EL ROSARIO DE MI ABUELA

Una de mis abuelas se llamaba María de los Remedios. Así, con todas sus letras y sin apócopes de ninguna clase, como podría ser el de “Reme”, Mari-Reme o Remedios-María, al que se acogería alguna de sus nietas. Mi abuela era muy santa y muy buena. Y muy devota de la Virgen de Rosario, a la que obsequiaba diariamente con el rezo de al menos cinco de los quince misterios, las letanías, y algunos padrenuestros por los fieles difuntos. A la vez que realizaba estos rezos, mi abuela disfrutaba del don de la santa ubicuidad y no se privaba de charlar con las vecinas, y hasta de leer simultáneamente el periódico editado por la “Editorial Católica” en la región. Mi abuela frecuentaba las procesiones, con inclusión de las del Rosario de la Aurora, sin querer que se le explicara lo del “terminó como el Rosario de la Aurora”, es decir, a farolazos y en desacuerdo vecinal cristiano. Mi abuela fue siempre mujer de paz y de “remedios”, haciendo honor a su nombre. A su muerte y tal y como ella dejó expresamente consignado, un rosario se entrelazó en sus manos.

En los tiempos actuales, y a consecuencia del imperante poderío irracional de los coronavirus y de otros tantos males, el papa Francisco ha promocionado una campaña universal del rezo del santo Rosario , que la misma Virgen María adoctrinara a practicar al español, santo Domingo de Guzmán ,”nacido el de agosto de 1170 en Caleruega, provincia de Burgos, canónigo de la catedral de Osma, hijo de Félix y Juana, familia creyente y muy encumbrada , parientes de los reyes castellanos y de León” y, por fin, fundador de la gloriosa Orden de los Predicadores, popularmente conocida como los “Dominicos”.

El eco de la sugerencia del papa Francisco está siendo ciertamente espectacular y no solo en los 30 santuarios marianos elegidos especialmente para tan devoto menester, sino en parroquias, iglesias y ermitas, por lo que serían oportunas determinadas consideraciones.

“Rezar –“dirigirse a una divinidad o a un ser digno de culto”-, es algo más -bastante más- que recitar unas fórmulas verbales, de cuyo contenido apenas si se tiene conciencia, a consecuencia de las rutinas que conlleva la persistente reiteración de los términos empleados. No todo rimero de palabras, aún las enlazadas con tonalidades y gestos piadosos, son y saben a rezos. Si la rutina es lo que le marca el ritmo a la pronunciación y dicción de las mismas, por muchas “avemarías” que se recuenten, de diez en diez, y a la sombra de misterios gloriosos, dolorosos y gozosos, el Rosario quedaría inédito y sin rezar.

El Rosario y sus misterios precisan preparación y actualización. Hoy no se puede rezar como lo hacía mi abuela María de los Remedios, aunque “oficialmente” tal tarea, al menos, en las televisiones, la acaparen para sí los señores obispos. La idea de “Iglesia sinodal y en salida”-no hay otra-, pregonada tan audazmente por el papa Francisco, no cultiva en demasía los -las- “mantras” –“sílabas, fonemas, pensamientos o grupos de palabras” – budistas y de origen sánscrito. Es más que posible que a la Virgen no le agrade este tipo-fórmula de rezos.

Un “SÍ” popular, reverencial, devoto y sincero al Rosario que “en aquellos entones” rezaba mi abuena, simultaneando sus misterios con las noticias del periódico y las del vecindario. Pero un “NO” al que se pretenda imponer, o sugerir, a sus nietos. Nietos y nietas están incapacitados para seguir estos ritmos, sin apenas poder interpretar, como corresponde, lo del “ora pro nobis”.

El Rosario demanda otro esquema ascético, teológico, pastoral y bíblico, por muy indulgenciado que esté. De las letanías lauretanas no es impiadoso aseverar que difícilmente las entiende la misma Virgen del Rosario. De lo de “turris davídica”,” turris ebúrnea”, por citar algún ejemplo, en latín o en lengua vernácula,” pasa” de ello la Virgen. Son piropos marianos ininteligibles para ella y para quienes se los dedican con devoción y fervor. Sin embargo, lo de” Nuestra Señora de Desatanudos, rogad por nosotros, Amén”, lo entiende y atiende a la perfección, como asegura el papa Francisco.

El Rosario-Rosario -conjunto de rosas- jamás será fuente ni ocasión de aburrimientos para abuelas y nietas, aún convencidas unas y otras de que quince misterios son muchos misterios…A la Orden de Predicadores, guardiana y custodia del tesoro del Rosario, le sobran teólogos y poetas para su reforma a tiempo.

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