Verónica María Mejía: "Queremos estar allí donde la vida clama, con audacia, creatividad y hospitalidad"

La nueva superiora general de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell defiende una vida religiosa abierta a los retos de la Iglesia y del mundo

Verónica María Mejía, nueva superiora general de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell.
Verónica María Mejía, nueva superiora general de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell. | Archivo

La religiosa argentina Verónica María Mejía inicia una nueva etapa al frente de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell tras ser elegida superiora general durante el XXVI Capítulo General, celebrado este verano en Madrid. Después de seis años formando parte del gobierno de la congregación como consejera general y responsable de la Región Vall d’Ora, asume ahora la responsabilidad de guiar un instituto presente en 11 países. Lo hace con la voluntad de fortalecer la Familia Janeriana, consolidar el camino sinodal iniciado por el capítulo y seguir manteniendo vivo el legado de la beata Ana María Janer desde la educación, la acción social y la misión compartida con los laicos.

Pregunta. ¿Cómo vivió el momento de ser elegida superiora general?

Respuesta. Me sentí verdaderamente llamada de nuevo por el Señor, a través de la mediación de las hermanas capitulares, para servir al Instituto en este momento de su historia. Al mismo tiempo, experimenté una profunda confianza en que el Señor me acompañará y en que la beata Ana María Janer también intercederá por mí. Al aceptar esta misión expresé mi confianza en el Señor, en la fundadora y en la ayuda de todas las hermanas para mantenerme fiel al servicio que se me ha encomendado.

P. ¿Cómo entiende el servicio de la autoridad en la vida religiosa? ¿Qué estilo de gobierno le gustaría imprimir?

R. Entiendo este servicio como una misión de animación, acompañamiento y promoción de procesos. El papa Francisco nos hablaba de los pastores que saben caminar delante, en medio y detrás del pueblo. Con ese espíritu deseo contribuir a consolidar los procesos ya iniciados y abrir otros nuevos, en fidelidad al espíritu del XXVI Capítulo General.

R. Sobre todo, quisiera ser hermana de mis hermanas y de todos los laicos que caminan en la Familia Janeriana, compartiendo la misión, escuchando, animando y caminando juntos con esperanza y confianza en el Señor.

Verónica María Mejía afronta su servicio como superiora general con el compromiso de fortalecer la Familia Janeriana y responder a los desafíos de la Iglesia y del mundo.
Verónica María Mejía afronta su servicio como superiora general con el compromiso de fortalecer la Familia Janeriana y responder a los desafíos de la Iglesia y del mundo. | Archivo

P. ¿Cuáles son las principales prioridades marcadas por el Capítulo General?

R. El XXVI Capítulo General ha sido un verdadero tiempo de gracia, de oración, escucha y discernimiento. Por primera vez los laicos han participado en un capítulo general de nuestro instituto, y eso nos ha enriquecido profundamente.

R. Hemos constatado que el carisma recibido de la beata Ana María Janer sigue muy vivo, especialmente allí donde la vida clama, donde el sufrimiento interpela y donde la caridad se traduce en hospitalidad hacia las personas más vulnerables.

R. De este discernimiento ha surgido un plan estratégico para los próximos cuatro años. Entre las prioridades destacaría fortalecer la Familia Carismática compartiendo vida, espiritualidad y misión; consolidar estructuras sinodales de corresponsabilidad, participación y comunión; y salir al encuentro de las vulnerabilidades de nuestro tiempo con audacia, creatividad y hospitalidad, defendiendo siempre la dignidad de toda persona.

P. ¿Qué mantiene vigente el carisma de la beata Ana María Janer?

R. La beata Ana María Janer fue una mujer profundamente enamorada de Jesucristo. Desde una espiritualidad centrada en la Encarnación supo descubrir el rostro de Jesús en cada persona y responder con ternura y entrega a las distintas realidades humanas.

R. Ese es el legado que nos dejó: la capacidad de encarnarnos en la realidad de nuestro tiempo para amar y servir al mismo Señor en cada uno de los hermanos y hermanas más vulnerables. Nos invita a estar presentes en las fronteras, allí donde la vida clama, haciendo visible el amor misericordioso de Dios a través de una caridad concreta, cercana y hospitalaria.

La nueva superiora general de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell apuesta por una vida religiosa marcada por la cercanía, la creatividad y la hospitalidad.
La nueva superiora general de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell apuesta por una vida religiosa marcada por la cercanía, la creatividad y la hospitalidad. | Archivo

P. La congregación está presente en 11 países. ¿Qué retos supone acompañar a una familia religiosa tan internacional?

R. Es una gran oportunidad porque la diversidad de culturas enriquece el carisma allí donde está presente. El gran reto es la movilidad y la cercanía: estar presentes y acompañar a nuestras pequeñas comunidades allí donde hacen visible el Reino de Dios en las iglesias locales.

R. Creemos en la fuerza de las comunidades pequeñas pero vivas, formadas por religiosas y laicos identificados con el carisma, que crezcan juntos en la vivencia de la espiritualidad y de la misión. Quisiéramos que cada presencia fuera un signo de esperanza, comunión y hospitalidad.

P. En los últimos años han abierto nuevas presencias, como en Canarias. ¿Cómo discernís dónde debéis estar presentes?

R. Los criterios principales son la opción preferencial por los más pobres y la prioridad evangelizadora. Además, contamos con un buen número de hermanas de mediana edad y jóvenes disponibles para asumir nuevos procesos misioneros.

