Los obispos alertan de que "el abuso espiritual" puede darse en algunas "iniciativas de primer anuncio”
La CEE ha hecho pública la nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de la fe, títulada Cor ad cor loquitur —el corazón habla al corazón—, donde advierte que "la fe sin verdad no salva" y piden que iniciativas de primer anuncio sean sometidas al criterio de los obispos
Motivada por los diversos signos de un “renacer de la fe cristiana” en la sociedad, así como el surgimiento de “diversas iniciativas de primer anuncio”, la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha hecho pública esta mañana la nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de la fe, títulada Cor ad cor loquitur —el corazón habla al corazón—.
Aprobada por la Comisión Permanente en su reunión de la pasada semana, el texto, elaborado por la Comisión para la Doctrina de la Fe, que preside el obispo de Solsona, Francisco Conesa, y cuyo título copia el lema cardenalicio escogido por el recién declarado doctor de la Iglesia, san John Henry Newman, pretende para “ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia”.
En el texto, los obispos de la citada comisión reconocen que “en los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada ‘generación Z’, aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del 2000”, plasmadas en “una serie de iniciativas de primer anuncio”, cuya “creatividad” la Iglesia “valora” y “nuevos métodos o herramientas de evangelización que representan un soplo de aire fresco”.
Riesgo de un reduccionismo ‘emotivista’
Métodos, añaden, en donde “tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer ‘impacto’ en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo”, pero en donde “no son pocos, incluso entre los promotores de estas experiencias, que han advertido del riesgo de un reduccionismo ‘emotivista’ de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual”.
“El anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida”, advierten en primera instancia los obispos, que subrayan que “este es el gran impacto que renueva la mente y el pensamiento, amplía el horizonte de la libertad, ofrece un nuevo sentido a la vida y, en función de ello, da una nueva consistencia al obrar de las personas”.
En este sentido, la nota doctrinal reconoce que, frente a otras épocas, en este momento “la experiencia de fe se centra en el universo emocional y sentimental de la persona”, por lo que advierten “la necesidad de regular y discernir las emociones porque pueden ser un obstáculo para el crecimiento espiritual” para no caer en un “emotivismo” donde, añaden, se pasa del “pienso luego existo” al “siento luego existo”, del “logos” a la “emoción”.
el ‘emotivista religioso’ hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento y a lo placentera que pueda resultar
“Aplicado a la vida espiritual –añade la nota doctrinal–, el ‘emotivista religioso’ hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas. Es importante no confundir estas vivencias con el arrobamiento místico o la experiencia del gozo espiritual que acompaña en los santos la revelación privada”.
“Las emociones no pueden ignorarse ni trivializarse porque son intrínsecas a nuestra existencia. Ahora bien, resulta determinante encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales. Los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien”, señalan los obispos de la comisión episcopal.
“La fe sin verdad no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface únicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusión”, remarca la nota, que advierte también de que el emotivista “resulta más fácilmente manipulable”, y que también “en la vida espiritual existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un ‘bombardeo emocional’, lo cual podría considerarse una forma de 'abuso espiritual´".
“Tal abuso puede manifestarse en forma ‘presión emocional del grupo’, que hace que los individuos se vean obligados a ‘sentir’ lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia. E incluso a través de la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas que desvirtúan una auténtica visión de Dios, como medios para ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral”, afirman los pastores.
"Creer con el corazón"
Frente a estos modelos, la nota doctrina invita a “creer con el corazón”, que consideran que “es el mejor antídoto contra los dos grandes enemigos de la vida espiritual apuntados por el papa Francisco: el neo-gnosticismo y el neo-pelagianismo”, el primero de los cuales “concibe la salvación como algo puramente interior” en tanto que el segundo “acentúa el carácter radicalmente autónomo del individuo, que pretende alcanzar la salvación por sus propias fuerzas”.
“Esto se traduce, entre otras cosas, en una autocomplacencia por los frutos alcanzados, en la obsesión por la ley y en la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia”, señalan, citando al papa Francisco.
Por todo ello, los obispos españoles ofrecen unos criterios teológico-pastorales para el discernimiento en donde recuerdan que “la fe, ciertamente, no se reduce al asentimiento teórico a determinados dogmas, sino que es un acto por el que toda la persona se entrega libremente a Dios, que se nos revela y se nos entrega en Cristo” y que “se ha de ser precavido ante los sentimientos y las emociones que simplemente proporcionan bienestar al sujeto”.
A una fe basada solo en sentimientos agradables y positivos le repugna la cruz. No se puede entender la vida cristiana sin compartir la cruz
“Cristo, por el contrario, llama a cargar con la cruz y a seguirlo. A una fe basada solo en sentimientos agradables y positivos le repugna la cruz. No se puede entender la vida cristiana sin compartir la cruz y completar en nuestra carne los sufrimientos de Cristo”, señalan.
El papel de la formación
“No es posible una experiencia ni un conocimiento de Dios directos ni de manera individualista. Nadie se ha hecho cristiano a sí mismo, ni es creyente por sí solo”, subrayan los obispos, que también destacan que “resulta particularmente oportuno iniciar itinerarios catecumenales y procesos formativos de discipulado y acompañamiento en la maduración de la fe con aquellos que han realizado una primera conversión al Señor” o que “la formación es el medio primordial que permite integrar la verdad en el amor”.
Igualmente, los obispos subrayan en la nota que “una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia; y no excluye otros carismas, sino que aprecia la riqueza que aporta al conjunto. Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros”.
“Será, por tanto, un signo de eclesialidad que estos nuevos métodos sean sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes”, instan los pastores, que también recuerdan que “el compromiso con la Iglesia y con el mundo, sea en el ámbito familiar, laboral, en la sociedad, en la vida pública, con los más pobres y los enfermos, en la defensa de la dignidad humana, la promoción de la paz o el cuidado de la creación, se convierte en criterio de discernimiento para valorar la autenticidad de la fe y de estas nuevas iniciativas eclesiales”.
Finalmente, la nota se detiene en la dimensión celebrativa, en donde piden cuidar “no fomentar una oración ‘espiritualista’ desencarnada o unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas”, porque “se corre el peligro de reducir la liturgia a un mero ‘devocionalismo’”.
“En algunos ambientes se detecta un recurso excesivo a elementos de tipo emotivo, incluyendo prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento”, indican, por lo que instan a evitar “el subjetivismo y la arbitrariedad de formas del culto eucarístico así como el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el Ritual”.
“Todo ello –remarca la nota doctrinal– plantea el reto de garantizar, tanto a los fieles como a los ministros ordenados, una buena formación litúrgica que ayude a situar la celebración de la Eucaristía, especialmente la dominical, en el centro de la vida personal, comunitaria y eclesial”.