Jaume Massó: “Si Reus tuviera la fachada de la Misericordia de Gaudí, habría colas kilométricas para verla”

El arqueólogo e historiador repasa la relación de Antoni Gaudí con Reus, los proyectos que no llegaron a realizarse y las influencias familiares y culturales del joven arquitecto

Jaume Massó, uno de los mayores expertos en la vida de Gaudí.
Jaume Massó, uno de los mayores expertos en la vida de Gaudí. | Agencia Flama

El encuentro con el reusense Jaume Massó —nacido en Riudoms— comienza en la Prioral de Sant Pere de Reus, en una mañana tranquila que invita a mirar la ciudad con ojos del pasado. Frente al templo, el arqueólogo recuerda que aquí mismo se encuentra uno de los primeros hilos de la historia familiar de los Gaudí. El hermano mayor de Antoni Gaudí, Francesc, fue bautizado allí, y ese detalle sirve para introducir una relación fraterna que, según explica Massó, “fue más relevante de lo que a menudo se dice”.

“Francesc Gaudí —recuerda— publicó un artículo sobre las abejas cuando era muy joven, un texto divulgativo aparecido en 1870 en la revista del Centre de Lectura de Reus”. Ese escrito describía con precisión la vida de estos insectos sociales, y Massó sugiere que quizá no sea casual que, años después, Antoni Gaudí incorporara una colmena y una abeja en el diseño del estandarte de la Cooperativa Mataronense, donde el encargado estaba vinculado con la capital del Baix Camp. La influencia del hermano, afirma, “es grande”, aunque su muerte prematura borró en parte su recuerdo.

El arqueólogo también matiza algunos tópicos sobre el origen de la inspiración gaudiniana. “Hoy todo el mundo repite que el arquitecto se inspiraba sobre todo en la naturaleza”, pero Massó sostiene que “antes hubo otra fascinación”. Como investigador, dice, le ha interesado especialmente la relación de Gaudí con la arqueología. “De joven, a menudo visitaba restos antiguos del territorio, como el horno romano de la Buada, en Reus, al que iba acompañado de buenos amigos”, detalla un hombre que ha investigado durante años estas huellas.

“Gaudí no es modernista: es gaudinista; hace lo que quiere él”, afirma Massó.
“Gaudí no es modernista: es gaudinista; hace lo que quiere él”, afirma Massó. | Agencia Flama

La conversación continúa entre los libros y los recuerdos del Centre de Lectura, donde Massó ha tenido un papel destacado a lo largo de los años. Aquí el relato toma un giro hacia una faceta menos conocida del gran arquitecto: la de los proyectos que nunca llegaron a existir o que quedaron a medio camino. “Gaudí, de joven, recibió proyectos de casas y no llegó a realizarlos”, comenta, como si la historia del arquitecto también estuviera hecha de oportunidades perdidas.

Los ejemplos son numerosos. Más allá de la inacabada Basílica de la Sagrada Familia, hay edificios que tampoco se culminaron tal como él había imaginado. En la Casa Milà, la Pedrera, Gaudí quería coronar la fachada con una Virgen del Rosario que finalmente no se instaló. El Park Güell “fracasó como proyecto urbanístico” y la cripta de la Colonia Güell quedó como la única parte de una iglesia que debía ser “mucho más ambiciosa”, asegura este riudomense.

A veces las causas fueron económicas y otras, humanas. Massó recuerda que en el Palacio Episcopal de Astorga el arquitecto se enfrentó con los canónigos tras la muerte del obispo Grau y abandonó la obra cuando solo se había construido la parte inferior. Ese episodio revela, según él, “el carácter complejo de Gaudí”, un hombre capaz de grandes visiones pero también “de rupturas repentinas”.

“De joven, Gaudí iba con sus amigos a ver el horno romano de la Buada”, recuerda Massó.
“De joven, Gaudí iba con sus amigos a ver el horno romano de la Buada”, recuerda Massó. | Agencia Flama

Reus tampoco es ajena a esta historia de proyectos truncados. En 1880, el Teatro Casino tanteó a Gaudí para diseñar un teatro, y él se ilusionó con la idea, pero finalmente el encargo no prosperó. También estuvo el caso de la casa de la familia Vilella, que dependía de la adquisición de un solar adyacente que nunca se compró. La ciudad, sugiere Massó, “podría haber tenido hoy un patrimonio gaudiniano mucho más visible”.

Cuando habla de Gaudí, sin embargo, su relato nunca cae en la hagiografía. El arquitecto, dice, tenía también “un temperamento difícil”: se enfadaba con facilidad y era “de la gente del campo, que también es 'del llamp', como se suele decir de la gente de aquí”, comenta el arqueólogo. Quizá por eso defiende una idea clara: Gaudí no es exactamente un modernista, sino una categoría propia. “Gaudí no es modernista, es gaudinista; hace lo que quiere él”, constata.

“El Parc Güell fue un fracaso comercial y en la Colònia Güell la iglesia quedó a medio hacer”, señala Massó.
“El Parc Güell fue un fracaso comercial y en la Colònia Güell la iglesia quedó a medio hacer”, señala Massó. | Agencia Flama

La última parte de la conversación tiene lugar en el Gaudí Centre de Reus, donde el pasado y la interpretación contemporánea del arquitecto conviven. Aquí Massó recuerda uno de los proyectos no realizados más evocadores: la reforma del Santuario de la Mare de Déu de Misericòrdia. “Si aquel proyecto se hubiera materializado —admite— la ciudad tendría hoy un icono monumental incomparable”.

Lo expresa con una imagen muy gráfica. “Si la fachada de la Misericordia diseñada por Gaudí se hubiera construido, hoy habría colas kilométricas para visitarla”, defiende. También recuerda que en 1925, solo un año antes de morir, el Reus Deportiu le pidió que diseñara la parte polideportiva de sus instalaciones, pero el arquitecto ya no respondió.

Para Massó, “Gaudí también tenía mal carácter, se enfadaba; era de la gente 'del llamp'”.
Para Massó, “Gaudí también tenía mal carácter, se enfadaba; era de la gente 'del llamp'”. | Agencia Flama

Massó concluye evocando el paisaje que rodeaba al joven Gaudí. Reus era una ciudad industrial, con muchas fábricas y una población creciente (“y poco creyente”, añade), pero a pocos minutos a pie empezaba el campo. Allí había abejas, cultivos y formas naturales que alimentaban la imaginación. En una ocasión, recuerda, el joven Gaudí observó el humo de una fábrica de ladrillos con una forma que le evocaba las columnas que, décadas después, levantarían el bosque de piedra de la Sagrada Familia. Quizá, sugiere Massó, “el genio ya estaba latente en aquella mirada temprana”.

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