“Salvar al soldado Zornoza”: Maniobras dilatorias en el palacio sevillano de Saiz Meneses
"Cada día que pasa sin que Sevilla remita su dictamen a Doctrina de la Fe alimenta la sospecha de que el reloj, de nuevo, no marca la hora de la justicia, sino la del miedo a que un obispo español sea condenado por abusos"
El caso del obispo emérito de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, acusado de abusos sexuales a un menor cuando era rector del seminario de Getafe, sigue atrapado en el despacho del arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses. Tras la contundente recomendación del Tribunal de la Rota de abrir un proceso penal canónico, la causa ha entrado en una fase en la que, según fuentes consultadas por Religión Digital, el objetivo de Sevilla sería claro: “salvar al soldado Zornoza”. Utilizando, para ello, el arma clásica de la burocracia eclesial, el tiempo, como gran comodín para diluir la presión y enfriar la causa.
De la Rota a Sevilla, una pelota que no termina de botar
Los hechos procesales son claros. El Tribunal de la Rota de Madrid concluyó en febrero la investigación preliminar sobre Zornoza, tras meses de interrogatorios al propio obispo, a la víctima y a varios testigos -entre ellos uno que afirmó haberlo visto en la cama con el menor- y recomendó formalmente “abrir un proceso penal” canónico por delicta graviora.
La instrucción encontró “cierta consistencia objetiva” en los testimonios y planteó incluso la posibilidad de que Doctrina de la Fe levantara la prescripción para poder juzgar los hechos.
Concluida esa fase, la pelota pasó al arzobispado de Sevilla, porque corresponde a Saiz Meneses redactar el llamado “voto”, una propuesta razonada que, basándose en el informe de la Rota, sugiera a Doctrina de la Fe los pasos a seguir. En un primer momento, fuentes conocedoras del procedimiento calculaban en torno a un mes el tiempo necesario para estudiar el voluminoso expediente y enviar el dictamen a Roma.
Expirado ese plazo, la sensación que transmiten ahora algunas voces cercanas al caso es que el ritmo se ha ralentizado deliberadamente, con el riesgo de convertir el tiempo en una forma de obstrucción.
El tiempo como estrategia
Según nuestras fuentes, la intención de Sevilla sería, precisamente, “salvar al soldado Zornoza”, es decir, minimizar o posponer al máximo las consecuencias penales para el exobispo gaditano.
¿Cómo? No tanto mediante un voto abiertamente exculpatorio -difícil de justificar frente al informe de la Rota y al escrutinio de Roma- cuanto jugando con la única variable que la institución suele manejar con maestría: el tiempo.
Un proceso largo, una resolución tardía, solicitudes de aclaración, lecturas y relecturas eternas del expediente, consultas encadenadas… En suma, maniobras dilatorias que no niegan la recomendación de la Rota pero la dejan durante meses en un limbo administrativo, justo cuando la Comisión Pontificia para la Protección de Menores ha advertido que una de las grandes quejas de las víctimas es la “falta de celeridad” y ha reconocido que casos como el de Zornoza se siguen en Roma “con mucha atención”, para detectar dónde fallan los procesos.
En este contexto, cada semana de retraso juega a favor del obispo emérito y en contra de la víctima y de la credibilidad de la tolerancia cero. Zornoza sigue defendiendo que la acusación es “injusta y falsa”, instalado en su piso madrileño de la calle Eduardo Dato, mientras en Cádiz su nombre solo aparece ya en las chirigotas del carnaval. Para la víctima y para quienes han testificado, la sensación es la contraria. Porque el sistema que por fin ha sido capaz de investigar a un obispo parece ahora dispuesto a protegerlo con el arma más sutil y más efectiva: dejar pasar el tiempo.
Roma observa, Sevilla se la juega
El margen de maniobra de Saiz Meneses no se centra sólo en el ámbito jurídico y abarca también el personal. Como han señalado varios analistas, el caso Zornoza es ya una prueba de fuego para el arzobispo hispalense: un 'voto' tibio o corporativista puede truncar sus opciones de carrera -incluida esa eventual púrpura que tanto sueña-; un informe claro, que respalde la apertura del proceso, reforzaría su imagen de pastor capaz de anteponer la justicia y la protección de las víctimas a cualquier cálculo de imagen. Roma sigue el caso con lupa.
Que desde Sevilla se perciban maniobras dilatorias supondría enviar a la sociedad (y, de paso, a Roma) el mensaje de que, cuando el acusado es un obispo, el tiempo de la Iglesia sigue pesando más que el tiempo de las víctimas.
Si el ‘voto’ de Saiz Meneses se convierte en un laberinto burocrático destinado a “salvar al soldado Zornoza”, se estaría diciendo a la gente que la primera gran causa de abusos contra un prelado español habría sido gestionada con la misma lógica que tantas otras en el pasado, donde la prisa solo existía para proteger el sistema de encubrimiento.
La pelota sigue en el despacho de Saiz Meneses. Y cada día que pasa sin que Sevilla remita su dictamen a Doctrina de la Fe alimenta la sospecha de que el reloj, de nuevo, no marca la hora de la justicia, sino la del miedo a que un obispo español sea condenado por abusos.
