Xavier Pomés: “La medalla Pro Ecclesia et Pontifice es un honor, pero sobre todo una responsabilidad”
El reconocimiento pone en valor su papel clave en el saneamiento económico de la diócesis de Almería y su trayectoria al servicio de la Iglesia y la comunidad
El papa León XIV ha concedido recientemente al barcelonés Xavier Pomés la medalla Pro Ecclesia et Pontifice, el reconocimiento más alto que otorga la Santa Sede. El premio pone en valor su papel decisivo en el saneamiento económico de la diócesis de Almería, responsabilidad que asumió como ecónomo en diciembre de 2022 después de su jubilación en San Juan de Dios. Durante este período ha vivido entre Barcelona, donde reside su familia, y Almería, ciudad en la que ha hecho “grandes amigos”. Médico y gestor con una larga trayectoria en sanidad y gestión social, Pomés comparte en esta entrevista su experiencia, los retos superados y su visión sobre el papel de los laicos en el servicio a la Iglesia.
Pregunta. ¿Cómo recibió personalmente la noticia de la concesión de la medalla Pro Ecclesia et Pontifice por parte del papa León XIV?
Respuesta. Recibí la noticia completamente de repente, con una gran sorpresa y emoción. Fue un momento especial que me hizo reflexionar inmediatamente sobre la importancia del servicio a la Iglesia. Al mismo tiempo sentí un fuerte sentido de responsabilidad, porque este reconocimiento no es solo un premio personal: implica estar aún más dispuesto a colaborar y trabajar en todo lo que se me pueda pedir para garantizar el buen funcionamiento de la diócesis y su misión pastoral y social.
P. El reconocimiento destaca su “papel decisivo” en el saneamiento de la economía de la diócesis de Almería. ¿Cuáles han sido los principales retos que encontró al asumir la responsabilidad como ecónomo diocesano en 2022?
R. Cuando asumí la responsabilidad económica, la situación era muy complicada. La diócesis se encontraba con un fuerte endeudamiento bancario, en el que la mayor parte del gasto solo servía para pagar intereses, sin posibilidad de amortizar el capital. Esto limitaba enormemente la capacidad de invertir en el mantenimiento de bienes, la acción pastoral y los programas sociales. Además, existía la necesidad de analizar cada servicio y cada edificio para determinar dónde era posible actuar sin comprometer la misión de la Iglesia, un reto que requería mucha planificación y rigor.
P. ¿Qué medidas o criterios de gestión han sido clave para avanzar hacia la estabilidad económica de la diócesis?
R. Hay tres líneas de actuación fundamentales que priorizamos. La primera fue establecer mecanismos presupuestarios y de control que permitieran hacer un seguimiento detallado de todos los edificios y servicios de la diócesis, para tener información clara sobre cada gasto e ingreso. La segunda fue renegociar con los bancos los préstamos existentes, con el objetivo de reducir el coste de los intereses y liberar recursos. Y la tercera fue analizar el patrimonio diocesano para determinar qué bienes podían venderse sin poner en peligro la acción pastoral, evangelizadora y social, de modo que los recursos obtenidos ayudaran a reducir el endeudamiento y mejorar la sostenibilidad futura.
P. Usted tiene una larga trayectoria en gestión sanitaria y social, especialmente en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. ¿De qué manera esta experiencia le ha ayudado en el ámbito de la gestión eclesial?
R. La gestión de un hospital tiene características muy concretas, pero al final la estructura de un presupuesto es muy similar en cualquier organización. Esta experiencia me ha permitido entender cómo identificar prioridades, adaptar los procesos de control y establecer mecanismos de seguimiento que aseguren que los recursos se utilizan de manera eficiente. En la diócesis pude aplicar este conocimiento para comprender las necesidades específicas de sus servicios y ajustar la planificación económica sin comprometer la misión pastoral ni social.
P. ¿Cómo entiende el papel de los laicos con responsabilidades profesionales en la administración y sostenimiento de la Iglesia hoy?
R. Es una responsabilidad muy grande y al mismo tiempo una oportunidad. Los laicos con experiencia profesional pueden aportar rigor, visión estratégica y competencia técnica, que son esenciales para garantizar una gestión sostenible y eficaz. Su trabajo no solo contribuye a la administración económica, sino que repercute en todos los ámbitos de la Iglesia, reforzando su capacidad de mantener y ampliar la acción pastoral, social y evangelizadora. Es un servicio que exige compromiso, pero que tiene un impacto muy significativo.
P. Este reconocimiento llega en un momento en que la diócesis vive, según el obispado, una etapa de mayor estabilidad. ¿Cuáles son ahora los principales desafíos para el futuro económico de la diócesis?
R. Ahora que hemos superado la fase más crítica, el reto es consolidar los recursos disponibles y mantener el equilibrio financiero. Hay que asegurar que existan suficientes recursos para el mantenimiento y mejora del patrimonio —iglesias, casas parroquiales, centros pastorales— y al mismo tiempo incrementar los fondos destinados a la labor asistencial y pastoral. El objetivo es que la diócesis pueda atender las crecientes necesidades de la comunidad sin perder estabilidad y garantizar la continuidad de su misión a largo plazo.
P. ¿Qué ha significado para usted personalmente poder prestar este servicio a la Iglesia desde una responsabilidad tan específica como la gestión económica?
R. Ha sido una experiencia que nunca habría imaginado vivir. Gestionar las finanzas de una diócesis me ha permitido conocer la Iglesia desde una perspectiva diferente, valorando la complejidad de sus actividades y la importancia de la planificación y la transparencia. Ha sido muy gratificante ver cómo una gestión ordenada y rigurosa puede repercutir directamente en la misión pastoral y social, y me ha hecho apreciar aún más la responsabilidad que implica trabajar al servicio de la comunidad.
P. La medalla le será entregada el próximo 17 de marzo por el obispo Antonio Gómez Cantero. ¿Qué significado tiene para usted recibir este reconocimiento en la propia diócesis donde ha desarrollado esta tarea?
R. Me siento muy honrado y emocionado. Recibir esta medalla de manos del obispo, que durante estos cuatro años me ha dado toda su confianza, es un momento muy especial. También es un reconocimiento compartido con los miembros del Consejo de Gobierno, los colaboradores de la curia, los sacerdotes, religiosos y religiosas, así como con todos los amigos que he hecho durante este tiempo. Me siento profundamente agradecido por la oportunidad de servir y por la confianza que se me ha otorgado.