Tomás Muro, delegado de Ecumenismo, analiza el pontificado de Munilla "La situación de San Sebastián es de abatimiento y desolación"
(J. B.).- "Es un hecho evidente (si se quieren ver las cosas) que, a raíz del nombramiento del Obispo Munilla para nuestra diócesis de San Sebastián, es difícil la situación que se nos plantea a muchos de nosotros, especialmente sacerdotes, y más que difícil, es más bien triste, de abatimiento y, empleando la expresión de san Ignacio de Loyola, de desolación". Así arranca la homilía que el pasado domingo leyó en su parroquia Tomás Muro Ugalde, delegado de Ecumenismo de la diócesis de San Sebastián y profesor del Seminario, y que hoy publica Atrio bajo el título "En tiempo de desolación".
En el mismo, y echando mano de San Ignacio de Loyola, Muro concluye que "en tiempos de desolación, no hacer mudanza", pero al tiempo realiza un análisis de la situación que se vive en la diócesis de San Sebastián tra la designación de Munilla.
"Hoy en día nuestra diócesis es una Iglesia débil, envejecida, con nostalgias profundas del Reino de Dios, que es quien nos salva", asume Muro, quien incide en que "el momento eclesiástico puede ser brillante, nuestro momento eclesial muy triste".
"Tan fácil como superficialmente se barajan argumentos manidos tales como comunión eclesial y diocesana, obediencia, fidelidad, etc., y se hace caso omiso de realidades anteriores e infinitamente más esenciales a los protocolos episcopales y eclesiásticos. Hay cuestiones como la misma persona humana, la libertad, la justicia, la razón, el pensamiento, la fe, el respeto, la creatividad cultural y eclesial que son muy -muy- anteriores a toda configuración eclesiástico-ideológica coyuntural. En una comunidad e Iglesia de JesuCristo hemos de amar y cuidar todas esas perspectivas primarias y esenciales", afirma el sacerdote, refiriéndose a los problemas fundamentales que asolan la diócesis guipuzcoana.
¿Cómo seguir adelante, pese a todo? Tomás Muro Ugalde es claro al respecto: "No es razonable vivir siempre en tensión y a bofetadas. No sería lo más mínimo cristiano entrar en una dialéctica de 'vencedores y vencidos'. Tampoco es sano el quedarse en una actitud de sometimiento al orden eclesiástico invocando la obediencia".
"Sería igualmente triste una comunión por sometimiento y dominación", añade, insistiendo en que "en la Iglesia no somos súbditos, ni reos: somos hermanos". Toda una declaración de intenciones, que prosigue con la Iglesia a la que asegura pertenecer el sacerdote: la del padre Decloux, la de Ricardo Alberdi, la de Múgica, la de Juan Mari Lekuona... la del Concilio. "Permanezco en lo que aprendí en aquellos años liberadores del Vaticano II: en su eclesiología, en la recuperación bíblica, en las formulaciones teológicas de aquellos grandes creyentes".
"Parece que con la nueva situación eclesiástica se nos está diciendo que todo lo hemos hecho mal. Se nos está diciendo que hemos traicionado el evangelio, hemos perdido el tiempo, litúrgicamente somos un desastre, hemos traicionado a la iglesia, al Reino de Dios, la secularización nos invade...", se queja Ugalde, quien no obstante, puntualiza: "Aunque no recibamos parabienes ni beneplácitos intramundanos, Dios bendice nuestro trabajo, hemos hecho lo que hemos podido. No hemos trabajado por el éxito, sino por el mérito y la gracia del Señor".
"No renuncio a pensar, buscar y respirar libremente", insiste, pese a que la "mala y frecuente tendencia eclesiástica es la de invadir los ámbitos más íntimos y profundos de la persona y su libertad". El texto concluye llamando a la paciencia, la libertad, la ayuda y la paz. Toda una carga de profundidad, con estilo y sincero.