Siete diáconos serán ordenados diáconos este sábado en la Almudena

Ordenaciones_diaconos_imposicion
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Cada vez que un nuevo aspirante llama a la puerta de la formación diaconal, no puedo evitar dar gracias al Señor. Es un momento que siempre me llena de esperanza. En una sociedad que tantas veces parece alejarse de Dios, comprobar que siguen surgiendo hombres dispuestos a responder a su llamada es un motivo de alegría y de confianza en la acción del Espíritu Santo.

Además, hay algo que sigue sorprendiéndome profundamente: la calidad humana y cristiana de quienes inician este camino. Son hombres con responsabilidades familiares, laborales y sociales; hombres que conocen las dificultades de la vida ordinaria y que, precisamente desde esa realidad, son capaces de decir sí al Señor. No responden a una llamada cómoda ni sencilla. Responden a una vocación que les exigirá tiempo, entrega, formación, oración y servicio. Y, sin embargo, aceptan comenzar un camino que les conducirá, si perseveran, hasta la ordenación.

Los futuros diáconos con el obispo Vicente
Los futuros diáconos con el obispo Vicente

Este sábado, en la catedral de la Almudena, siete de esos hombres recibirán la ordenación diaconal. Hace cinco años comenzaron su formación. Durante este tiempo han estudiado, rezado, discernido y servido. Han aprendido a mirar a la Iglesia desde la perspectiva del servicio y han ido configurando su corazón con el de Cristo Siervo. Ahora llega el momento en el que la Iglesia, a través de las manos de D. José, nuestro cardenal, les confiará un ministerio que los acompañará para siempre.

Al pensar en ellos, inevitablemente regreso a mis propios recuerdos. Todavía hoy me emociono al recordarme postrado en el suelo del Seminario Conciliar mientras resonaban las letanías de los santos. Escuchar aquellos nombres —San Esteban, San Lorenzo, San Francisco de Asís, San Efrén y tantos otros— era sentir que toda la Iglesia del cielo acompañaba aquel momento decisivo. No era un acto individual. Era la Iglesia entera acogiendo a un nuevo ministro para el servicio del Pueblo de Dios.

Postrado en la letanía de los santos
Postrado en la letanía de los santos

Por eso quisiera dirigirme especialmente a vosotros, los siete que vais a ser ordenados. Dentro de unos días escucharéis palabras que quedarán grabadas para siempre en vuestra memoria. Cuando el obispo os entregue el Evangelio, os dirá: “Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero; convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado”. Son palabras hermosas, pero también exigentes. El Evangelio no es únicamente un libro que se proclama; es una vida que se encarna. El diácono no es solamente un lector solemne de la Palabra. Está llamado a convertirse él mismo en Evangelio vivo para cuantos lo rodean.

Si quiero subrayaros que en el momento en el que estás recibiendo el Espíritu Santo, no os olvidéis de vuestras mujeres y de vuestros hijos, ellos también se hacen presente en vosotros y sobre ellos también se derrama esa gracia sacramental.

Os confieso también una pequeña tradición personal que pienso repetir este sábado. Al terminar la celebración buscaré a cada uno de vosotros recién ordenados para pediros vuestra bendición ya como diáconos. Es una costumbre que me resulta especialmente entrañable y que me lleva inevitablemente a recordar a San Francisco de Asís. Aunque todos lo recordamos principalmente como fundador y santo excepcional, no debemos olvidar que aceptó ser diácono y que ejerció con profunda humildad ese ministerio. Pedir la bendición a un diácono es reconocer la gracia que la Iglesia ha depositado en él y recordar que todo ministerio existe para acercarnos a Dios.

Recien ordenado diácono bendiciendo
Recien ordenado diácono bendiciendo | 5

Consejos podría dar muchos, porque todos los que llevamos años recorriendo este camino hemos aprendido lecciones importantes. Sin embargo, hay uno que considero fundamental: cuidad vuestra vida de oración. Entre las promesas que realizaréis se encuentra una especialmente hermosa, la de rezar diariamente la Liturgia de las Horas. Laudes y vísperas pueden parecer en ocasiones una obligación más dentro de una agenda ya cargada, pero con el paso de los años descubriréis que son una fuente inagotable de fortaleza espiritual. Los salmos enseñan a hablar con Dios cuando las palabras propias faltan. Nos permiten alabar, agradecer, suplicar y confiar. Nos unen a la oración de toda la Iglesia extendida por el mundo. En los momentos de alegría encontraréis en ellos motivos para bendecir al Señor. En los momentos de cansancio o dificultad encontraréis consuelo y esperanza. No descuidéis nunca esta oración porque constituye uno de los pilares más sólidos de la espiritualidad diaconal.

La vida de servicio que hoy abrazáis también tendrá sus momentos de sombra. Habrá incomprensiones, indiferencias e incluso menosprecios. En ocasiones sentiréis que vuestro ministerio no es comprendido o suficientemente valorado. No os extrañéis. El servicio cristiano nunca ha estado exento de la cruz. Sin embargo, os aseguro que todo eso ocupa un lugar muy pequeño cuando se compara con la inmensa cantidad de bien que se recibe.

Porque el ministerio diaconal permite contemplar de cerca la acción de Dios en la vida de las personas. Permite acompañar el dolor y la esperanza, la enfermedad y la recuperación, las lágrimas y la alegría. Permite anunciar el Evangelio, servir a los pobres, asistir al altar y colaborar estrechamente en la misión de la Iglesia. Y cuando uno entrega su vida de este modo descubre una verdad profunda: se recibe mucho más de lo que se da.

Diaconos_roma_bendicion de los hijos
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No olvidéis tampoco la grandeza de los gestos que comenzaréis a realizar desde el primer día. Cuando proclaméis el Evangelio en la Eucaristía, las palabras que salgan de vuestra boca ya  no serán simplemente vuestras. Serán las palabras mismas de Jesucristo dirigidas a su pueblo. Cuando preparéis el altar y asistáis en los santos misterios estaréis colaborando de forma directa en el sacrificio redentor del Señor.

Y cuando, durante la doxología final de la plegaria eucarística, elevéis el cáliz que contiene la Sangre del Salvador, hacedlo siempre con la conciencia de estar sosteniendo el tesoro más grande que existe sobre la tierra. En ese instante se resume toda la belleza del ministerio: servir para que Cristo llegue a los hombres y para que los hombres lleguen a Cristo.

Fraternidad diaconal de Madrid
Fraternidad diaconal de Madrid

Este sábado la Iglesia de Madrid estará de fiesta. Siete nuevos diáconos se incorporarán al servicio del Pueblo de Dios. Damos gracias por ellos, por sus esposas y familias, por sus formadores y por todos los que los han acompañado durante estos años. Damos gracias porque el Señor continúa llamando y porque siguen existiendo hombres generosos capaces de responder.

Que los primeros siete a los que pusieron las manos los apóstoles, entre ellos San Esteban, primer diácono y mártir; que San Lorenzo, modelo de caridad; que San Francisco de Asís, ejemplo de humildad; y que San Efrén, maestro de la fe, intercedan por estos siete hermanos que comienzan una nueva etapa de su vida. Y que nunca olviden que el verdadero sentido del diaconado está contenido en una sola palabra: servir.

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