"La Iglesia necesita profesores de Religión que no tengan miedo a pensar desde el Evangelio"

Documento final de la Escuela de Verano en Salamanca

La primera Escuela de Verano del Profesorado de Religión, promovida por la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura y celebrada en Salamanca concluye con un documento final de intenciones en pos una cultura compartida del desarrollo profesional

Escuela de verano en Salamanca. Foto de familia.
Escuela de verano en Salamanca. Foto de familia.
20 jul 2026 - 18:08

Los compromisos de Salamanca abren un proceso para acompañar la vocación y el desarrollo profesional del profesorado de Religión

(CEE).- La primera Escuela de Verano del Profesorado de Religión, promovida por la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura y celebrada en Salamanca, ha reunido a responsables diocesanos, profesores, formadores, universidades, centros de formación, instituciones educativas y editoriales para conocer, contrastar y discernir la propuesta de un «Sistema de Desarrollo Profesional del Profesorado de Religión Católica».

La Escuela ha nacido de una convicción fundamental: una Iglesia que desea cuidar la educación debe comenzar cuidando a quienes educan. La calidad y el futuro de la enseñanza religiosa escolar dependen, en gran medida, de la identidad, la vocación, la formación, la competencia profesional y el acompañamiento de quienes hacen presente cada día esta enseñanza en las aulas.

El encuentro no ha pretendido inaugurar el cuidado del profesorado de Religión, pues las diócesis, las universidades, las instituciones y los propios docentes llevan décadas sosteniendo esta tarea. Ha querido favorecer una conciencia nueva de ese cuidado y avanzar desde iniciativas valiosas, pero frecuentemente dispersas, hacia una cultura compartida del desarrollo profesional.

Escuela de Verano en Salamanca
Escuela de Verano en Salamanca
Hace quinientos años, la Escuela de Salamanca mostró que la fidelidad a la tradición cristiana no consiste en repetir respuestas heredadas, sino en dejar que la luz del Evangelio ilumine las nuevas preguntas de cada época

Celebrar esta Escuela en Salamanca posee, además, un significado especial. Hace quinientos años, la Escuela de Salamanca mostró que la fidelidad a la tradición cristiana no consiste en repetir respuestas heredadas, sino en dejar que la luz del Evangelio ilumine las nuevas preguntas de cada época. Ahora, una vez más, en este tiempo de profundas transformaciones culturales, antropológicas, digitales y educativas, la Iglesia necesita profesores de Religión que no tengan miedo a pensar desde el Evangelio; docentes arraigados en la fe, profesionalmente competentes, capaces de acompañar las preguntas y fragilidades de sus alumnos y de hacer presente una inteligencia creyente en el corazón de la escuela.

La invitación del papa León XIV a diseñar nuevos mapas de esperanza ofrece una indicación especialmente fecunda para esta tarea. Un mapa no sustituye el camino, pero ayuda a orientarse, reconocer posibilidades, anticipar dificultades y caminar con otros. También el Marco de Desarrollo Profesional quiere ser un mapa: una referencia común al servicio del crecimiento de cada docente y del acompañamiento que la Iglesia está llamada a ofrecerle.

Declaración de trabajo

Los participantes en la Escuela de Verano de Salamanca, convocados para conocer y discernir el Sistema de Desarrollo Profesional del Profesorado de Religión Católica, reconocen la necesidad de avanzar hacia una cultura compartida de acompañamiento, mentoría, formación permanente y mejora profesional.

Desde la diversidad de responsabilidades, ámbitos e instituciones representadas, reconocen que el Marco de Desarrollo Profesional, la autoevaluación, la mentoría y la formación permanente no deben entenderse como iniciativas separadas, sino como partes de un único ecosistema de cuidado y crecimiento profesional.

El trabajo realizado invita a pasar:

• de una cultura basada principalmente en actividades formativas a una cultura del desarrollo profesional;

• de considerar a los profesores como sujetos aislados a reconocerlos como parte de un cuerpo profesional;

• de responder ante necesidades puntuales a acompañar trayectorias;

• de evaluar para clasificar a evaluar para conocer, orientar y mejorar;

• de sostener únicamente una asignatura a cuidar una presencia eclesial, educativa y cultural en la escuela y en la sociedad.

Desde estas convicciones, se propone orientar la fase de preparación e implantación inicial de este Sistema de desarrollo profesional mediante los siguientes compromisos.

