Enric Termes: “La sinodalidad es un proceso que requiere tiempo y formación”

El responsable de la fase de implementación del Sínodo en la arquidiócesis de Barcelona explica cómo se vive y se gestiona el desafío

Enric Termes, en Barcelona.
Enric Termes, en Barcelona. | Agencia Flama
Jordi Pacheco
01 feb 2026 - 00:15

El 11 de marzo de 2025, pocas semanas antes de morir, el papa Francisco aprobó desde el hospital Gemelli de Roma el inicio de la fase de implementación del Sínodo sobre la sinodalidad, un plan trienal que culminará en 2028 con una asamblea en el Vaticano. Guiadas por la Secretaría General del Sínodo, las diócesis de todo el mundo están llamadas a poner en práctica el Documento Final, implicando a clérigos y laicos en la vida comunitaria. Enric Termes, responsable de esta fase en el arzobispado de Barcelona, explica cómo se vive y se gestiona el desafío. “La sinodalidad —dice— no es un Nescafé instantáneo, sino un proceso que requiere tiempo y formación”.

Pregunta. El primer consistorio extraordinario del papa León se celebró con un estilo sinodal: mesas redondas e intervenciones abiertas. ¿Qué opina?

Respuesta. Es importante que los expedientes no se dejen de lado, sino que sigan abiertos. Ver a todo un conjunto de cardenales alrededor de una mesa, el hecho de que ellos elijan los temas y que se haya elegido sinodalidad y misión, es relevante para entender el momento que vive la Iglesia. El primer discurso del papa a los cardenales el 9 de mayo de 2025, al día siguiente de su elección, marcó la línea de su pontificado con los temas que desglosó, y este consistorio ha sido un paso más en la misma dirección.

P. ¿A qué se debe la desconfianza que aún suscita la sinodalidad en ciertos sectores?

R. Hay reticencias porque la sinodalidad no es un camino fácil; a nadie le gusta que le muevan la silla. Pero, en el fondo, se trata de responder a una intuición del Concilio Vaticano II. El Vaticano II nos permitió estudiar qué es el Pueblo de Dios y los diferentes ministerios, que conocimos desde la teoría. Ahora, el Sínodo nos ayuda a profundizar en la práctica, con un laicado más implicado y activo que hace 60 años. Otro cambio importante respecto a esa época es que el Vaticano II fue un concilio muy europeo; hoy, en cambio, el episcopado es universal, y las tecnologías de la comunicación nos permiten estar más conectados que nunca. La intuición del papa Francisco aún no está completamente desarrollada; se necesita otro tiempo de aplicación y veremos cómo culmina en la asamblea eclesial de 2028.

Consistorio extraordinario de cardenales en el Aula Pablo VI.
Consistorio extraordinario de cardenales en el Aula Pablo VI. | Vatican Media

P. ¿Cómo ha sido el proceso de implementación del Sínodo en Barcelona y en Cataluña desde que se reactivó tras la llegada del papa León XIV?

R. En Barcelona, por diversas circunstancias, aún tenemos mucho trabajo por hacer. Hemos ido planteando el tema e intentando aplicar la metodología en las reuniones del consejo pastoral diocesano, pero estamos en los primeros pasos. Las demás diócesis con sede en Cataluña han avanzado a diferentes ritmos, porque cada una tiene una situación particular. En cualquier caso, se van celebrando encuentros de equipos sinodales y se van haciendo formaciones dirigidas a todos, como la que organizó en línea Cristianismo y Justicia, con referentes como Rafael Luciani o Cristina Inogés.

P. ¿Todas las parroquias tienen el Documento Final del Sínodo?

R. Se ha enviado a todas las parroquias, evidentemente, pero es como lanzar una semilla, que no sabes muy bien dónde acabará. Es un documento de 60 páginas, hay que leerlo y trabajarlo. En Barcelona, en 2022, hicimos fichas de revisión de vida sobre algunos aspectos surgidos en la fase diocesana. Es un material importante, ya que permite no partir de cero, sino recoger el trabajo hecho y determinar en qué medida lo dicho en la asamblea diocesana se relaciona con el Documento Final del Sínodo.

