Guerra, sequía..., hambre

El hambre en el mundo ha crecido en el último año pues ha pasado de afectar a 42 millones de personas a 45 millones, pero las cifras serían mejores si restáramos los números de Afganistán que está al borde de una catástrofe humanitaria. La nación cuenta con 38 millones de habitantes de los cuales 23 pasan hambre y otros 9 se están muriendo por falta de comida de lo que dan cuenta datos locales que hablan de familias enteras falleciendo en sus hogares. Los pobres afganos están vendiendo todo lo que tienen para llevarse a la boca un trozo de pan, incluso venden a sus hijas y la llegada del invierno prevé mayores dificultades

Las condiciones del país ya eran malas antes de la caída en agosto de Kabul. La ayuda extranjera que suponía un tercio del presupuesto nacional ya no llega y las reservas que tenía el gobierno se han congelado. Medio millón de soldados y policías han perdido sus trabajos y los funcionarios llevan sin cobrar sus sueldos varios meses. La ONU considera que, en menos de un año, sólo el 3% de la población podrá alimentarse y ha emplazado a todos los países para que aporten 600 millones de dólares, pero sólo un tercio de esta cantidad ha llegado a su destino y la FAO advierte que harán falta 200 millones de dólares mensuales para evitar una catástrofe

Pero incluso si llega el dinero no será más que un parche pues la economía del país no funciona, se ha atrofiado y las pequeñas empresas van cerrando poco a poco. Para colmo se ha entrado en un periodo de sequía y ya ni las cabras encuentran hierbas que comer. El problema que se plantea al mundo civilizado es que si las reservas y la ayuda llegan a Afganistán, el dinero caerá en manos del gobierno talibán en el que algunos ministros, como Sirajuddin Haqqani, son considerados terroristas y los occidentales reclaman un gobierno que represente a todos los ciudadanos del país y garantice los derechos de las mujeres y de las minorías

¿Qué pesa más la muerte por inanición o la falta de derechos de algunos afganos? Las demandas de las democracias occidentales son correctas pero el gobierno talibán no parece que se preste a introducir novedades en sus leyes y costumbres y matar de hambre a los presuntos individuos que se quiere proteger, no parece el mejor camino. No hay otra vía que trabajar con los talibanes, por muy desagradable que sea. Su llegada al poder ha sido una tragedia para los afganos pero castigarlos dejándolos morir de hambre es tan cruel como las muertes que causan sus gobernantes

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