Red Internacional de Sacerdotes contra el Genocidio-Sección Española
RED INTERNACIONAL DE SACERDOTES CONTRA EL GENOCIO-SECCION ESPAÑOLA.
El Presidente Donald Trump, después de apoyar a Israel, que mató a miles de personas (hombres, mujeres y niños) y destruyó Gaza sin dejar piedra sobre piedra, incluidos hospitales, escuelas, comunicaciones y servicios públicos, ahora propone una indecente e injusta ‘Junta de Paz’ para reconstruir Gaza, y pide ayuda a diversos países para la reconstrucción de Gaza, exigiendo que aporte cada uno al menos 1000 millones de dólares. Pero no para los gazatíes, sino para construir un emporio de lujo para el turismo de alta sociedad y montar así un negocio multimillonario.
Trump pasó también esta petición al Vaticano, a León XIV. Parolín, el Secretario de Estado del Vaticano, en vez de rechazarla de plano manifiesta que el Vaticano no está en condiciones de apoyar económicamente este proyecto, pero estudia a fondo la propuesta de Trump para participar en la 'Junta de la Paz' para Gaza.
Ante esto, la Red Internacional de Sacerdotes contra el Genocidio, quiere manifestar a la opinión pública lo siguiente:
RED INTERNACIONAL DE SACERDOTES CONTRA EL GENOCIDIO, SECCIÓN ESPAÑOLA
Carta abierta a Su Eminencia el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede.
Sr. Cardenal: Los sacerdotes reunidos en la red "Sacerdotes contra el genocidio" le escribimos con respeto filial y espíritu de fe, deseando contribuir, con nuestra pequeña aportación, a un discernimiento eclesial de estilo sinodal que pueda salvaguardar la credibilidad evangélica de la Santa Sede y la esperanza de quienes sufren.
Somos conscientes de que la posición de usted de hace unos días, difundida por los medios de comunicación, en relación con su evaluación de la invitación de Trump a la Santa Sede a unirse a la llamada “Junta de la Paz” estuvo dictada por la prudencia diplomática. Sin embargo, al mismo tiempo queremos señalar que, entre la gente común, entre los fieles católicos, esta "evaluación" está causando consternación y corre el riesgo de sugerir que la Santa Sede podría realmente apoyar esta propuesta.
Con franqueza evangélica, pedimos a la Sede Apostólica que se pronuncie y rechace abiertamente la invitación a unirse a la llamada "Junta de la Paz".
En efecto, por muy atractiva que sea la presencia de la palabra "paz" en el título de este proyecto político, el Evangelio nos enseña a reconocer la paz no como un término general, sino como fruto de la verdad, la justicia y la escucha sincera de los pobres y oprimidos. Y precisamente a la luz de esta medida evangélica vemos en esta operación algunos riesgos que parecen graves:
1. La paz no puede decidirse sin los directamente afectados por la guerra. Cualquier proceso que afecte al futuro de Gaza sin la participación plena y decisiva de la población palestina corre el riesgo de convertirse en un proyecto “sobre” ellos en lugar de “con” ellos. Es improbable que una paz sin participación genere dignidad y reconciliación; por el contrario, corre el riesgo de dejar heridas aún más profundas.
2. La Santa Sede no debe respaldar marcos que debiliten los reconocidos por el derecho internacional. La tradición diplomática del Vaticano ha enfatizado a menudo el valor del multilateralismo y la protección real de los civiles. Una estructura u organización percibida como una alternativa o un sustituto de los mecanismos de la ONU podría, incluso involuntariamente, transmitir la idea de que la fuerza y los intereses particulares prevalecen sobre las normas comunes y la protección de los más vulnerables.
3. La reconstrucción de lo destruido no puede ser un “negocio”: es una reparación humana y moral debida en justicia. Cualquier plan que dé cabida al lucro, la especulación o el control tecnocrático, sin prioridades claras para la vida cotidiana de las personas (hogares, escuelas, hospitales, infraestructuras, libertad, seguridad, trabajo), contradice la gramática evangélica de la compasión y la justicia.
4. La presencia de la Santa Sede, si se inserta en un marco tan controvertido, corre el riesgo de ser interpretada como una legitimación moral de esa iniciativa. Incluso con buenas intenciones, unirse a una estructura que suscita serias preocupaciones podría oscurecer la libertad profética de la Iglesia y socavar la confianza de quienes ya se sienten abandonados y esperan de ella una palabra firme que reclame justicia. Por estas razones, Eminencia, le pedimos que considere una opción diferente: no unirse a la “Junta de la Paz” y, en cambio, fortalecer aún más la contribución específica de la Santa Sede como voz moral que promueve el fin de la violencia, la protección de los civiles, el acceso humanitario, la actuación de las organizaciones sociales solidarias, la escucha de los pueblos involucrados y caminos de justicia capaces de generar una verdadera reconciliación. En este sentido, creemos que es valioso apoyar canales transparentes e inclusivos, en colaboración con organizaciones humanitarias confiables e Iglesias locales, sin asociar a la Iglesia con la lógica del poder ni del interés propio. Encomendamos esta petición a su cuidado paternal y a la sabiduría del discernimiento eclesial. Le acompañamos con la oración, para que el Espíritu Santo guíe a la Santa Sede por caminos que se reconozcan como caminos del Evangelio: «Bienaventurados los que trabajan por la paz», una paz “desarmada y desarmante”, en palabras del Papa León XIV, que no humilla ni excluye a nadie.
Con estima filial y en comunión, Miembros de la red «Sacerdotes contra el genocidio» - España 28 enero 2026.
En Gijón a 1 de febrero de2026
Feliz domingo a tod@s.-Faustino Vilabrille Linares