P. ¿Cuáles diría que son actualmente los desafíos más urgentes?

R. Durante la fase diocesana era claro lo que se debía hacer: lanzar una pregunta, recoger las respuestas y reflexionar. En la fase de implementación se trata de ver cómo aterrizar las reflexiones. Independientemente de eso, hay que trabajar las grandes palabras del sínodo: discernimiento, conversión, espiritualidad, consejos u organismos de participación.

P. Discernimiento: ¿qué hay que tener presente para llevarlo a cabo?

R. Es un gran reto pensar cómo avanzar en el discernimiento en organismos ya existentes como los consejos parroquiales o diocesanos. En un consejo se puede preguntar a qué hora se hará la misa del gallo, pero esos espacios no pueden limitarse solo a ese tipo de decisiones. La riqueza del trabajo hecho hasta ahora ha venido dada por la complementariedad. En el documento continental, en India o en Oriente Próximo, alguien dijo que era la primera vez que el rector les había preguntado su opinión.

El cardenal Omella, durante el acto de clausura de la fase diocesana del Sínodo.
El cardenal Omella, durante el acto de clausura de la fase diocesana del Sínodo. | Arzobispado de Barcelona

P. Los sacerdotes han sido formados para dirigir.

R. En efecto, pero hay muchas maneras de hacerlo. Quien conoce mejor una parroquia es el sacerdote, pero la complementariedad es importante. En Cataluña la hemos practicado desde hace mucho tiempo con experiencias como el Concilio Provincial Tarraconense, en el que los temas surgieron de consultas. En Barcelona, el plan pastoral también tuvo una etapa de consulta en la que participaron todos los que lo desearon.

P. Entre los reticentes a la sinodalidad, hay quien dice que el problema no es la escucha, sino una supuesta “amenaza” a la autoridad de los sacerdotes.

R. Para mí, como sacerdote, la experiencia del Sínodo ha sido un cambio importante. Hay que replantearse las actitudes, admitir que lo que dices puede ser cuestionado, no desde la mala fe, sino desde otra manera de ver las cosas. Una ministerialidad complementaria es importante. En un momento determinado, entre la fase diocesana y continental, la Secretaría General del Sínodo envió dos cartas, una a los sacerdotes y otra a los obispos, para decir que su papel no queda menospreciado. Uno de los problemas de la Iglesia y la sociedad es el poder, que se traduce en clericalismo, abusos y situaciones similares. En Europa, la Iglesia funciona mucho con eso de “siempre se ha hecho así”. La inercia llevaba a alabar al rector, él se lo cree y a partir de ahí adopta una determinada manera de actuar.

P. Los cambios en la vida no siempre son fáciles, ni personal ni eclesialmente.

R. Suponen un desafío. En una sociedad con pocos matices de gris, donde todo es blanco o negro, estamos llamados a profundizar en lo que significa realmente sinodalidad. Caminar juntos es difícil; cuando haces una excursión hay de todo: el que quiere llegar rápido, el que se entretiene y el que avanza despacio. Combinar los ritmos no es fácil. El papa Francisco decía que el pastor a veces se sitúa al frente de las ovejas, y otras en medio o detrás. Esta imagen sirve tanto para la Iglesia como para la sociedad en general.

P. Otra de las palabras del Sínodo es la “conversación en el Espíritu”. ¿En qué consiste?

R. Los participantes se preparan a partir de algún tema tratado, espiritual e intelectualmente, desde la oración y desde sus propios conocimientos. Se encuentran y cada uno, en un tiempo limitado, comparte lo que ha pensado. Hay ventajas, porque incluso quien le cuesta hablar puede decir una palabra. Después, de lo que ha dicho el otro, hay que extraer qué te ha sorprendido, qué te ha impactado inesperadamente. Finalmente, se llega a una síntesis en la que todos se sienten reconocidos, tanto en las cosas que han destacado como en aquellas que no lo hicieron tanto, pero que son pequeñas y significativas.

