Requiem Por La Curia

In itinere: Antonio Aradillas
28 jun 2013 - 17:22

Por muy buenas intenciones que parezca tener, y tenga, el Papa Francisco, la reforma de la Iglesia es ya inaplazable. Sin concesión alguna al lenguaje apocalíptico, esta aseveración es mandamiento de actualidad apremiante e irrenunciable.

Como la “Sagrada Curia Romana” es el exponente explícito y representativo de esta situación, y como por otra parte da la impresión de ser ella objetivo primario de la programación reformadora del Papa, creo deber cristiano remarcar algunas de sus áreas, es decir, todas, en las que la reforma habrá de hacerse presente a modo de huracán de aire fresco, desatascando sus puertas y ventanas, de todo cuanto huela a rancio y añejo, como es tan público y notorio.

. La Curia romana es para muchos, la mayoría, sola y toda la Iglesia. El resto del Pueblo de Dios apenas si cuenta para la opinión pública. “Lo ha dicho o hecho la Iglesia” – la Curia-, acapara de modo eminente, y con carácter de dogma, la palabra y la representación “oficial” de la Iglesia de Cristo.

. La Curia romana ejerce este convencimiento popular generalizado y “católico”, con plenos poderes y sin explicación y excusa alguna

. La Curia romana es la que dicta las normas y leyes, con sus cánones e interpretaciones, y con muy reducidas posibilidades de modificación y enmienda. Se acoraza detrás del veredicto de que esta y no otra- , es –tendrá que ser- la voluntad del Papa y de Dios, por lo que las impugnaciones son todas condenables.

. El nombramiento de los obispos es competencia de la Curia romana, aunque se enmascare con las bambalinas de las Comisiones o Congregaciones, Las recomendaciones deambulan por los dicasterios, con esclavinas de diversos colores, con trajes talares, con corbatas y con naturalidad, pero esta siempre carente de sobrenaturalidad.

. A quienes - teólogos o pastoralistas- , no estén de acuerdo con lo que la Curia romana

adoctrine que es lo más adecuado para la Iglesia oficial, y esto no le creará problema alguno, el comportamiento de los curiales no tiene parangón alguno con lo establecido y practicado con las leyes laborales al uso. La contundente expulsión de sus cátedras, de su ministerio o actividad, es inaplazable y hasta indulgenciada para los administradores de la ortodoxia, sin ahorrarse condenaciones para esta vida y también para la eterna.

. La Curia romana hace oficialmente “santos” a los santos, pero predilectamente a quienes, siéndolo de verdad, los demás, cristianos o no, sus beatificaciones o canonizaciones honran y prestigian a Prelaturas, Congregaciones e instituciones concretas. La declaración de “santos” –mediadores ante Dios, y ejemplos de vida- es de radical importancia en la Iglesia. “Dominar” esta parcela eclesiástica, es transcendental, también en la organización cívica y social.

. Es preferible olvidar, o pasar por alto y con asco, el capítulo bancario administrado por la Curia romana. Denuestos antológicos y condenatorios ciñen a quienes hicieron anidar en institución teóricamente sagrada a sus responsables. La descrismación con todas sus consecuencias humanas y divinas, debiera ser su castigo.

. El desconocimiento, o el no fulgurante exilio de los pederastas, en su diversidad de grados, jerarquías, órdenes y rangos, demandan “en el nombre de Dios” la desaparición de la Curia. En la nómina de los laicos/as, hay personas capacitadas “y con los pies en el suelo” para afrontar la mayoría de las actividades curiales con evangelio, preparación y prestigio profesional y social.

. El Papa que no decidiera ya afrontar de verdad, con sentido auténticamente penitencial, cristiano y humano a la vez, el problema de la Curia, estaría abocado a tener que seguir los pasos de su antecesor, avejentado, maltrecho y decepcionado y al borde de del bochorno y de la vergüenza.

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