Víctor Fernández, párroco de Los Gallardos: "Era como cuando imaginamos cuando nos hablaban del fuego del infierno"
En una entrevista con COPE, el sacerdote relata cómo el jueves por la tarde, antes de oficiar misa en la pedanía de Turre, “vi un poquito de humo lejos”. Tras la eucaristía, poco después de las nueve de la noche, el panorama ya era sobrecogedor. "Vi una nube grande de humo negro que ya me hizo intuir que esto no ha parado, he ido a más"
“Eran unas llamas desagradables, horribles. Como imaginamos cuando nos hablaban del fuego del infierno, pues una cosa así”. El párroco de Los Gallardos, Víctor Fernández, fue testigo directo del violento incendio que asola tierras almerienses y que, hasta el momento, se ha cobrado la vida de 12 personas, decenas de heridos y desaparecidos, y más de un millar de desplazados.
En una entrevista con COPE, el sacerdote relata cómo el jueves por la tarde, antes de oficiar misa en la pedanía de Turre, “vi un poquito de humo lejos”. Tras la eucaristía, poco después de las nueve de la noche, el panorama ya era sobrecogedor. "Vi una nube grande de humo negro que ya me hizo intuir que esto no ha parado, he ido a más". Poco después, las llamas avanzaban sin control por la montaña.
“Aquello me impresionó muchísimo de ver", confesó el padre Víctor, quien desde entonces se ha dedicado, como un ciudadano más, a ayudar a los damnificados. ¿Cómo están los vecinos? “Están cansados, con mucha incertidumbre" y "deseando volver a su casa, deseando volver a la normalidad".
Estos días, Bédar es un gran plató de televisión, y el párroco pide a los medios pensar en las víctimas antes de decidir publicar una u otra imagen, una u otra declaración. "Es doloroso que cuando uno está fuera de su casa, ver las imágenes que hemos tenido que ver de los coches calcinados", subrayó, en entrevista con Cristina López Schligting. “Yo comprendo el interés que tenéis los periodistas, pero a veces puede faltar un poco de humanidad, un poco de empatía”, sostuvo.
Como Fernández, el cura de Lubrín también acudió enseguida a la llamada del fuego, haciendo sonar las campanas de los templos. “Hasta que no tocaron las campanas la gente no salió de las casas", incidió.
En cuanto al futuro, el párroco reclama un cambio en la legislación, tal y como pide el mundo rural. “Antes íbamos, cogíamos el esparto, cogíamos el tomillo, limpiábamos, metíamos las cabras", ahora la ley “no permite ni desbrozar ni permite tocar nada”.
