San Carlos Borromeo, 'lugar de Memoria Democrática'
Del mismo modo que el barrio siempre se levanta, de esas ruinas emergió, a finales de los años 70, un refugio. Un templo de teología obrera y teología del achuchón, siempre apegado a la realidad social, a las luchas de los vecinos y al sufrimiento de los más vulnerables, donde hoy especialmente no podemos dejar de recordar a quienes nos precedieron: Enrique de Castro, Pepe Díaz, las madres contra la droga y multitud de hijos y nietas de quienes fueron víctimas de aquellas bombas
Queridos vecinos y vecinas de Entrevías, queridas asociaciones vecinales de La Paz y La Viña, miembros de las entidades que conformáis la Plataforma #SalvaPeironcely10, autoridades, amigos que hoy nos visitáis desde lejos, hermanos y hermanas todos.
Nos reunimos hoy, 27 de junio, en una jornada de inmensa alegría, de justicia y de dignidad para nuestro barrio y para todas aquellas a quienes los valores democráticos nos animan. Hoy desvelamos las placas que reconocen oficialmente, con la fuerza de la ley, a nuestro querido edificio de Peironcely 10, a la Plaza del fotógrafo Robert Capa y a este Centro Pastoral de San Carlos Borromeo como un conjunto indivisible y declarado Lugar de Memoria Democrática.
Lo internacional y lo local se funden aquí: la historia del mundo pasó por nuestra puerta, pero fuimos los vecinos quienes nos quedamos a curar las heridas y acoger sus víctimas
Al mirar estas calles por las que transitamos cada día, recordamos que pisamos un suelo donde la historia dejó una profunda y dolorosa cicatriz. Podríamos hablar por tanto de suelo sagrado. En noviembre de 1936, las bombas cayeron sobre este barrio obrero. En medio de aquel horror y aquella metralla, el objetivo de la cámara fotográfica de Robert Capa capturó frente al número 10 de Peironcely a unos niños jugando, ajenos a la destrucción. Aquella fotografía dio la vuelta al mundo y convirtió esta humilde fachada de Entrevías en un símbolo internacional, universal, de la vulnerabilidad de la infancia ante la crueldad de la guerra. Tristemente aquellas imágenes hoy vuelven a estar de actualidad en muchos lugares de nuestro dolorido mundo. Lo internacional y lo local se funden aquí: la historia del mundo pasó por nuestra puerta, pero fuimos los vecinos quienes nos quedamos a curar las heridas y acoger sus víctimas.
Este espacio que hoy nos acoge sintió muy de cerca aquel dolor. La onda expansiva de aquellas bombas dejó muy malherida su estructura arquitectónica. Sin embargo, del mismo modo que el barrio siempre se levanta, de esas ruinas emergió, a finales de los años 70, un refugio. Un templo de teología obrera y teología del achuchón, siempre apegado a la realidad social, a las luchas de los vecinos y al sufrimiento de los más vulnerables, donde hoy especialmente no podemos dejar de recordar a quienes nos precedieron: Enrique de Castro, Pepe Díaz, las madres contra la droga y multitud de hijos y nietas de quienes fueron víctimas de aquellas bombas.
Llegar hasta este hito histórico no ha sido fácil. Es el fruto de un largo camino de reivindicación que hemos impulsado desde la Plataforma #SalvaPeironcely10 con tenacidad y sin descanso. Ha sido un movimiento de resistencia cívica, nacido del apoyo mutuo entre entidades culturales, pacifistas, internacionales y el propio vecindario, con la firme voluntad de no permitir que la especulación ni el abandono borraran nuestra identidad, identidad llena de dignidad que hoy brindamos a todo el mundo.
Por eso, hoy es un día de profundos agradecimientos.
Gracias, en primer lugar, a los vecinos y vecinas, a asociaciones como La Paz y La Viña, que en este gran barco que hemos construido para proteger la Paz y la memoria habéis remado con fuerza y brío, demostrando que la historia de un barrio es su mayor patrimonio.
Gracias a las decenas de entidades sociales, culturales y sindicales de la Plataforma, y a pioneros en las instituciones que dieron los primeros impulsos cuando casi nadie escuchaba.
Y de manera muy especial, gracias a nuestros grandes aliados internacionales. A nuestros amigos de Leipzig, representados hoy aquí por Ulf, su iniciativa Capa-Haus, que nos han tendido un puente europeo de memoria.
Al Ayuntamiento de Leipzig, a su alcalde, Burkhan Jung, y a la concejala de Cultura Skadi Jennicke, que con elegante diplomacia 3 han ofrecido a nuestro Ayuntamiento madrileño su colaboración para poder crear una red de ciudades Robert Capa.
Hoy no solo celebramos que unas placas protejan estas fachadas de ladrillo; celebramos que el dolor del pasado se transforma hoy en cultura de solidaridad y rebeldía, y en un mensaje de paz para nuestros jóvenes. Demostramos al mundo que Entrevías no es solo un lugar donde cayeron las bombas, sino el lugar donde la memoria y la concordia han echado raíces para siempre y, por tanto, nos permiten soñar un futuro mejor
Y gracias de todo corazón a Cynthia Young y al International Center of Photography (ICP) de Nueva York, hoy aquí presentes. Cynthia, tu inmenso trabajo por preservar el legado de Capa, tu compromiso inquebrantable con nuestra causa, y tu defensa de nuestro trabajo, oponiéndote a que el Ayuntamiento de Madrid borre la memoria de este lugar con un proyecto ajeno al espíritu que nos ha conducido hasta aquí, son un regalo impagable por el que te estaremos eternamente agradecidos. Y gracias muy especiales y entrañables a esas familias, últimos moradores de la casa de Peironcely10, que con su paciencia, sufrimiento y colaboración hicieron también posible que este día llegue a celebrarse.
Recordábamos hace muy poco las sabias palabras del Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti, y hoy resuenan con más fuerza que nunca en este lugar: «Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa»
Hoy no solo celebramos que unas placas protejan estas fachadas de ladrillo; celebramos que el dolor del pasado se transforma hoy en cultura de solidaridad y rebeldía, y en un mensaje de paz para nuestros jóvenes. Demostramos al mundo que Entrevías no es solo un lugar donde cayeron las bombas, sino el lugar donde la memoria y la concordia han echado raíces para siempre y, por tanto, nos permiten soñar un futuro mejor.
Muchas gracias a todas y feliz día.
