Juan Jesús García, sacerdote y testigo de la tragedia de Urda: "La vida pende de un hilo"
El párroco de Madridejos acudió a pie al lugar del accidente ferroviario de Urda, donde acompañó a los heridos y rezó por los fallecidos
La voz afónica y el rostro todavía conmocionado de Juan Jesús García revelan la intensidad de las horas vividas el miércoles 28 de octubre en el lugar del accidente ferroviario de Urda, en la provincia de Toledo. Párroco de Madridejos desde hace apenas un mes, conoció la noticia hacia las diez y media de la mañana, al llegar a casa después de celebrar misa. "Abrí el teléfono y me di cuenta de lo que había pasado. Entonces fui corriendo, a pie", relata por teléfono a la Agencia Flama.
Al llegar a la zona del siniestro, encontró un despliegue de vecinos y servicios de emergencia. "Había muchos coches particulares de gente que ayudaba. Estaba todo muy organizado: la atención a los heridos, los bomberos, los sanitarios y la Guardia Civil", detalla. Después de identificarse como sacerdote, acompañó a cuatro jóvenes hasta el pabellón deportivo de Urda. También habló con trabajadores de una finca cercana, profundamente afectados por lo que habían presenciado. "Había gente de todos los pueblos colaborando", recuerda, y destaca la labor del párroco de Urda en la coordinación de la acogida.
"Me habría gustado llegar antes. Cuando llegué, un sacerdote acababa de rezar un responso por los fallecidos. Había más de una veintena de cuerpos sin vida, cubiertos con una especie de plástico blanco"
La escena que encontró en la zona donde se encontraban las víctimas mortales le impactó profundamente. "Me habría gustado llegar antes. Cuando llegué, un sacerdote acababa de rezar un responso por los fallecidos. Había más de una veintena de cuerpos sin vida, cubiertos con una especie de plástico blanco". En el campo y en la finca, otras personas heridas necesitaban asistencia. García se unió a los sacerdotes presentes, entre ellos el párroco de Villacañas, para rezar por los muertos y acompañar a los afectados. "Íbamos por el campo, escuchando a las personas que nos contaban sus historias. Como sacerdotes, poca cosa más podíamos hacer", apunta.
Hasta la zona también se desplazó el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves, que se unió a los sacerdotes presentes en la oración por los fallecidos. En un comunicado, la archidiócesis expresó su cercanía a las víctimas y a sus familias, y puso a disposición de los afectados los recursos de las parroquias de Urda y Los Yébenes y de Cáritas Diocesana. La institución eclesial también agradeció la labor de los servicios de emergencia y de todas las personas que colaboraron en la asistencia.
Bendición en medio de la tragedia
Entre los testimonios que más conmovieron a Juan Jesús García se encontraba el de un hombre de Madrid que viajaba con su esposa en el tren de Iryo con destino a Córdoba. Después de una tragedia familiar, habían decidido salir de la ciudad para desconectar. Sin embargo, el accidente le arrebató a su mujer. Herido, con un ojo hinchado y un brazo del que no tenía sensibilidad, el hombre explicó al sacerdote que había visto morir a su esposa sin poder hacer nada para salvarla.
"Era un hombre creyente y me pidió la bendición", relata el párroco de Madridejos. Lo que más le impactó no fue solo la dureza del relato, sino la necesidad de aquel hombre de compartir lo que había vivido. "Me sorprendió que quisiera hablar conmigo —señala—, que quisiera contarme su experiencia".
Entre las personas con las que García se encontró en medio de la emergencia había también un bombero de la parroquia de Talavera de la Reina, donde el sacerdote había ejercido durante 30 años. Lo reconoció y lo saludó con afecto, a pesar de que se encontraba exhausto y deshidratado después de haber estado sacando cuerpos de los trenes. "Toda su familia va a misa", añade el párroco, que evoca este encuentro como una muestra de la dureza del trabajo de los equipos de emergencia, obligados a afrontar una tarea extrema mientras se enfrentan de cerca al dolor y a la muerte.
Este jueves, 24 horas después del siniestro, la parroquia de Madridejos ha celebrado una misa por las víctimas y ha previsto hacer repicar las campanas al mediodía. García asegura que ha podido dormir, a pesar del impacto de la jornada. "Las cosas están en manos de Dios, aunque los hombres hagamos las cosas mal. Al fin y al cabo, la vida pende de un hilo: en cualquier momento estamos aquí y, de repente, estamos al otro lado", destaca el sacerdote. Su experiencia como párroco, acostumbrado a acompañar a personas en momentos de muerte y duelo, le ha ayudado a mantener la serenidad y a ofrecer tranquilidad a quienes la necesitaban.
Llamada a la conversión y a la responsabilidad
García interpreta lo que ha vivido a la luz del Evangelio. Recuerda el pasaje de la torre de Siloé, leído en el Evangelio del pasado domingo, en el que Jesús invita a la conversión ante la muerte inesperada, y encuentra en él una interpelación para el presente. "Todos somos débiles, y acercarnos a Dios es lo más sensato. Hoy también es una llamada a la conversión", afirma.
Esta lectura espiritual no le impide reclamar que se esclarezcan las causas del accidente. El sacerdote se muestra indignado porque, según afirma, en las primeras horas ya se hablaba de un posible error humano. "Hay que investigar los hechos y exigir responsabilidades si se confirma que la tragedia era evitable", sostiene.
Aunque hace poco que ha llegado a Madridejos, García describe la parroquia como una comunidad activa, con movimientos, asociaciones y nuevas iniciativas de evangelización. Después de las horas vividas en Urda, sin embargo, el recuerdo que prevalece es el de las personas que encontró junto a las vías.