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"A ritmo de Papa", Pioppo llega al santuario de Misericordia que también miró Gaudí

El nuncio camina entre un mar de velas encendidas en la víspera de la fiesta de la patrona de Reus

El nuncio, ante la patrona de Reus. | Agencia Flama

Cuando este jueves 24 de septiembre por la noche comenzó el Rosario de Antorchas de Reus, casi todas las farolas del paseo de Misericordia se apagaron. Y entonces la noche cambió de rostro. La luz dejó de venir de las calles para nacer de las manos de quienes avanzaban en silencio, con una vela encendida dentro de un pequeño recipiente de papel elaborado por las religiosas clarisas de Reus. En uno de los cuatro lados, los gozos de la Virgen de Misericordia recordaban el destino de aquel camino: llegar hasta la casa de la patrona.

El rosario había comenzado en la plaza de la Pastoreta con el nuncio apostólico en España y Andorra, Piero Pioppo, al frente de la celebración, acompañado por el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, y por el prior de Reus, Josep Maria Gavaldà. Delante de ellos, una numerosa comitiva de sacerdotes, diáconos y seminaristas de la ciudad seguía el paso de la oración, mientras los fieles se iban incorporando a un recorrido que, cada 24 de septiembre, transforma el paseo en un espacio de contemplación.

La llama de la vela iluminaba de lleno el rostro del nuncio. Era una luz pequeña, pero suficiente para dibujar sus rasgos en medio de la oscuridad, igual que las demás llamas iluminaban los rostros de los cientos de personas que caminaban a su alrededor.

Piero Pioppo estuvo acompañado por el arzobispo Planellas durante toda la noche. | Agencia Flama

De Mas d'Enric, con la Merced, a las antorchas de Misericordia

A Pioppo se le veía animado, sonriente, cercano. Quienes estos días han compartido más horas con él explican que lo han visto especialmente risueño. La visita pastoral, iniciada el martes, llegaba ya a su penúltimo día y había concentrado en pocas horas una agenda intensa: encuentros con la curia y con el clero, las celebraciones de Santa Tecla y, este mismo jueves, la visita al Centro Penitenciario Mas d'Enric, donde había celebrado la eucaristía con los internos.

En la prisión, con motivo de la fiesta de la Virgen de la Merced, el nuncio había entrado en contacto con una realidad muy diferente de la que le esperaba horas después en Reus. La celebración se hizo en el teatro del centro penitenciario, con la participación del arzobispo Joan Planellas y de varios sacerdotes.

Allí, la Virgen de la Merced que los internos tenían guardada desde hacía tiempo había recuperado estos días un nuevo brillo. Le habían dado una capa de barniz para la ocasión y también habían preparado, desde el taller de costura del propio centro, los manteles que cubrían el altar. Pequeños gestos de preparación que explicaban, también, la manera en que aquella comunidad penitenciaria había querido acoger la celebración de la patrona de los cautivos.

"Va a ritmo de Papa", comentaban algunas voces en Reus, después de haber seguido los pasos del nuncio durante estas pocas jornadas en la archidiócesis. Y la frase tenía cierta correspondencia con el ritmo de la noche: de Tarragona a Mas d'Enric y, pocas horas después, a Reus. Todavía le quedaba un último acto, este viernes por la mañana, antes de despedirse de la archidiócesis, precisamente ante el santuario que esta noche visitaba por primera vez.

Mientras avanzaban por el paseo, el prior Josep Maria Gavaldà comentaba al nuncio un detalle del día anterior. Le recordaba que, durante el oficio de Santa Tecla en la catedral de Tarragona, había hablado "bien" en catalán. Pioppo escuchaba mientras continuaba avanzando entre las antorchas. La conversación, breve y espontánea, era una muestra más de la cercanía que ha marcado estos días de visita.

La comitiva se acerca al santuario, que este viernes celebra su fiesta grande. | Agencia Flama

Y entonces, poco a poco, el santuario comenzó a aparecer al fondo. Primero era solo una silueta entre la oscuridad; después, la fachada se hacía más nítida a medida que el rosario se acercaba. Era un momento especialmente significativo para una ciudad que este año vive el Año Gaudí: aquel es el santuario con el que el arquitecto reusense mantuvo una relación especial y para el que llegó a elaborar un proyecto de reforma de la fachada que finalmente no se ejecutó.

En el interior del santuario, las antorchas fueron llenando el espacio. El templo se quedó pequeño para acoger a todos los que habían hecho el camino desde la plaza de la Pastoreta. El nuncio accedió al presbiterio ante una iglesia llena a rebosar, mientras la oración llegaba a su punto final y Reus se disponía a escuchar las palabras del invitado que, después de cuatro días de visita, ya comenzaba a despedirse de la archidiócesis.

Primero habló el prior de Reus. Josep Maria Gavaldà se dirigió al nuncio para darle la bienvenida y expresarle el deseo de que la Virgen de Misericordia lo acompañe siempre y lo sostenga "con ternura maternal". "Bienvenido a Reus", le dijo, antes de dar paso a las palabras de Pioppo.

Fieles de todas las edades arroparon al nuncio de origen italiano. | Agencia Flama

El nuncio comenzó pidiendo disculpas por su catalán: "Me disculparán si mi catalán no está a la altura". Y, desde el presbiterio, se situó ante la Virgen, explicando que en Savona, cerca de Génova, hay un santuario dedicado a la Misericordia donde sus padres lo llevaban a menudo durante los meses de mayo y septiembre para participar en la misa y rezar. Pioppo hablaba de la Virgen como de una madre que hace que quienes se acercan a ella puedan sentirse en casa. "Tenéis la suerte de tener una madre en vuestra casa y de sentirnos nosotros también en casa, en casa de nuestra madre", expresó.

Después pidió oraciones por Cataluña, España y Europa, para que, a través de la Virgen, se pueda mirar a Dios con una mirada renovada y elevada. Y tuvo palabras de afecto y fraternidad para el arzobispo Joan Planellas y calificó Reus de "gran y hermosa ciudad". A lo largo de estos días, nuncio y arzobispo han compartido buena parte de las jornadas, alojados en el Palacio Arzobispal y recorriendo juntos una agenda que los ha llevado de Tarragona a Reus y de las celebraciones más solemnes a espacios como el centro penitenciario.

Después llegaron los gozos. Y la noche recuperó su música más propia. Cuando Pioppo abandonaba el templo por la puerta trasera, mantuvo una conversación más íntima con Planellas, que le agradecía haber estado presente en esta vigilia de Misericordia. En aquel momento, todavía se podía escuchar la melodía de los gozos. "Bellissima melodia", dijo el nuncio en italiano antes de continuar escuchando, en catalán, el canto a la Virgen.

La noche terminaba así como había comenzado: con luz. Pero ahora las llamas ya no avanzaban por el paseo. Habían llegado al santuario y se reflejaban en los rostros de una comunidad reunida ante su patrona. Este viernes, con la misa solemne de las once de la mañana, Pioppo vuelve al mismo lugar para cerrar su visita a la archidiócesis. Será la última celebración de unos días vividos, casi literalmente, a ritmo de Papa.

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