Los bandazos que da la tabla de salvación
Predicar moralidad constituye hoy día casi el único argumento para influir en el mundo que da de lado soluciones fundadas en la credulidad.
Sin embargo, la prédica moralista que la muy solícita Iglesia lanza a las aguas del mar embravecido de la modernidad como tabla de salvación, encierra contradicciones numerosas, históricas y racionales.
Hoy, sin embargo y al contrario que en tiempos pasados, en vez de tratar de imponer su normativa religiosa, se apropian de normas, postulados, sentimientos, estados de opinión que pertenecen al “sensus communis" y que cualquiera entendería como de orden natural. No otra cosa quiere indicar el sesgo de algunas encíclicas recientes referidas a asuntos “naturales”. Como antaño con cualquier manifestación humana, hoy quieren seguir haciendo divino todo lo humano. ¿Por qué y para qué?
Antes se apropiaban de montes, cerros y altozanos y los colonizaban; luego introdujeron el rito previo al funcionamiento de fábricas, trenes, aperos varios e incluso cañones y tanques: con un "hisopazo" les concedían validez funcional y podía comenzar la producción.
Quizá, ahora, apropiarse de la moral natural sea la nueva forma expeditiva de consagrar lo terrenal, no para hacerlo "divino", no, que eso les importa poco y saben que no sirve para nada, sino para controlar lo humano.Siempre ha sido así; la variación estaba en el mostrenco social. El último "objeto" lo hemos visto en la familia, perseguida ahora como "objetivo" de sus preocupaciones hechas ocupaciones. ¡Ay, aquellas misas en Pza. Colón que tanto pedigrí otorgaron al siniestro Rouco Varela!
La moral religiosa con el suplemento de que la ley produce el pecado y el pecado genera la culpa, se traduce en numerosas reglas de vida, en actos a realizar, mandamientos generales y pautas concretas de conducta.
Bien es verdad que muchos fieles ni lo creen así ni entienden que la conducta religiosa sea "ritualista" --y así lo manifiestan-- pero de hecho es a través de estas ordenanzas, cumplidas, como accede el creyente al sentimiento moral, que así queda magnificado como “moral religiosa”: uno es mejor si va todos los días a misa, es un decir, si se confiesa frecuentemente, si reza el rosario, si recita doscientas jaculatorias al día o si al salir de casa se persigna o si reza antes de las comidas o si se acuesta con oraciones al ángel de la guarda.
Admitamos, por darles la razón que les asiste, que cualquier vivencia, si no se hace rito, si no se concreta en actos, no tiene razón de ser ni entidad sustancial. Pero siempre persiste la duda. Hay un reflujo de ida y vuelta en su "vivencia" que no se sabe bien si es antes el huevo o la gallina, es decir, si ritualizan todo para decir que tienen "vivencia" o si el rito es fruto natural del árbol de la vivencia.