Las iglesias de media España vuelven a abrir, cumpliendo con la normativa del Gobierno Pocos fieles, mucha emoción y extremas medidas de seguridad: así fue la vuelta al templo de los fieles españoles

Fieles en la catedral de Sevilla
Fieles en la catedral de Sevilla Archisevilla

En el interior, el olor a gel hidroalchólico se hace patente. Los bancos se limitan a tres personas. La salida se realiza por la tienda de recuerdos, perfectamente adaptada a las nuevas circunstancias

En Madrid (Reig mediante), Barcelona, Castilla y León, Granada, Valencia o Málaga aún tendremos que esperar

Los asistentes recibieron la hostia en la mano, y no directamente en la boca. A no ser que se negasen, entonces “irán de últimos”, advirtió el cura. No fue el caso. Ningún feligrés quiso arriesgar la salud por la fe.

No pudieron verles en las calles esta Semana Santa, pero desde hoy, sí. Decenas de fieles guardaron estricta cola en Sevilla para poder acudir a misa -con las preceptivas restricciones- en la catedral, pero también en La Macarena, el Gran Poder, el Cachorro o el Cristo de los Gitanos. Y es que la capital hispalense esperaba, como agua de mayo -y sí que llovió, por la mañana-, el reencuentro de los cristianos con sus templos. Algo parecido ha ocurrido en la mitad de España, territorios que desde este lunes han entrado en la fase 1. En Madrid (Reig mediante), Barcelona, Castilla y León, Granada, Valencia o Málaga aún tendremos que esperar.

Las hermandades correspondieron, como señala Juan Cejudo en Diario de Sevilla. Así, el Gran Poder estaba más cercano a los fieles, la Esperanza Macarena haciendo un guiño a los sanitarios, o la Esperanza de Triana imponente vestida de luto por todos los fallecidos de la pandemia del Covid-19.

El acceso a la basílica es a través de un itinerario perfectamente señalizado. Ya desde la puerta, numerosos carteles advierten de la necesidad de utilizar guantes y mascarillas y se exponen otras recomendaciones. En el interior, el olor a gel hidroalchólico se hace patente. Los bancos se limitan a tres personas. La salida se realiza por la tienda de recuerdos, perfectamente adaptada a las nuevas circunstancias.

La hermandad ha anunciado que la puerta principal del templo permanecerá abierta para que la Virgen de la Esperanza, que se dispone en su camarín con un leve adelanto, pueda ser vista desde la calle sin necesidad de acceder al interior. 

El obispo de Córdoba, a Montilla

En Córdoba, por su parte, el obispo, Demetrio Fernández, ha presidido esta mañana la eucaristía en honor a San Juan de Ávila que cada mes de mayo congrega en Montilla a los sacerdotes diocesanos en torno a la festividad del patrón del clero secular español.

La celebración en la Basílica de San Juan de Ávila de Montilla, según ha destacado en una nota de prensa el Obispado, ha presentado una imagen inusual con la presencia de un grupo reducido de sacerdotes diocesanos, el vicario general de la Diócesis y algunos vicarios territoriales. A ellos, y a todos los sacerdotes y seminaristas españoles, se ha dirigido el obispo de Córdoba en esta solemnidad para alentarlos a seguir el ejemplo de San Juan de Ávila y por su intersección «ser santos» porque esa será «la mejor aportación que podáis hacer a la Iglesia de hoy y del futuro». Igualmente ha habido misas esta mañana, por ejemplo, en San Hipólito y la Catedral.

Misas en Tarragona

"Que no vengan todos de golpe"

En la parroquia de Sant Pau de Tarragona, por su parte, una treintena de personas han asistido a la misa de las ocho y media de la mañana. A la entrada del templo un cartel indica que el aforo está limitado a 100 personas -un tercio del total-, y hay un panel informativo con las recomendaciones de seguridad establecidas y gel hidroalcohólico a disposición de los fieles. “Es un día feliz porque podemos reencontrarnos, pero espero que no vengan todos de golpe. La gente debe ser prudente y las cosas se deben hacer poco a poco”, explica a ACN el cura, Joan Cañas.

En las últimas semanas las parroquias catalanas se han tenido que reinventar y son muchas las que han retransmitido las misas en directo a través de las redes sociales. Este lunes, sin embargo, la fase 1 de la desescalada ya permite el regreso de los fieles al centros de culto, con restricciones. Y no en toda la diócesis, pues Tarragona cuenta con territorio en otras provincias, que siguen en la fase 0. “La gente ha agradecido la iniciativa de las redes, pero no es lo mismo. Tienen ganas de venir a la iglesia y de comulgar”, constata el rector de la parroquia de Sant Pau de Tarragona.

En este templo, el aforo ha pasado de 300 a 100 personas para respetar la distancia de un metro y medio entre personas, y para evitar aglomeraciones. Se han precintado varios bancos y, a los que quedan libres, sólo se pueden sentar un máximo de dos personas. “También hemos pedido a los fieles que cuando lleguen a la iglesia lleven mascarilla y que se limpien las manos con el gel”, añade el padre Joan.

Nueve fieles en la catedral de Huesca

En Huesca, cuenta Heraldo, la primera misa en la catedral apenas congregó a 9 fieles, el 10% del aforo permitido. que alcanza las 90 personas sentadas como máximo (hay que distribuir las personas por los bancos salvando entre ellas la distancia de 1,5 metros a derecha e izquierda y por detrás y por delante). Habitualmente suelen acudir entre 20 y 25 personas a esta primera eucaristía del lunes. En la segunda misa, celebrada a las 10.00, han estado seis fieles.  

En Santiago de Compostela, el sacerdote que oficiaba en la iglesia de San Francisco se preguntaba, ante catorce personas (nueve mujeres y cinco hombres), en un espacio con capacidad para 300 personas, “¿por qué no ha acabado con esta pandemia? Dios tiene sus designios, pero sabemos que ha sufrido a nuestro lado”, cuenta Daniel Salgado en eldiario.es.

Los asistentes recibieron la hostia en la mano, y no directamente en la boca. A no ser que se negasen, entonces “irán de últimos”, advirtió el cura. No fue el caso. Ningún feligrés quiso arriesgar la salud por la fe.

El sermón tocó a su fin con una referencia al gel hidroalcóholico y a la necesidad de su uso “a la entrada y a la salida”. El cura también anunció que desinfectarían el templo nada más acabar la misa. Y pidió a sus fieles que, como es habitual, se diesen la paz: “No nos podemos tocar, pero dáosla con la cabeza”. “Cuidémonos, eso es lo que quiere el Señor como tarea principal estos días”, concluyó.

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