Ochenta años de Omella: la Iglesia española se queda con un solo cardenal elector

Con el viaje del Papa como broche de oro, ya comienzan a salir especulaciones sobre sus sucesores, de Planellas a Conesa, pasando por Saiz Meneses, Benavent, Roselló, el cardenal de Córcega... sin olvidar la última 'omellada'. Porque el arzobispo de Barcelona tendrá voz (y voto) en su sucesión

Omella, con el Papa
Omella, con el Papa | Vatican media

Este 21 de abril, primer aniversario de la muerte del Papa Francisco, también se cumplen 80 años del nacimiento de Juan José Omella. El arzobispo de Barcelona deja, así, de ser cardenal elector, y la Iglesia española (obispos con residencia en nuestro país) se queda con un solo purpurado con capacidad para elegir Papa (esperemos, por el bien de todos, que no sea necesario): José Cobo.

Llega Omella a los 80 años con una salud de hierro, un muy buen humor (se pudo demostrar ayer durante la Asamblea Plenaria) y conservando capacidad de mando, como demuestra su papel en la organización de la visita de León XIV a Barcelona, muy distinta a la del resto de España. Con un perfil propio, como el mismo Omella. Sabe el cardenal de Barcelona que el viaje de Prevost a la Ciudad Condal, y especialmente a la Sagrada Familia, será la coda perfecta para un pontificado que arrancó con dudas y que terminará (al menos en lo que a Barcelona se refiere) con un prelado que será recordado durante años. El chico de Cretas que conquistó Barcelona.

Omella y Cobo, en la Plenaria
Omella y Cobo, en la Plenaria | CEE

Presidente de la Conferencia Episcopal en un período francamente difícil (pandemia, explosión de los casos de pederastia, pontificado de Francisco...), miembro del ahora devaluado C9, representante en la 'fábrica' de obispos... la relevancia de Omella en la Iglesia española y mundial es difícil de medir. Pero innegable. Especialmente su visión social, y su presencia como un 'cura de pueblo', lo que le permitió cumplir el aval de la sinodalidad del modo más parecido al que le pidió Francisco. Con sombras, evidentemente: su mandato en la CEE, lleno de esperanzas, quedó frustrado por la gestión de los abusos (algo que sigue pendiente) y la permanente tensión entre el sector del episcopado que no 'quería' a Francisco.

Omella decidirá sobre su futuro que, salvo sorpresa, no se conocerá hasta después del viaje papal y que, de algún modo, supondrá un antes y un después para la cadena de nombramientos (y el estilo de estos) que se espera para España. ¿Quién será su sucesor? La rosa de candidatos es amplia, y a ellos hay que sumar la nunca descartable 'omellada'... porque Omella tendrá voz y voto, en su sucesión. Los nombres que suenan son de lo más variopintos: progresistas como Planellas (qué buen arzobispo de Barcelona sería) o Roselló (que, como Benavent, otro de los candidatos, se ha autodescartado), conservadores (con pasado catalán) como Saiz Meneses o el para muchos favorito: Francisco Conesa. Sin descartar un cada vez más presente en España cardenal de Córcega, Bustillo.

Sea quien fuere, lo cierto es que la elección del sucesor de Omella en Barcelona marcará el rumbo, que bajo la batuta del cardenal Cobo, León XIV quiere imprimir a la Iglesia española. Pero, salvo sorpresa (u omellada) habrá que esperar a que Prevost regrese de su viaje a España. Mientras tanto, Omella sonríe. Y sigue fiel a su propósito.

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