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Evolución o mutación del Dios de Israel

Ahí los tengo, impertérritos, estoicos, inmutables, afanosos, a diario... en su loable afán por esparcir la semilla del “Libro”, regalando incluso un ejemplar a quien se muestre interesado en conocer al “verdadero” Dios, a Joehová. Son un trío de vende-dioses entre Moncloa y Fundación Jiménez Díaz. Dan a conocer la Biblia. No les gustó nada que les citara y propusiera la lectura de determinados pasajes del Deuteronomio, especialmente los referidos a guerras y masacres a llevar a cabo con los vencidos. No querían dar explicaciones sobre tal dios. 

Y es que sigo sin entender cómo se las componen los herederos de este dios vétero-testamentario para justificar o siquiera entender al dios que aparece en el Antiguo Testamento. Debe ser el Dios-Malo, Padre del otro dios benigno, amoroso y acogedor que aparece en el Nuevo Testamento. O debemos cambiar las entendederas, como hacen los teólogos cuando tratan de explicar el sacrificio de Isaac y justificar el sacrificio de la hija de Jefté (Jueces, 11). Lenguaje simbólico. Todo debe ser simbólico o alegórico en la Biblia, nada es real.

Cierto es que ya nadie, con un mínimo de cultura bíblica, entiende el intento de sacrificio de Isaac a manos de su padre Abraham de manera literal. ¿Nadie? No estaría tan seguro por lo que se lee respecto a ámbitos usamericanos profundos. Cuesta creerlo, pero hay mucha gente para quienes los textos de las Escrituras son sucesos literales de los que hay que sacar enseñanzas hoy día.Consintamos, sin embargo, en que cualquiera con un mínimo de cultura acepta que el mito de Abraham no puede tomarse en sentido literal sino en sentido alegórico.

Pero si lo pensamos bien, ¿de qué es alegoría el intento de asesinato --“ofrenda a Dios” --, del propio hijo? ¿No podía pensarse que Abraham no podría aceptar tal dios que le exigiera algo contrario a las leyes naturales que el mismo dios había instituido? Algunos piensan que Dios probó la obediencia de Abraham. ¿Lección moral de cómo debemos obedecer a Dios? Por favor, ¿de dónde procede el pensamiento o quién le dice al hombre que un dios exige tal aberración? ¿O es que Dios, en aquellos tiempos, se manifestaba a cada creyente tan directa y frecuentemente y hoy no?

Y, por otra parte, si para obedecerle, ese Dios recurre a tamaños artificios alegóricos carniceros, verdaderamente no merece la pena tal dios. De hecho, la llegada del Nuevo Testamento supuso una solución, disolución y emulsión de la continuidad creyente.

Dicen los teólogos que realmente Dios no pretendía que Abraham matara a su hijo, que quería llevar al padre hasta el extremo de la obediencia. Y para el sublime destino que le tenía preparado –nada menos que padre de una nación— tenía que recurrir a una prueba extrema. Pamplinas. En modo alguno el Dios de Israel podía caer al nivel indigno de los dioses que exigían sangre humana para sentirse dioses.

Admitido: Dios puso a prueba a Abraham, pero sin llegar al límite de las consecuencias. De ahí que Dios mostró su bondad hacia Abraham, y por supuesto hacia Isaac, al parar en última instancia el golpe fatídico de la segur, que según parece era un enorme cuchillo.

Quizá el grandioso destino de Abraham no pueda compararse con el de Jefté. A fin de cuentas, Jefté desapareció en la bruma de la historia, de las leyendas más bien, como héroe menor; de éste nunca más se supo. Quizá porque su “caso”, además, era excesivamente copia de mitos bien conocidos entre los griegos, como lo es el de Ifigenia, sacrificada por su padre Agamenón a la diosa Artemisa.  

No deja de sorprender que Dios perdone la vida a Isaac, pero no se la perdone a la hija virgen de Jefté (Jueces, final del capítulo XI). ¿Qué Dios tan incoherente, por no decir extravagante, es éste? ¡Y qué Dios tan misógino que perdona al varón y no a la doncella! Ya sabemos el motivo, porque la mujer compite con los dioses en traer la vida. 

Nada menos que 20 ciudades de los ammonitas cayeron en poder de Jefté, aparte de la derrota y devastación total inferida, algo que venía siendo habitual en tiempo de Josué y Jueces. Pero...

Absurdos que siguen: la hija lo entiende; no protesta porque sabe que Dios le ha concedido la victoria; le pide dos meses para ir por los montes con sus amigas ¡a llorar su virginidad! Al cabo de los dos meses, el padre “cumplió en ella el voto que había hecho. No había conocido varón”.

La Biblia que manejo, en nota aparte advierte que tal sacrificio fue llevado a cabo, pero fue ilegítimo y contra toda ley. Y no era algo extraño, dice, porque Israel vivía en un ambiente religioso-moral del que quedó inficionado.

Sí, “inficionado”... ¿Pero Dios también?

De nuevo, lo de siempre, algo que ya cansa repetirlo: ¿cómo el Dios del Antiguo Testamento puede ser tan distinto del Dios amoroso con el que HOY se extasían los creyentes? Los prosélitos de la religión judía, cuyo libro es el A.T. deben sufrir exceso de tortícolis al meditar en los distintos dioses que aparecen en “el Libro”.

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