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Adiós a 'los HAM'

Hartmut Rosa, sobre Ceuta: "Solo podemos entender al otro si nos abrimos a él"

El sociólogo alemán reflexiona en Barcelona sobre la crisis democrática, el miedo a los extranjeros y el papel de la religión como posible espacio de escucha y transformación

El sociólogo alemán, en Barcelona. | Agencia Flama

Este martes por la mañana, durante su intervención en el Seminario sobre democracia y religión. Necesidades y retos, celebrado en el Auditorio del Distrito Administrativo de la Generalitat de Catalunya, el sociólogo alemán Hartmut Rosa ha acabado evocando una imagen que había visto poco antes en la televisión del hotel donde se había alojado en Barcelona: la crisis migratoria de Ceuta. La situación que vive la ciudad autónoma le ha servido para ejemplificar una de las cuestiones centrales de su reflexión: ¿qué ocurre cuando una sociedad deja de mirar al otro, cuando ya no lo escucha y cuando el miedo acaba convirtiendo a quienes llegan de fuera en una amenaza?

"En cuanto a Ceuta, si nos cerramos y no miramos a la cara, no nos escuchamos", ha afirmado Rosa. La frase ha formado parte del hilo conductor de su ponencia, articulada en torno al concepto de resonancia, una de las aportaciones más conocidas de su pensamiento. Para el sociólogo, la democracia es también una forma de relación con los demás. Y esta relación necesita recuperar la capacidad de dejarse interpelar.

Sociedad que quiere controlarlo todo

Rosa, conocido por su teoría de la aceleración social y por su análisis de la relación de las sociedades modernas con el tiempo, ha dicho en la capital catalana que la modernidad ha convertido el crecimiento, la innovación y la aceleración en imperativos permanentes. "La promesa de una vida mejor se ha asociado a una capacidad cada vez mayor de controlar el mundo", ha asegurado.

Pero esta promesa, ha señalado, no se ha cumplido plenamente. "No hemos creado un mundo justo", ha dicho. Y, sin embargo, continuamos acelerando. La modernidad, ha añadido, tiende a querer dominar las circunstancias, como si la buena vida dependiera sobre todo de hacer el mundo más controlable.

"La promesa de una vida mejor se ha asociado a una capacidad cada vez mayor de controlar el mundo (...). No hemos creado un mundo justo"

En este contexto, ha introducido una idea que atraviesa su obra: la resonancia no es lo contrario de la aceleración, sino otra manera de relacionarse con el mundo. Para el experto alemán, consiste en dejar de concebirla exclusivamente como una forma de dominio. "Cuando algo nos toca de cerca, nos llama; entonces escuchamos, y no queremos matarlo", ha explicado.

La resonancia implica responder sin pretender controlarlo todo y aceptar que esta respuesta también puede transformarnos. No es, por tanto, una actitud pasiva, sino una forma de apertura que permite actuar sin convertir necesariamente al otro en un objeto de control.

El miedo que busca un culpable

El sociólogo ha relacionado esta pérdida de resonancia con el auge de la extrema derecha. Cuando una sociedad vive una experiencia de alienación —cuando las personas sienten que no controlan su entorno ni su futuro—, ha advertido, es fácil que aparezcan discursos que ofrecen una explicación simple: el problema son quienes vienen de fuera.

Hartmut Rosa, durante su intervención en el Seminario sobre democracia y religión celebrado este martes en Barcelona. | Agencia Flama

"La extrema derecha personifica el sentido de alienación y pone la culpa en los extranjeros", ha afirmado. Su crítica ha apuntado a la tentación de responder a las dificultades sociales desde el miedo, el cierre y la agresión. La referencia a Ceuta ha funcionado así como una imagen de la crisis democrática: una sociedad que ya no sabe escuchar al otro acaba convirtiendo la diferencia en una frontera. Y, en este punto, Rosa ha reivindicado una "atención alta", una disposición a percibir y a ser sensibles a aquello que nos llama la atención. "Solo podemos ser resonantes si nos abrimos a los demás", ha insistido.

La religión como espacio de escucha

La ponencia se ha articulado en torno a su libro Demokratie braucht Religion, publicado en catalán por Fragmenta Editorial con el título A la democràcia li cal la religió urgentment. El volumen, traducido por Marc Jiménez Buzzi, recoge las tesis centrales de su pensamiento sobre la relación entre religión, democracia y resonancia. El sello barcelonés también ha publicado la versión castellana, La democracia necesita la religión con urgencia.

Rosa ha presentado la religión como una posible fuente de valor y de transformación, recordando una conversación con el filósofo Charles Taylor, que había sido profesor suyo, en la que este le dijo que la religión es una fuente de valor. A su juicio, la religión puede ofrecer espacios, tiempos y prácticas que modifican nuestra actitud ante el mundo: nos permiten pasar de la acción permanente a la recepción, de la voluntad de dominio a la capacidad de escucha.

En un templo, ha explicado, la persona puede experimentar una manera diferente de estar en el mundo. La luz, el silencio, los rituales y la disposición del espacio pueden favorecer esta apertura. La religión permite mirar hacia dentro y hacia fuera, y puede convertirse en un lugar donde la persona se deja tocar por una realidad que no controla. "La religión es el antídoto de la destrucción", ha afirmado.

La fuerza que también puede deformarse

Rosa, sin embargo, ha introducido una cautela esencial. La religión no es automáticamente resonante. También puede convertirse en una forma de control, imposición y totalitarismo. "Cuidado", ha advertido, porque la religión puede llegar a hacer exactamente lo contrario de lo que él reivindica: proclamar que posee la verdad y pretender imponerla a los demás.

Esta ambivalencia obliga a entender la religión no como una garantía automática de convivencia, sino como una realidad que puede abrir espacios de escucha y transformación, pero que también puede quedar atrapada en la voluntad de dominio. Por ello, su propuesta no es oponer religión y modernidad, ni aceleración y resonancia, sino recuperar una disposición que permita a las personas actuar sin quedar atrapadas en la voluntad de control. "No debemos oponer resonancia y aceleración", ha dicho.

Ramon Bassas, director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat, durante el seminario sobre democracia y religión. | Agencia Flama

Democracia que necesita escuchar

La intervención de Rosa ha acabado volviendo al punto de partida: la democracia. Si la resonancia consiste en dejarse tocar por aquello que viene de fuera y responder sin querer dominarlo completamente, esta actitud puede ser también una condición de la vida democrática.

La política, ha señalado, necesita personas capaces de escuchar, de dejarse interpelar y de transformarse en el contacto con los demás. La religión, en este marco, puede aportar recursos —espacios, tiempos, prácticas y formas de atención— que ayuden a sostener una cultura democrática basada en la escucha y la reflexión.

El seminario, organizado por la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Catalunya con el apoyo de la Fundación "la Caixa", ha abierto después de la ponencia un debate con las personas asistentes, miembros del Consejo Asesor para la Diversidad Religiosa y personal investigador de los proyectos RELIG. La bienvenida ha corrido a cargo del director general de Asuntos Religiosos, Ramon Bassas, y la clausura, de la secretaria general del Departamento de Justicia y Calidad Democrática, M. Teresa Casado.

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