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El obispo de Terrassa asegura que la visita de León XIV a Cataluña ha sido "un revulsivo para crecer en la fe"

Salvador Cristau, durante la entrevista. | Agencia Flama

Unas semanas después de la visita del papa León XIV, en el Obispado de Terrassa ya se vive con la convicción de que aquel acontecimiento fue el comienzo de una nueva etapa. Salvador Cristau (Barcelona, 1950), obispo de Terrassa desde 2021, recibe a la Agencia Flama en su despacho de la sede episcopal con el tono sereno que le caracteriza. Durante la conversación, alterna la reflexión pastoral con la mirada jurídica que le proporciona su formación en Derecho Canónico. Y habla del pontífice, de las vocaciones, de los jóvenes, del ecumenismo y de los principales retos de una diócesis con más de 20 años de trayectoria.

El impacto de la visita de León XIV continúa presente entre los fieles. Cristau admite que todavía es pronto para entender toda su trascendencia, pero está convencido de que ha despertado algo en muchas personas. "Todavía no hemos acabado de digerir la experiencia de la visita", afirma. Por eso insiste en que lo más importante no es conservar el recuerdo, sino profundizar en su contenido. "Ha sido un revulsivo para crecer en la fe. Hay que continuar profundizando para saber cómo ha llegado al corazón de muchas personas, porque no se ha apagado. Ahora toca releer sus mensajes para descubrir qué respuesta debemos dar nosotros", reflexiona. Para el obispo, los frutos de una visita papal solo pueden valorarse con el paso del tiempo y con la respuesta concreta de los cristianos.

Aunque no mantuvo una audiencia personal con el pontífice agustino, sí pudo compartir con él varios momentos de proximidad. En este punto del diálogo, recuerda especialmente un breve saludo en la sede de la Conferencia Episcopal Española y diferentes instantes en los que lo observó muy de cerca. De aquella experiencia conserva una impresión definida. "Es un hombre que mira a los ojos y escucha. No habla mucho, pero es profundo. Tiene una mirada afectuosa", resume. Para Cristau, esta manera de relacionarse transmite una cercanía que a menudo dice más que muchos discursos.

El papa León XIV y Salvador Cristau, en Madrid, el pasado mes de junio. | Obispado de Terrassa

La sintonía con los jóvenes

La conversación deriva después hacia una reflexión más personal. Con una sonrisa, reconoce que este nuevo pontificado también le ha hecho tomar conciencia del paso de los años. "Es más joven que yo; es el primer papa que conozco que es más joven que yo", comenta divertido. "Es una constatación de que te haces mayor", añade entre risas. A pesar de esta observación, asegura que continúa viviendo el ministerio episcopal con toda la ilusión y el sentido de responsabilidad que exige el gobierno de la diócesis.

Unos días después de la visita papal, varios seminaristas del Obispado de Terrassa viajaron al Vaticano con motivo del vigésimo aniversario del Seminario Diocesano y tuvieron la oportunidad de encontrarse personalmente con León XIV. En este sentido, Cristau explica que siguió aquel encuentro casi con la misma emoción que los propios jóvenes. "Por lo que me han explicado y por las fotografías que he visto, fue una experiencia muy ilusionante", reconoce.

La relación con los jóvenes es uno de los ámbitos de los que habla con más entusiasmo, y explica que siempre ha procurado mantener una gran cercanía con ellos y que esta sintonía es correspondida. "Me encuentro muy bien con los jóvenes de la diócesis, y ellos conmigo", asegura. Con ternura, recurre a una imagen familiar para explicar el momento vital en el que se encuentra. "Con ellos, a veces me siento como un abuelo, aunque con el clero sigo siendo más bien un padre. Un abuelo puede permitirse que el mundo pase sin hacer gran cosa; yo todavía tengo la responsabilidad de dirigir", sostiene. Una responsabilidad que, insiste, continúa marcando su día a día.

"Me encuentro muy bien con los jóvenes de la diócesis, y ellos conmigo", señala el obispo Cristau. | Obispado de Terrassa

El Obispado de Terrassa presenta una realidad diferente a la de otras diócesis catalanas en lo que respecta a las vocaciones sacerdotales. Cristau evita tanto el pesimismo como la autocomplacencia. Recuerda que actualmente la diócesis cuenta con 120 parroquias y cerca de 90 sacerdotes en activo, una cifra que obliga a trabajar intensamente. "No tenemos sequía de vocaciones, a diferencia de otras diócesis, pero siempre harán falta más", afirma. La razón es muy sencilla: "Evangelizar —apunta— no tiene límites; siempre necesitaremos sacerdotes". Por eso considera imprescindible continuar acompañando a los jóvenes que se plantean la vocación y crear espacios donde esta pueda madurar.

