Sazonado de guante blanco entre Argüello y Álvarez de Toledo en la Fundación Pablo VI
La Iglesia en España siempre ha debatido mejor con la derecha. Incluso cuando no debatía. Otra cosa ha sido cuando, en democracia, le tocó gobernar. La Fundación Pablo VI asistió hoy a un 'flechazo dialéctico' entre el arzobispo y la diputada del PP
El verbo más afilado del PP y el verbo que se tiene por más preclaro en la actual Conferencia Episcopal Española. El auditorio de la Fundación Pablo VI, en Madrid, acogió esta mañana, en el marco de los Foros de Encuentros Interdisciplinares, un diálogo entre Cayetana Álvarez de Toledo, portavoz adjunta del PP en el Congreso de los Diputados, y Luis Argüello, presidente de la CEE, moderado por Jesús Avezuela, director de esa institución eclesial.
Al arzbispo de Valladolid cada vez se le ve más cómodo en estos encuentros, reminiscencias de juventud comprometida políticamente que su subconsciente suele dejar en evidencia con cierta frecuencia. Aunque de alguno de estos lances haya salido trasquilado, como el que, en este mismo lugar mantuvo hace unos años con la ministra del gobierno de Pedro Sánchez, Margarita Robles, una mujer con pensamiento propio a la que no se le puede entrar con generalizaciones de grueso calibre.
"A ninguno de los dos les falta palabra", les presentó Avezuela, y es cierto que a Álvarez de Toledo "la Messi del PP", como la bautizó el exlider Pablo Casado, no es Robles y el talante es también netamente diferente, y coincide con Argüello en que les da repelús "el emotivismo". Comenzó con un aviso para navegantes: "Me represento a mí misma", quitando presión sobre el PP, quizás porque a continuación se reivindicó como militante de la razón, haciendo gala de su agnosticismo. Pero si le dan a eleigr, prefiere el cristianismo al islamismo "como matriz de civilización", señaló la también periodista, historiadora y marquesa de Casa Fuerte.
"España vive un proceso de degradación democrática, está sufriendo un proceso acelerado de degradación y destrucción interno", afirmó la diputada, "y es una estrategia deliberada" promovida "por los burros de Troya que colonizan las instituciones y las atacan". En su opinión, transitamos de "una democracia plena a una fallida", "un Frankestein descosido de muñones identitarios", remarcó Álvarez de Toledo, dejando en el aire un cierto olor a pólvora quemada en el que tuvo que bracear el clérigo del que se dice que tonteó con el comunismo en aquellos tiempos preconstitucionales.
No cogió el debate por esa espoleta Argüello, que tiró de "la crisis espiritual de la democracia", tomada de una de sus últimas lecturas, un "ejercicio de meter no solo a Dios en el armario, sino a la realidad", tema muy de su agrado, en el que suele explayarse en cuanto entiende que se le da pie, incluso en territorio tan pantanoso como en de las ruedas de prensa en Añastro.
Algún periodista había en el auditorio de la Pablo VI, pero eran muchos más los que buscaban otros titulares. Aludió "al ejercicio brutal de la fuerza", que bien podría interpretarse como una indirecta a Trump, toda vez que nadie desde la CEE salió oficialmente a decir ni una palabra sobre el también brutal ataque del líder del movimiento MAGA al Papa, pero en este punto, Argüello estaba incursionando en el positivismo jurídico, la metafísica o auscultando el ejercicio del parlamentarismo. Ahí la densidad se hizo masticable incluso para un foro y auditorio tan selecto.
"La reducción de persona a individuo tiene consecuencias en la vida política", se le oyó bajar pies de altura en el vuelo a Argüello, porque "en un mundo relativista, de positivismo, sin proyección y a veces sin origen, lo que queda es la autonomía y el poder, lo que está en el origen de que hoy, a veces, también nos situemos todos como consumidoies de cualquier tipo de consumo". "La crisis espiritual de la democracia es una crisis de la ciudadanía", aterrizó al cabo de un rato.
Enmarcando la cuestión en "la desafección política", trató Avezuela de bajar más a ras de suelo el debate, hasta que dejó destilado lo que pretendía el moderador con una pregunta directa: "¿Qué está pasando con los liderazgos políticos?". No le resultó sencillo. Salió el tema de la verdad y su búsqueda. Ojo. No apareció Machado, sin embargo. "La polarización no es simétrica", restalló entonces la razón de Cayetana Álvarez de Toledo, quitándose culpas, como si, periodista que es, ignorase que existen las hemerotecas y que todo el mundo tiene un día un mal tuit... "Como no pudo gobernar por adhesión, divide, incluso por odio". Y le puso nombre y apellidos. "Pedro Sánchez Pérez-Castejón", señaló con los dos apellidos al aludido, no fuera a ser que se confundiera con el conductor del metro o el frutero.
