperanza no consiste en olvidar el dolor, sino en saber que nadie tiene que afrontarlo solo.
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