La vitalidad de la diócesis también se hizo visible durante la visita papal con la participación del grupo Worship, formado por jóvenes músicos cristianos vinculados al Obispado de Terrassa. Su presencia en los actos centrales representó a toda la comunidad diocesana y, según Cristau, puso de manifiesto la importancia que tienen los nuevos lenguajes evangelizadores. Así, el prelado considera que la música es hoy una herramienta privilegiada para anunciar el Evangelio y llegar especialmente a los más jóvenes sin renunciar a la profundidad del mensaje cristiano.

El futuro de Puiggraciós

Otro de los asuntos que deberá afrontar la diócesis es el futuro del santuario de Puiggraciós tras la salida de las religiosas que lo han cuidado durante tantos años. El obispo pide evitar interpretaciones precipitadas y asegura que el proceso se está trabajando con mucha delicadeza. "Es un aspecto que hay que trabajar con cuidado y responsabilidad por lo que pueda ocurrir en el futuro en aquellos lugares, siempre al lado de las religiosas", asegura, recordando que hay otras congregaciones que también viven momentos de transformación, aunque a menudo no tengan la misma repercusión pública.

Cristau habla con una satisfacción especial cuando se aborda la Medalla al Mérito Ecuménico que recibió el pasado mes de mayo. Lejos de atribuirse el mérito, insiste en que el reconocimiento pertenece sobre todo a quienes llevan años trabajando para construir puentes entre las diferentes confesiones cristianas. En este punto, sostiene que la distinción nace de la relación con Cristianos por Terrassa, una asociación de católicos y protestantes que promueve el ecumenismo desde la cercanía y la fraternidad. "Yo me encuentro muy a gusto con ellos. No he hecho nada especial; simplemente los he acompañado", asegura con humildad.

Salvador Cristau, obispo de Terrassa, este miércoles. | Agencia Flama

Su experiencia como jurista aflora cuando analiza la situación de los lefebvrianos. El obispo considera que a menudo el debate se reduce erróneamente a una cuestión litúrgica, cuando en realidad el conflicto es mucho más profundo. "Es doloroso. Es como cuando una parte de una familia decide no reconocer a los demás como padres o hermanos", explica. Según su criterio, "puede parecer que el problema sean las formas litúrgicas, pero no es eso. El problema real es que no quieren aceptar al papa como pastor de la Iglesia".

Preguntado por el presunto caso de abusos que afecta al cardenal Cristóbal López, muy vinculado durante años a la diócesis, Cristau opta por la prudencia y reitera que estos asuntos exigen la máxima exigencia, pero también el respeto a los principios básicos de cualquier sistema jurídico. "Hay que ser exigente y estricto en estos temas, pero también existe la presunción de inocencia", afirma, antes de admitir que se trata de cuestiones que despiertan una gran repercusión mediática y añadir: "Como son temas muy llamativos, es fácil que se distorsionen. Yo no sé más de lo que se ha publicado, pero mi posición es de respeto. No podemos ser jueces de nadie", reitera.

Sin pensar en el relevo

El horizonte de los próximos años también invita a hablar del relevo generacional en el episcopado catalán. Alguna diócesis afrontará cambios importantes y el nombre de Barcelona concentra buena parte de las especulaciones. Cristau, sin embargo, evita cualquier cálculo personal y asegura que no gobierna pensando en quién le sustituirá. "Quizá el relevo de Barcelona eclipse el mío, pero yo no tengo que dejar carpetas para que las recoja quien venga después", afirma. Su manera de entender el ministerio episcopal queda resumida en una frase: "Actuaré como si tuviera que vivir 100 años como obispo".

Antes de despedirse, la conversación abandona por unos instantes los grandes debates eclesiales y se centra en una pasión compartida por muchos ciudadanos: el fútbol. Con una sonrisa, reconoce que sigue la actualidad deportiva y que espera con interés la final del Mundial del próximo domingo, en la que participará el terrassense Dani Olmo, defendiendo los colores de la selección española contra Argentina. "Le enviamos todo nuestro apoyo, tanto a él como al entrenador, por los valores y el sentido de equipo que transmiten", comenta. Y termina con una nota distendida que resume el tono de toda la conversación: "Si marcan algún gol, también lo celebraremos".

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