En este punto, las cabezas se giraban hacia Argüello, para ver con qué lectura salía al paso o si directamente volvía a levantar el vuelo, mientras la marquesa hablaba de un enfrentamiento encarnizado que desde fuera de Madrid se ve con un punto alucinógeno y que a algunos que están en Madrid les dan ganas de ponerse cuanto antes a salvo.
"Necesitamos a los mejores, a los más honestos dedicándose a la política", planteó Álvarez de Toledo como bebedizo para reenamorar a esa ciudadanía con quienes debieran ser sus servidores, y que hoy abren telediarios con banquillos llenos de aprovechados surgidos de las dos grandes bancadas del Congreso. "Pero esa responsabilidad que tenemos los políticos, no exime a los ciudadanos de la suya", apostillaba la diputada y por debajo se oía un "claro", de Argüello, al menos en ese punto en plena comunión con la ilustrada agnóstica.
El arzobispo de Valladolid se remitió al evangelio según San Juan, a Poncio Pilato y a Barrabás, imagen que luego condensaría la filosofía del Derecho, añadió, y aludió al sentimentalismo legislativo y planteó por activa lo que Álvarez de Toledo dejó delineado: "Es hora de decir que los ciudadanos tenemos deberes, no se puede construir la democracia sólo desde el elogio de los derechos ni que la democracia consiste en que cada vez haya más derechos", cosas que otros pensaban también firmemente en la Iglesia antes de que León XIII sacase a la luz la Rerum novarum, por ejemplo. "Hace falta promover asociaciones en favor de los deberes humanos", propuso el presidente de los obispos en este punto, titular que la periodista acogió entregada.
"Hacen falta personas con autoridad, pero también militantes, una palabra que no está muy de moda, pero que tiene que ver con una comprensión de la vida cristiana también como un combate espiritual, y una militancia en favor de la dignidad y del bien común", cogió carrerilla Argüello, sin bajar a cómo hoy se concretaría eso, se está concretando y está pidiendo León XIV que se concrete, quizás por no chocar con su oponente dialéctica.
Tuvo que ser, de nuevo, Avezuela, quien intentase buscar el titular, aludiendo al tema de la regularización de migrantes que hoy ha aprobado el Consejo de Ministros, un proyecto que pretende sacar de la irregularidad administrativa la vida de entre 500.000 y 800.000 personas que hasta ahora no son ciudadanos ni objeto de derechos, por más que cumplan con sus deber de trabajar en condiciones en tantos casos de semiesclavitud. Y, por cierto, para cuya regularizaciín ha sido fundamental el papel de organizaciones eclesiales.
Un desacuerdo de guante blanco
Sabida la postura del PP de Cayetana Álvarez de Toledo (aquí, coincidentes), una especie de no es no aunque hayamos estado de acuerdo, pero Vox nos come electorado desde ahí y como ya la democracia cristiana de nuestros estutos primeros no la recuerdan ni lo que los redactaron, reconoció la diputada que "tenemos diferencias con la Conferencia Episcopal", y que "se sostienen sobre principios morales". Vamos, anunciaba desacuerdo. Pero sería de guante blanco. "No se puede beatificar a todo el colectivo y todos dentro", señaló sobre los inmigrantes, advirtiendo de una especie de "efecto llamada" con esta regularizaión. Ah. Y que buscaba "la polarización" este decreto. "Un inmenso error" resumió.
Argüello reivindicó la participación de organizaciones eclesiales en este proceso, señalando "un hecho": que "muchas personas se ven obligadas a salir de su propia tierra". "Nosotros decimos que todo Esdado, toda nación tiene derecho a regular sus flujos migratorios, y planteamos una ILP, porque este es un asunto mayor y necesita un acuerdo de Estado, y debe ser debatido en el Congreso, aunque no se ha producido nunca", lamentó.
"Han pasado cinco años y hoy vemos que esto se produce vía decreto, que ya se podía haber producido entonces. Desde estos hechos, de esta realidad de estas personas, ya trabajando, la posición de la Iglesia ha sido siempre la acogida de los que están, con promoción e integración y cuidado, combatir la causas y combatir las mafias", apuntó, lamentando de nuevo la falta de diálogo entre los partidos.
