Dorothy Day

En la última encíclica papal, Magnifica humanitas, sale el nombre de Dorothy Day, una de las pocas mujeres que nombra el documento. Cuando leí su biografía me fascinó su vida que se fue desarrollando a lo largo del siglo XX. Era coetánea nuestra

Tras la lectura de un par de biografías sobre su persona quedé prendada por su generosidad aplastante. Como veía a Jesucristo en el rostro de todas las personas fue capaz de convivir con locos, alcohólicos, borrachos y drogadictos a los que prestaba su cama si no había ninguna libre. Que una mujer de clase media amante de la literatura, de la música, de la cocina, del teatro, de la belleza de la naturaleza… fuera capaz de renunciar a todo me pareció heroico

Tuvo una vida agitada. Fue amiga de intelectuales, se enamoró y cuando quedó embarazada, su compañero la hizo abortar. Un hecho tras el que hizo dos intentos de suicidio. Volvió a enamorarse y tuvo una hija. El amor desbordante por su pareja y por su hija le hicieron acercarse a Dios, decidió el bautismo de su hija y el suyo. A partir de ese momento dedicó su vida al prójimo y para fortalecerla espiritualmente, iba a misa todos los días donde se encontraba con Jesucristo espiritualmente y con sus pobres corporalmente. Sus amigos le gastaban bromas diciendo que en las cafeterías pedía salmos

Fue pionera en la línea de un cristianismo firmemente apoyado en el apoyo al prójimo, especialmente al más necesitado, sin abandonar la ortodoxia, algo que es muy difícil de coordinar. Las páginas del periódico que fundó le sirvieron para denunciar los temas más candentes del mundo y cuando vio que las denuncias no surtían efecto, se puso manos a la obra.

En su funeral abarrotado había borrachos y drogadictos durmiendo en los bancos. Dorothy dejó un gran legado a su muerte había 250 casas de hospitalidad, para los sin techo. Fue declarada sierva de Dios por el Papa Juan Pablo II en 1996. El Papa Francisco, en el congreso de los Estados Unidos, en 2015 la recordó: “En estos tiempos, en que las cuestiones sociales son tan importantes, no puedo dejar de nombrar a la sierva de Dios, Dorothy Day, fundadora del movimiento Catholic Worker. Su activismo social y su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio, en su fe y el ejemplo de los santos”

Tanto me gustó su vida que escribí en primera persona su autobiografía, Perseguida por el amor, en la editorial Mensajero. Imagino en el libro que al atardecer de su vida escoge como interlocutor de su pasada existencia a Dios, a sabiendas que el diálogo se convertiría más bien en un monólogo ya que Dios no contesta muchas veces y cuando lo hace aparece en mensaje encriptado. Ve su camino plagado de señales de Dios que no advirtió o no quiso advertir…, hasta que lo hizo

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