Acuerdos principales

1. Asumir el desarrollo profesional como una responsabilidad eclesial compartida. El crecimiento del profesorado de Religión no puede depender únicamente de la iniciativa individual de cada docente ni de acciones formativas aisladas. Requiere la colaboración estable de las diócesis, la Comisión Episcopal, las universidades, los centros DECA, las instituciones educativas, las entidades formativas, las editoriales y el propio profesorado.

2. Reconocer la unidad del Sistema de Desarrollo Profesional. El Marco, la autoevaluación y el seguimiento, la mentoría y la formación permanente deben aplicarse de manera articulada. El Marco indica el horizonte del crecimiento; la autoevaluación ayuda a reconocer el punto de partida; la mentoría ofrece acompañamiento personal y profesional; y la formación permanente sostiene la continuidad del proceso.

3. Impulsar una implantación gradual, acompañada y evaluable. La propuesta no debe aplicarse de manera precipitada ni uniforme. Es necesario iniciar una fase de preparación, desarrollar experiencias piloto en diócesis diversas, evaluar sus resultados y revisar los instrumentos antes de avanzar hacia una implantación más amplia.

Condiciones imprescindibles

1. Garantizar el carácter formativo y no fiscalizador del proceso. El Marco y las herramientas de autoevaluación deben utilizarse para orientar el crecimiento, reconocer fortalezas y detectar necesidades. No deben convertirse en instrumentos de control, clasificación, comparación pública o penalización del profesorado.

2. Reconocer la diversidad de las diócesis y de las trayectorias docentes. La existencia de un horizonte común debe ser compatible con diferentes ritmos, recursos, extensión territorial, situaciones laborales y capacidades organizativas. La unidad del proceso no exige una simultaneidad perfecta, sino comunión de criterios y dirección compartida.

3. Dotar a las delegaciones y entidades formativas de recursos suficientes. No puede solicitarse a las diócesis que acompañen procesos complejos sin ofrecerles orientaciones, formación, instrumentos, apoyo técnico, tiempos razonables y espacios para compartir experiencias.

Primeras acciones para el curso 2026-2027

1. Presentar y dar a conocer el Sistema de Desarrollo Profesional. Cada delegación, de acuerdo con sus posibilidades, promoverá una primera presentación del Marco y de sus herramientas al equipo diocesano y al profesorado, explicando su sentido, su carácter formativo y el horizonte general del proceso.

2. Constituir o identificar un equipo diocesano de referencia. Las diócesis interesadas podrán designar un pequeño equipo responsable de estudiar la propuesta, analizar las condiciones de aplicación, identificar posibles mentores y proponer un itinerario diocesano inicial.

3. Realizar un diagnóstico de posibilidades y necesidades. Durante el curso se recogerá información sobre las necesidades formativas del profesorado, los recursos disponibles, las experiencias previas de acompañamiento y las condiciones necesarias para participar posteriormente en experiencias piloto.

Peticiones a la Comisión Episcopal

1. Facilitar la recepción episcopal y ofrecer una versión clara del conjunto de la propuesta. Se solicita completar la revisión de los cuatro volúmenes y preparar una primera información dirigida a los obispos diocesanos, de manera que puedan conocer el sentido general del Sistema, expresar su aprobación o asentimiento y orientar su desarrollo en las respectivas diócesis. A partir de esta recepción, se proporcionarán materiales sintéticos para delegados, profesores, formadores y responsables institucionales.

2. Proporcionar instrumentos y acompañamiento para la fase inicial. La Comisión debería facilitar modelos de presentación, herramientas de autoevaluación, orientaciones para las delegaciones, guías para la mentoría, criterios para la formación permanente y canales estables de consulta y seguimiento.

3. Coordinar una implantación progresiva y participada. Se propone que la Comisión identifique diócesis y entidades dispuestas a participar en experiencias piloto, promueva la formación de responsables y mentores, recoja los aprendizajes y garantice la revisión periódica del Sistema.

4. Promover espacios diocesanos o interdiocesanos de participación inspirados en el modelo del CGIE. Se propone ampliar progresivamente la presencia y la dinámica participativa del Consejo General de la Iglesia en la Educación, favoreciendo que las diócesis o, si fuera adecuado, varias diócesis de una misma provincia eclesiástica puedan constituir o fortalecer espacios estables de encuentro entre los diferentes actores de la educación católica: delegaciones diocesanas, profesorado de Religión, escuelas de ideario cristiano, colegios diocesanos, universidades y centros DECA, familias, titulares, instituciones educativas y otras realidades eclesiales vinculadas a la educación. Estos espacios, adaptados a las características de cada territorio, permitirían compartir diagnósticos, coordinar iniciativas, evitar la fragmentación y expresar de manera más visible la responsabilidad común de la Iglesia en la educación.