R. Gracias a esa disponibilidad pudimos abrir nuevas presencias en Venezuela y en Canarias. Seguimos abiertas al discernimiento para responder con audacia y fidelidad a las llamadas del Espíritu, allí donde las necesidades de la Iglesia y del mundo nos inviten a servir.

P. La educación sigue siendo uno de los pilares de la congregación. ¿Cuál debe ser hoy el papel de la escuela católica?

R. Nuestras escuelas son espacios donde la vida es acogida y cuidada. En ellas proponemos un itinerario de formación integral que favorece el crecimiento humano y el desarrollo de la interioridad para que los jóvenes lleguen a ser personas capaces de construir una sociedad más justa y fraterna desde los valores del Evangelio.

R. Nuestro estilo educativo se caracteriza por el sentido de familia, la acogida, la sencillez y una sólida preparación humana y pedagógica del profesorado. Son ellos quienes hacen visibles, cada día, los rasgos del carisma que hemos recibido.

Recién elegida superiora general, Verónica María Mejía defiende una Iglesia más misionera y sinodal, abierta a las necesidades de las personas más vulnerables.
Recién elegida superiora general, Verónica María Mejía defiende una Iglesia más misionera y sinodal, abierta a las necesidades de las personas más vulnerables. | Archivo

P. ¿Qué necesidades detectan hoy entre las personas a las que acompañan?

R. Una de las más urgentes es la soledad. Muchas personas necesitan ser escuchadas, sentirse acogidas y saber que alguien camina a su lado. Es una realidad muy vinculada al ritmo acelerado con el que vivimos y a una cultura que a menudo dificulta el encuentro auténtico.

R. Como Familia Janeriana nos sentimos llamadas a responder ofreciendo una presencia cercana y compasiva, creando espacios de escucha, encuentro y cuidado donde cada persona pueda experimentar que es valiosa, amada y acompañada.

P. La disminución de vocaciones es un reto para muchas congregaciones. ¿Cómo lo afrontan?

R. Es un desafío importante, pero tenemos la certeza de que el Señor sigue llamando y despertando en muchos jóvenes el deseo de seguirle más de cerca.

R. Por eso ofrecemos procesos de acompañamiento personal y actividades de sensibilización vocacional en nuestros centros y comunidades. En estos momentos más de una veintena de jóvenes están realizando este camino de discernimiento.

P. ¿Qué diría a los jóvenes que se plantean la vida consagrada?

R. Les diría que no tengan miedo de confiar en el Señor. Él es quien siembra en el corazón los deseos más profundos y quien los lleva a su plenitud. Les animaría a dejarse acompañar y a escuchar con serenidad la voz de Dios.

R. También les invitaría a mirar a cada persona como un hermano o una hermana a quien amar y servir, descubriendo en ella el rostro de Jesús. El mundo necesita testigos de esperanza, fraternidad y amor.

P. Usted es argentina y ahora gobierna una congregación nacida en Cataluña. ¿Qué le aporta esta experiencia?

R. Haber vivido en comunidades de distintos países ha enriquecido profundamente mi vida, mi fe y mi manera de entender la misión.

R. Nuestras raíces catalanas nos dan una identidad profundamente marcada por la espiritualidad de la Encarnación. El legado de la beata Ana María Janer sigue inspirando nuestra manera de vivir la misión: llevar a Jesús allí donde estamos presentes y, al mismo tiempo, descubrirlo en cada persona, especialmente en quien más sufre.

P. ¿Qué aportación puede hacer hoy la vida religiosa femenina a la Iglesia?

R. La vida religiosa femenina sigue estando, en muchos lugares, en primera línea de la misión, allí donde pocos quieren o pueden llegar. Pienso en tantas hermanas que sirven en la Amazonía o que acompañan a víctimas de trata de personas, migrantes, personas con adicciones y tantas otras situaciones de vulnerabilidad.

R. Como Familia Janeriana queremos responder también a la llamada del papa León XIV a ser una Iglesia más misionera, cercana y sinodal, compartiendo vida, espiritualidad y misión entre religiosas y laicos.

La religiosa argentina Verónica María Mejía asume el liderazgo de una congregación presente en 11 países con la mirada puesta en la misión compartida y la atención a las periferias.
La religiosa argentina Verónica María Mejía asume el liderazgo de una congregación presente en 11 países con la mirada puesta en la misión compartida y la atención a las periferias. | Archivo

P. Cataluña sigue siendo la cuna de la congregación. ¿Qué papel debe desempeñar durante su mandato?

R. La Seu d’Urgell ocupa un lugar muy especial en el corazón de toda la Familia Janeriana. Allí reposan los restos de nuestra fundadora y es un lugar al que siempre volvemos para dar gracias, renovar la vocación y pedir su intercesión.

R. Desde La Seu d’Urgell nos sentimos enviadas de nuevo a la misión para compartir con el mundo el legado espiritual de la beata Ana María Janer y hacer presente, con nuestra vida y nuestro servicio, el amor misericordioso de Dios.

P. ¿Cuál debe ser hoy el testimonio de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell ante los grandes retos sociales?

R. Procuramos dar una respuesta evangélica a las necesidades más urgentes de nuestro tiempo desde las escuelas, las comunidades misioneras y las obras de pastoral social. Acompañamos a personas con adicciones, migrantes, personas trans, personas desplazadas y muchas otras que necesitan ser escuchadas y acogidas.

R. Fieles al carisma de la beata Ana María Janer, queremos seguir estando allí donde la necesidad se hace presente, haciendo de la hospitalidad, la cercanía y el servicio una expresión concreta del amor misericordioso de Dios.

P. ¿Con qué sueño le gustaría terminar su mandato?

R. Sueño con que nuestro instituto pueda llegar también a Asia.

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