“Mundo, demonio y carne”

Con rotundidad, evangelio y solemnidad, el Papa ha vuelto a pedir perdón a la Iglesia universal, a la sociedad y a las personas y familiares directamente afectados a consecuencia del delictivo comportamiento de determinados sacerdotes en relación con el tema de la pederastia. La ocasión para ello, y en el marco más religioso y litúrgico del que dispone la Iglesia se la ha proporcionado la clausura de la celebración del Año Sacerdotal. El gesto del Papa y alguna de sus palabras han suscitado multitud de comentarios. De entre ellos ponemos el acento en los siguientes:

. Sí, ciertamente, a los sacerdotes se les demanda una formación y estilo de vida en la actualidad, al que difícilmente pudieron tener acceso en los Seminarios en los que no se les capacitó para realizar su misión en conformidad con las aspiraciones pontificias. No pocos sacerdotes -tal vez la mayoría- de los todavía hoy ejercientes, se educaron en los llamados Seminarios Conciliares, en disciplinas y métodos exigente y conciliarmente preclaras, con mención sacrosanta para el de Trento. Y se les educó no sólo ajenos y alejados de la vida, sino en gran parte hasta enemistados con ella El “mundo” alcanzaba en esos centros la misma descalificación ascética y teológica que el “demonio” y la “carne” en la terminología de los “enemigos del alma”. Están por redactar -y quiera Dios que permanezcan inéditos- tantos capítulos vividos por los aspirantes al sacerdocio, durante los largos, yermos e inhóspitos años de su formación.

. Es verdad que en los últimos tiempos, al menos exteriormente, están cambiando algo las cosas. Pero los seminarios siguen siendo seminarios y los seminaristas siguen siendo seminaristas, con toda la carga de separación y casta que incluye este término. Ser, estudiar, vivir, y hasta vestir, habitual y talarmente de modo distinto al del resto de los mortales, ya desde la juventud, no facilita, sino todo lo contrario, la inserción -encarnación- en la sociedad, primera condición para hacer y recibir el bien. Todo lo que imprima carácter, también socialmente, tal y como acontece todavía y en gran parte en relación con el ejercicio pastoral y ministerial, distancia, repudia y, consecuentemente, es rechazado.

. Posiblemente que el grave problema que han de afrontar e intentar resolver los curas y los formadores de curas es tan elemental como el de qué es eso de la teología, de la Iglesia, de la salvación y de los mismos curas y si lo que se nos presenta y presentamos como uno e inequívoco, y con tantas amenazas de excomuniones para su conservación intacta, indemne, virginal e inquebrantable, tiene que ser así y nada más que así, siempre y en todas partes.

. Damos por supuesto que parte importante del problema radica precisamente en el planteamiento teológico que se mantiene del propio sacerdocio y si la profundización en el mismo podría o no abrir las puertas a la concepción y ejercicio al sacerdocio dimanante de la recepción y consecuente consciencialización del sacramento del santo Bautismo. Es este uno de los capítulos de la teología en los que la reflexión se fija ya y se fijará en mayor proporción, gracia de Dios y sentido de Iglesia desde la dinámica de ecumenismo y universalidad a ella inherente.

.Cualquier reflexión sobre el tema del sacerdocio en la actualidad, y en el contexto puramente disciplinar, incluirá asimismo la conveniencia o no del celibato opcional y del sacerdocio femenino. Se trata de un tema ante el que una buena parte del Pueblo de Dios se sitúa, juzga y está en disposición de aceptar con mayor capacidad de comprensión, naturalidad sobrenatural y sentido pastoral y evangélico que la misma Jerarquía.

. Los conceptos de “persona normal” y sacerdote-cura han de establecer una feliz y redentora relación sacramentaria, gracias a la cual la Iglesia en la actualidad se enriquezca con toda clase de bienes y medios sobrenaturales, efusivos al resto de la colectividad por el ministerio de la palabra y del testimonio encarnados. Desde fuera y al margen de otros conceptos, la redención y la vida han de resultar siempre y por definición uncidos y aplicables. Planteamiento sacerdotales como los que hoy se siguen imponiendo y practicando unívocamente en la Iglesia católica es posible que contribuyan a que, pese a tantas y tan graves lamentaciones, como las que han definido el Año Sacerdotal, limiten su celebración de aquí en adelante.

© Foto: luigi diamanti
Volver arriba