La politización de la religión o la ideologizacíón de la fe fue el penúltimo tema que introdujo Avezuela, metiendo en ese debate el aborto y la eutanasia o la guerra. Este último casi se le olvida. Es incómodo. Aunque León XIV lo tiene claro: "No se bendicen los conflictos". Álvarez de Toledo sacó de nuevo el tema de los migrantes para citar a Melloni en Rímini, achicando el espacio de Vox, que ella le disputa fieramente a un Abascal que se ha quedado también sin Orbán tras dar calabazas a la primera ministra italiana.
Retomó las indicaciones de Avezuela la aristócrata y se mostró partidaria –"yo hablo de frente"– del aborto legal en plazos, denunció "la maniobra política de blindar el aborto en la Constitución, los derechos frente a las derechas", y mostró su preferencia por una ley de cuidados paliativos en vez de la de eutanasia. Y salió la polarización, claro.
Parecía claro también en este punto del aborto el desacuerdo con Argüello. Imperó de nuevo el guante blanco. Fe y razón se sazonaban mutuamente. "En el hondón de la apuesta por la regeneración democrática" enmarcó el arzobispo la apuesta por la defensa y cuidado de la vida". "Para la defensa de la vida y estar de acuerdo en contra del mal llamado derecho al aborto, no hace falta ser creyente, es un asunto de razón", enfatizó el presidente del Episcopado. Y allí dejó flotando la sensación de que el acuerdo entre ambos, el creyente y la agnóstica, estaba muy por encima de estas diferencias. Unidos por otras creencias.
El César, Trump y el Anticristo
Sacó a Donald Trump Argüello con su famoso y rápidamente borrado meme en el que se presentaba "como una especie de Cristo", dijo el arzobispo. "En realidad diría uno: ¿Cristo a Anticristo?". Se preguntó. Si hubiese estado Trump le habría corregido. "Pensaba que era un médico". "Todo esto está diciendo algo –retomó el hilo Argüello–. Yo comenzaba hablando de una especie de crisis de la democracia", abundó, indicando que "hay que dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, lo cual no significa caminar en vías paralelas, porque hoy el César tiene pretensión de ser reconocido como Dios o tiene actitudes totalitarias propias de lo divino, y al contrario, la adoración de Dios es inseparable del lavatorio de los pies", subrayó. Y seguramente algún despistado pensó que se refería a Pedro Sánchez. El frutero, no. El otro. "A veces, queriendo dar a Dios lo que es de Dios, nos sentimos interpelados", remachó.
Sobre la visita del Papa a España, en la proyectada cita de León XIV en las Cortes, Álvarez de Toledo, como diputada, dijo que "lo valoro con mucha expectación", dando por hecho lo que los coordinadores de la visita pontificia no acaban de tener claro, echando las culpas al Vaticano. "El papa Francisco nunca vino a España". Afirmó. Silencio. "No digo nada", apostilló. Dejó correr un poco más de silencio. Risas en el auditorio.
"Me hace ilusión que venga". "Y me gustaría que hiciera una defensa del valor de la verdad". Probablemente de la suya. Quizás ese día puede que le rechinen también algunos de los mensajes que deje Robert F. Prevost en el hemiciclo. Quizás tenga que elevar la mirada al cielo del Congreso, a la cúpula con las marcas de las balas de Tejero. Y puede que allí recuerde algo de lo que advirtió la diputada en este punto. Del cainismo y del guerracivilismo.
Argüello, que anduvo al principio un poco mohíno con la visita del Papa, no porque no quiere que venga, sino porque quisiera que viniera más, también a Valladolid, y no tanto a Madrid, al Madrid de Cobo, espera de la visita algo muy previsible: "Que nos confirme a los católicos en la fe, en la esperanza y en la caridad", que si ya no está de base claro eso, y no digamos en los obispos, pues mal andamos y para ese viaje no hacían faltas las alforjas ni los besamanos a un millón de euros.
Fuera del ámbito católico, espera Argüello que la visita del papa Prevost sea para la sociedad española "un estímulo para la confianza, para reconocer un proyecto común y para la reconciliación y promover la amistad civil, sustento de la vida democrática en las claves que hemos hablado en esta conversacióin estimulante y grata". No aludió, sin embargo, a lo que espera que el Papa agustino les diga al conjunto de los obispos españoles. Que algún recado dejará caer. Ojo con el de Chicago. Que no le tiene miedo ni a Trump.