Compromisos de los actores formativos

El desarrollo profesional del profesorado de Religión necesita insertarse en una visión más amplia de la presencia de la Iglesia en la educación. Por ello, los distintos agentes formativos están llamados a reconocerse, escucharse y colaborar desde sus responsabilidades específicas.

1. Las delegaciones diocesanas se comprometen a favorecer la recepción del Marco, escuchar las necesidades reales del profesorado, identificar personas con capacidad de acompañamiento y estudiar las condiciones para desarrollar progresivamente la propuesta en cada diócesis.

Profesorado de Religión
Profesorado de Religión

2. Las universidades y los centros DECA se comprometen a revisar la relación entre formación inicial y desarrollo profesional, fortalecer la formación teológica, pedagógica y eclesial de los futuros profesores y colaborar en la preparación de formadores y mentores.

3. Las instituciones educativas, entidades formativas y editoriales se comprometen a alinear progresivamente sus propuestas y recursos con el Marco, colaborar en la detección de necesidades y contribuir a una oferta formativa coherente, rigurosa y verdaderamente orientada al crecimiento del profesorado.

A estos compromisos se une el del propio profesorado, llamado a vivir y renovar su vocación educativa, participar activamente en su desarrollo profesional, compartir la sabiduría nacida de la práctica y contribuir a la construcción de una comunidad profesional que aprende y acompaña.

Riesgos que deben vigilarse

1. La burocratización del Sistema. Debe evitarse que el proceso se reduzca a formularios, niveles, acreditaciones o procedimientos que terminen ocultando su finalidad principal: cuidar a las personas y acompañar su crecimiento.

2. La desigualdad de recursos y la sobrecarga de las delegaciones. La implantación no puede descansar exclusivamente sobre estructuras diocesanas que ya afrontan múltiples responsabilidades. Será necesario simplificar los procesos, compartir recursos y ofrecer apoyo específico a las diócesis con menor capacidad operativa.

3. La fragmentación y la falta de sostenibilidad. Deberá evitarse la desconexión entre los distintos componentes del Sistema, la proliferación de ofertas formativas aisladas y la creación apresurada de estructuras que no puedan sostenerse en el tiempo.

Horizonte del Congreso de 2028

1. Promover un Congreso al que llegar con experiencias reales y evaluadas. Se plantea la conveniencia de celebrar en 2028 un congreso que no se limite a presentar documentos, sino que recoja los aprendizajes de las diócesis, entidades y profesores que hayan participado en las primeras experiencias de aplicación.

2. Reconocer y fortalecer un cuerpo profesional. El horizonte de 2028 debe ayudar a que el profesorado de Religión se reconozca como una comunidad profesional y eclesial que comparte vocación, identidad, lenguaje, criterios de calidad, recursos, experiencias y responsabilidad educativa.

3. Establecer las bases para una implantación sostenible. A partir de la evaluación del proceso, el congreso podrá proponer un horizonte común para los años siguientes, definir los apoyos necesarios y consolidar una red estable de delegaciones, mentores, formadores e instituciones colaboradoras.

Salamanca como comienzo

La Escuela de Verano de Salamanca no concluye con la aprobación definitiva de un modelo ni con la resolución de todas las dificultades. Concluye con el reconocimiento de una responsabilidad y con la voluntad de comenzar un camino compartido.

Los participantes regresan a sus diócesis, universidades, instituciones y centros conscientes de que no todos podrán avanzar del mismo modo ni con la misma velocidad. Lo decisivo será mantener una dirección común: que, en cualquier lugar, un profesor de Religión pueda saber que no está solo; que su Iglesia lo reconoce, lo acompaña y espera de él una verdadera excelencia profesional; que dispone de un marco para orientar su crecimiento; que puede encontrar referentes y mentores; y que su tarea cotidiana forma parte de una misión educativa que merece ser cuidada.

Camino
Camino

Salamanca nos recuerda que la fidelidad al Evangelio exige inteligencia, comunión y audacia. Nos invita a cuidar mejor a quienes educan y a formar profesores capaces de habitar la escuela con competencia profesional, identidad creyente, capacidad de diálogo y esperanza.

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