Jordi Faulí: “Mi Gaudí es el cristiano devoto y consecuente, que ama Cataluña y usa la lengua”
El arquitecto interviene en la presentación del libro ‘Mi Gaudí’ y reflexiona sobre la figura del genio catalán
El pasado martes 20 de enero, en la presentación del libro Mi Gaudí, de Chiara Curti, en el claustro de la Mercè de la Sagrada Familia, el arquitecto Jordi Faulí situó el debate sobre Antoni Gaudí en un terreno claro: el de la persona. Actual director y coordinador de las obras de la Sagrada Familia, y vinculado al templo desde hace más de tres décadas, Faulí intervino en una conversación que planteaba quién es Gaudí para el hombre contemporáneo, más allá del mito y del icono.
“Gaudí era una persona que se admiraba de todo lo que veía y de todas las personas con las que estaba”, afirmó. Según Faulí, esta capacidad de observación e interés por los demás es clave para entender su arquitectura. “Se interesaba por todos con quienes convivía, los ayudaba”, aseguró, insistiendo en que reducir a Gaudí a una lectura exclusivamente formal o estética “es perder una parte esencial de su legado”.
En su intervención, Faulí dibujó un Gaudí profundamente unitario: cristiano “devoto y consecuente”, ciudadano activo en la vida cultural de su tiempo, arraigado a Cataluña y a la lengua, que también utilizaba con naturalidad en los ámbitos institucionales. “Todo esto va unido. Es la persona”, remarcó. Y advirtió: “Sin entender todo esto, olvidamos algo de él y es difícil comprender la obra”.
Desde su experiencia directa al frente de la construcción de la Sagrada Familia —donde ingresó en 1990 y que dirige desde 2012—, Faulí subrayó que Gaudí concebía la arquitectura como una forma de llegar a las personas. “Hacía las obras pensando en cómo llegar al corazón de quienes vivirían en ellas”, explicó, con el objetivo de hacer aflorar “la alegría que existe en el corazón de todos”. De ahí, dijo, la concepción de edificios unitarios y una manera de trabajar basada en el ensayo constante, el estudio riguroso y el tiempo.
Faulí también destacó el carácter clarividente de Gaudí, la seguridad con la que tomaba decisiones y la conciencia de futuro con la que trabajaba. “Todo lo ensayaba y lo estudiaba mucho”, recordó, valorando las maquetas y los sistemas constructivos que Gaudí dejó pensados para facilitar el trabajo a quienes vendrían después. “Debemos agradecerle esta actitud hacia quienes trabajaríamos en el futuro”, afirmó.
Al definir su “Gaudí personal”, Faulí lo vinculó directamente al día a día del templo. “Mi Gaudí es el de la Sagrada Familia, el que vamos conociendo mientras trabajamos”, dijo. Un Gaudí que se revela progresivamente tras las maquetas, las soluciones estructurales y las decisiones constructivas, concebidas —según Faulí— no solo para levantar un edificio, sino para elevar a las personas.
Una mirada que conecta con el espíritu del libro de Chiara Curti, que propone redescubrir al genio a partir de cartas, testimonios y recuerdos íntimos, desde Joan Matamala hasta Miguel de Unamuno, pasando por Montserrat Rius y Lluís Bonet. Tanto en el relato coral del volumen como en las palabras de Faulí, Gaudí aparece no como una figura encerrada en el pasado, sino como una presencia viva, aún capaz de interpelar el presente.