Más curas de pueblo
. Sería hasta justo y legítimo que el concepto y el término “huelga”, por ejemplo, la no celebración un día de misas, o de otras actividades litúrgicas, se hiciera presente y se tuviera en cuenta al afrontar determinados problemas de orden sacerdotal, sin incidencia alguna con el dogma y sí con la disciplina eclesiástica y sus procedimientos de por sí, y por definición, cambiantes ¿Qué ocurriría en el caso de que, habiendo fracasado toda clase de diálogo -¿diálogo dentro de la Iglesia?-, ante hechos y reclamaciones justas, no se hubieran recibido, o se eternizaran, las respuestas y los sacerdotes hubieran llegado a la conclusión de haber agotado y recorrido todos los caminos? ¿Cuál sería -está siendo ya- la reacción de la Jerarquía, del resto de los sacerdotes y del Pueblo de Dios? La exposición de casos concretos sería ancha y muy dolorosa, por lo que opto por aplazar su cita, si fuera menester, para otra ocasión, limitándome sólo a referir que la solución, tanto en el ámbito disciplinar como en el administrativo, depende en estos casos de los señores obispos.
. Releyendo algunos comentarios emergidos de la presentación de mi “Curas de pueblo”, en su letanía de consideraciones destaco el conturbador interrogante que a sí mismo se formula uno de los lectores: “¿Respeto y comprensión cristiana y humana pide usted dentro de la Iglesia?”. Soslayo la gravedad de los signos de la interpelación y su posible desliz y me fijo, como otro comentarista apunta que, ante casos como el del abandono -sic- de sacerdotes mayores “los superiores miran para arriba y silban”, apostillando yo por mi cuenta que al menos eso lo harán con música “gregoriana”…
. … “Príncipes de la Iglesia que condenan a sus inferiores a morir de asco”… El anticlericalismo, cuando es clerical, es mucho más preocupante y más asilvestrado que el otro. Hay alguno que tacha mi “post” de “jocoso, superficial y simplista “con alabanzas supremas a la “vocación”, concepto que dudo si escribir con la “v” latina de “llamada” o con la prosaica “b” de “boca”, carrera, profesión o actividad, en unos tiempos en los que comenzaron a estudiar en los Seminarios Conciliares y Colegios Religiosos los que en la actualidad aspiran a que se les conceda una plaza en los asilos de ancianos.
. Totalmente de acuerdo en reconocer la pobreza, la austeridad, la capacidad natural y sobrenatural de servicio de los curas de pueblo y lo que le han supuesto y suponen a la colectividad y a la cultura popular, sin aditamentos católicos o apostólicos. De acuerdo también con lo que el mismo comentarista refiere acerca del “boato exuberante y pontifical de Cardenales y Obispos”, lo que en la actualidad constituye un extemporáneo alegato y remembranza medieval, necesitadísimos de ser corregidos y adecuados a los tiempos de veracidad, sencillez y Evangelio que hoy tienden a imponerse en instituciones y en personas. Habiendo mitigado los militares -aunque por otras razones- sus títulos, medallas, tratamientos y saludos, a los miembros de la Jerarquía Eclesiástica les falta por recorrer un largo -larguísimo- camino para tratar y ser tratados al menos como personas normales.
. Desgraciadamente no todas las diócesis cuentan con residencias, casas sacerdotales y otras instalaciones para que en ellas pasen su última etapa sus “curas de pueblo”, quienes frecuentemente han de seguir celebrando sus misas con el fin de percibir unos estipendios que le ayuden a completar los menguados euros que tienen asignados.
. Carmen, la Iglesia -Nuestra Santa Madre la Iglesia- no es una “mala madrastra”. Yo diría que “en la Iglesia hay padrastros que ni ejercen, ni ejercieron ni, por lo visto, están en disposición de hacer “madre” a la Iglesia, tal vez por no haber sabido jamás ellos ejercer de “padres”.
. Por favor, y por respeto a la información bibliográfica amparada y suscrita por mi nombre y apellido, no me llamen “machista”, sin antes haber leído alguno de mis libros dedicados a la mujer con títulos tan aguerridos como “Sí, mujer”, “La Iglesia, último bastión del machismo”, “Mujer creciente, ¿pareja menguante”, “¿ Señora de…” y otros. Gracias.
© Foto: Simon Howden