Saber hacer bien el bien y saber hacer binen mal
La libertad es la facultad humana de elegir, actuar y decidir de manera consciente sin estar sometido a coacciones externas absolutas, abarcando dimensiones físicas, de movimiento y acción, como dimensiones internas, de pensamiento y autodeterminación, vinculadas a la responsabilidad de nuestras propias decisiones, dentro del marco o los límites de la libertad de los demás y con respeto pleno a los derechos fundamentales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Para el filósofo Locke la libertad está vinculada a los derechos del individuo, que termina justo donde empiezan los derechos de los demás, que decía “las leyes se hicieron para los hombres, y no los hombres para las leyes.
La Biblia explica muy bien de manera gráfica y directa lo que es la libertad. La Biblia es una recopilación de muchos textos, y uno de ellos se llama Eclesiástico, en el cual dice: “Ante ti puse el fuego y el agua, a lo que quieras tenderás la mano”.
El agua es vida: si tiendes la mano hacia ella tendrás vida; pero si la tiendes hacia el fugo te quemarás, y tendrás muerte.
Hay gente maravillosa que sabe hacer bien el bien y hace maravillas, como Teresa de Calcuta, Mahatma Gandhi, Luther King, Nelson Mandela. Pero los que saben hacer bien el mal, hacen tanto mal que son terribles para el resto de los ciudadanos. De estos tenemos ejemplos bien actuales, como Benjamín Natanyahu y Trump en Palestina que tanto sufrimiento causaron y aun siguen causando, como 12 víctimas este viernes pasado mientras asistían al funeral de otra víctima.
En tiempos de Jesús también había quien sabía hacer bien el mal, como nos cuenta el Evangelio de hoy de un enemigo de otro agricultor, que fue a sembrar cizaña la finca de su vecino para estropearle la cosecha de trigo, con la gran importancia que tenía ese cereal entonces, que era la base de la alimentación.
Pero Jesús no opta con odio y furia contra el sembrador de la cizaña, porque el final si no acabamos reconciliándonos puede suceder lo peor, como estamos viendo en Oriente Medio, o entre Rusia y Ucrania.
Pero Jesús tampoco peca de ingenuo, porque la cizaña acaba quemada. El mal no tiene la última palabra ni acaba siendo un destino fatal, como escribió Adolfo Bécquer en la Rima 60: “en mi destino fatal alguien va sembrando el mal para que lo recoja”. Si todos sembramos bien, todos recogeremos bien.
Quizá necesitemos preguntarnos si a veces nos dedicamos a sembrar cizaña, y sobre todo algunos políticos que para zaherir al contrario le adjudican intenciones y propósitos que no son reales. Sin lealtad y nobleza no es posible una convivencia constructiva.
En Gijón a 19 de julio de 2026
Feliz domingo a tod@s.-Faustino