El papa León XIV, reunido con el Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo, el pasado 26 de junio.
El papa León XIV, reunido con el Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo, el pasado 26 de junio. | Vatican Media

P. Escuchar no es nada fácil, en una sociedad con gran falta de atención.

R. Escuchar es más que oír. A veces no escuchas a la persona, la escuchas mientras piensas qué le dirás cuando termine. Por eso, la metodología de la conversación en el Espíritu anima a escuchar al otro, no quedarse solo con tu discurso. Es un tema que hay que trabajar. Hay que formar facilitadores, aprender de personas que dominen la técnica de la conversación y, sobre todo, practicar.

P. En algún lugar se ha dicho que la sinodalidad es una de las mejores respuestas que puede dar la Iglesia ante el mundo actual.

R. Eso se dijo en alguno de los documentos. El discernimiento puede ser una pequeña gran aportación de la Iglesia en un mundo lleno de autoritarismos y polarizado. Nos conviene a todos sentarnos a la mesa y escuchar al otro con tranquilidad. Tal vez no estés de acuerdo con algo de lo que dice, pero también es cierto que si te abres, te puede iluminar: la verdad se descubre mediante el intercambio.

Omella siempre ha abierto puertas, ha sido un gran impulsor de la sinodalidad

P. En cuanto al discernimiento, ¿qué aporta el laicado?

R. Aporta otra perspectiva; hay que trabajar con el laicado, hombres y mujeres, porque ellos llegan más lejos, a ambientes donde los sacerdotes no llegamos, como fábricas, asociaciones o comunidades de vecinos.

P. La Iglesia sinodal pide misión y participación. No hace falta viajar a otros continentes para ser misionero. ¿Dónde ve oportunidades, en este sentido?

R. Encuestas recientes de la Generalitat dicen que hay un alto porcentaje de jóvenes que no saben qué se celebra en Navidad. Esto es una gran pérdida cultural, pero también es una oportunidad para proponer el evangelio. Decía el papa Benedicto XVI que la misión implica atracción, no proselitismo. Para la misión, hace falta diálogo, buscar elementos participativos. La Iglesia tiene sus modelos, frutos de una época anterior, pero hay que adaptarse a las personas que llegan heridas por la vida, que no hay dos iguales. No sé cómo hacerlo, no hay métodos, pero sé que nuestro horizonte debe ser el adulto, no el niño. Con los niños plantas la semilla, pero los cambios, la búsqueda interior, se producen en la edad adulta, cuando la vida da golpes.

“El discernimiento puede ser una pequeña gran aportación de la Iglesia en un mundo lleno de autoritarismos y polarizado”, asegura Enric Termes.
“El discernimiento puede ser una pequeña gran aportación de la Iglesia en un mundo lleno de autoritarismos y polarizado”, asegura Enric Termes. | Agencia Flama

P. ¿Qué dice el cardenal Omella del proceso sinodal?

R. Siempre ha abierto puertas, ha sido un gran impulsor de la sinodalidad, en el sentido de que pide integrar en la vida de la diócesis lo que dice la Iglesia universal. El hecho de haber experimentado la sinodalidad a diferentes niveles, tanto en las Asambleas de Roma como en nuestra diócesis, le ha permitido conocer las dificultades del proceso sinodal. En la medida en que participas en varios foros, vives las cosas de manera diferente.

P. ¿Es usted optimista de cara a 2028? ¿Hay margen para implementar la sinodalidad?

R. En 2028 habremos puesto la segunda fila de ladrillos, no sé de cuántos. Todo lo trabajado hasta ahora necesita tiempo para traducirse. Tres años son muchos, pero también pocos. Hemos puesto una marcha, pero no la hemos terminado, hay que consolidarla. Es como servir una copa de cava: sirves y parece que la copa queda llena, pero luego baja la espuma y se derrama un poquito más. Las cosas requieren tiempo, y las inercias cuestan de cambiar.

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