Mari Carmen Sapiña, Hija de la Caridad en Ceuta: "La situación en las calles es angustiosa, casi de guerra"
La religiosa valenciana relata la labor sobre el terreno de una nueva misión de la Compañía para acompañar a los más vulnerables
Este jueves hace una semana que un grupo de cinco Hijas de la Caridad llegó a Ceuta para acompañar a las personas más vulnerables en un contexto marcado por la incertidumbre tras la entrada irregular de miles de migrantes en la ciudad autónoma procedentes de Marruecos. "Hemos vivido estos primeros días con tanta intensidad que hemos perdido la noción del tiempo", explica a Flama por teléfono la valenciana Mari Carmen Sapiña, una de las integrantes de esta nueva misión de la Compañía en la siempre convulsa frontera sur de Europa.
Pregunta. ¿Qué impresión tuvieron después de aterrizar en Ceuta y recorrer por primera vez sus calles?
Respuesta. La primera impresión la describiría como de caos absoluto. Hay miles de hombres y mujeres abandonados en las calles. Algunos duermen, otros buscan en las basuras. Intentan sobrevivir como pueden a la intemperie. Los niños no se ven tanto porque muchos de ellos están en centros para menores no acompañados. Es una sensación abrumadora, angustiosa. Es como una situación casi de guerra: todavía no hay disparos, pero la sensación es que están a punto de comenzar.
P. ¿Qué balance hacen después de una semana en el territorio?
R. Hemos venido cinco Hijas de la Caridad y ahora se incorporará al grupo una sexta. Queremos ser la respuesta de Dios al clamor de los pobres. Desde que hemos llegado, nos hemos puesto a disposición de las organizaciones que trabajan sobre el terreno para colaborar con ellas como una más. Cada día repartimos alimentos en la playa del Trampolín con Cruz Roja y colaboramos con una asociación asistencial. Estamos en un momento de tomar el pulso a la situación y, cuanto más conocemos, más abrumadora es la realidad.
P. ¿Qué cosas hacen de forma organizada con entidades y cuáles por su cuenta?
R. Lo que hacemos por nuestra cuenta es precisamente observar y conocer. Hoy hemos ido dos hermanas a la playa para hablar con personas que se encuentran allí viviendo a la intemperie. Hemos ido sin nada, porque si intentas repartir ayuda por tu cuenta, te arriesgas a que de repente se te echen encima miles de personas. La ayuda solo se puede entregar de forma organizada.
P. De todo lo que han visto, ¿hay algún colectivo que les preocupe especialmente?
R. Preocupan sobre todo los menores que no están agrupados en el centro, bien porque no han podido acceder por falta de plazas, bien porque los han expulsado. Se trata de niños que viven situaciones complicadas; muchos de ellos han sufrido abusos. También hay personas enfermas que no reciben ningún tipo de atención. Solo Cruz Roja puede atender casos de emergencia y trasladar a algún paciente al hospital en momentos puntuales, pero los casos que requieren tratamiento por parte de un especialista, como los relacionados con la salud mental, permanecen desatendidos. Las necesidades son muchas.
P. Los ciudadanos de Ceuta son la otra cara de la moneda de esta situación. ¿Han podido hablar con ellos? ¿Cómo lo viven?
R. Hablamos mucho con los vecinos de Ceuta. Lo hacemos cada mañana cuando vamos a la parroquia a celebrar la eucaristía; también cuando vamos al supermercado o viajamos en autobús. Y vemos que todos tienen el corazón dividido: por un lado, se sienten asediados, con miedo y rabia, porque no pueden hacer nada para cambiar esta situación que les ha tocado vivir. Pero, por otro lado, sienten una gran compasión por toda esta gente que ven en la calle.
P. ¿Dónde se han instalado las Hijas de la Caridad para llevar a cabo esta misión?
R. Lo que ha sucedido en este sentido ha sido providencial. Parece que a cada paso que damos se nos abren puertas. Cuando llegamos, un amigo nuestro que es miembro del Movimiento de los Focolares nos dejó el piso que habitualmente alquila a estudiantes. Podremos estar allí hasta el día 31, cuando lleguen los jóvenes. Pero estos días hemos tenido la suerte de conocer a una comunidad religiosa que acaba de dejar un colegio y nos ha cedido la casa. Dios pone el camino donde parece que no lo hay.
P. Con el alojamiento garantizado, ¿qué retos y perspectivas tienen a corto plazo?
R. Todo depende de cómo evolucione la situación. No sabemos cómo actuará el Gobierno español con todas estas personas, si atenderá cada caso individualmente o adoptará medidas en masa. De entrada, continuaremos trabajando a pie de calle con entidades y, al mismo tiempo, analizando la realidad. Cuando llegue el momento, compartiremos la experiencia con nuestros superiores y valoraremos hacia dónde hay que ir: si es necesario dejar una comunidad de hermanas aquí, de forma permanente, o bien atender una necesidad concreta a la que no se ha dado respuesta. Ya veremos.