Himno a la vida
Cuando comenté con mis amigas que iba hacer un blog para hablar del nuevo libro que acaba de publicar Giséle Pericot, me dijeron, poco menos que estaba loca. Para los que no sepan quién es esta mujer se lo recordaré. El juicio contra su marido y 51 varones, personas con diferentes ocupaciones, se llevó a cabo en el 2024. Les achacaban haber violado a Giséle, aprovechándose de que su esposo la había drogado y no se enteraba de nada. Es escalofriante pensar que todos vivían en un pueblo pequeño y se conocían. El panadero le despachaba el pan, en correos sellaban sus cartas y en el supermercado se encontraba con muchas personas que la saludaban. Todos la hablaban cordialmente de día y se aprovechaban de ella por la noche
Por su biografía he visto que nació en 1952. Una época, imagino que también en Francia, donde las mujeres éramos educadas en la defensa de nuestro pudor y pureza. Incluso nos presentaban como ejemplo de vida a María Goretti, una niña que murió en su defensa para no ser violada. Espero que en su biografía de santidad aparezcan otros motivos en cuanto que todas las mujeres nos defenderemos ante una violación
Mis amigas decían que era imposible no conociera nada, que no estaba suficientemente drogada y que se lucraba del dinero que ganaba su marido. Los argumentos de siempre por los que las mujeres tenemos miedo a denunciar. Con frecuencia no nos creen y nos echan en cara haber puesto de nuestra parte
Esta mujer que acudía al juzgado con grandes gafas negras, no se ha ocultado por vergüenza y ha escrito un libro titulado Himno a la vida. Los primeros compases de su biografía son bastante trágicos, la muerte prematura de su madre, una madrastra que le hace la vida imposible y el suicidio de un hermano. Pero de esa niñez es capaz de recordar con ilusión la mesa de la cocina familiar donde siempre había una hogaza de pan
Confiesa que, durante una época, por los síntomas que tenía, creía que se estaba muriendo. Dejó de conducir, no se acordaba de momentos de su vida, estaba exhausta y perdió mucho peso. Los médicos no encontraban nada y decían que era producto del envejecimiento. Sólo cuando fue capaz de reconocer que estaba drogada, el médico descubrió que tenía una infección del útero y otras consecuencias derivadas de las cotinuas violaciones a las que había sido sometida
Su vergüenza aumentó cuando se proyectaron videos en el juicio que fueron rodados cuando ella era violada. En esos momentos pensó que la vergüenza tenía que cambiar de lado, encontró personas que la ayudaron y fue capaz de amar de nuevo. En el libro describe una vida con belleza, esperanza, deseo, rabia y dolor. Su historia de abuso resulta difícil escuchar ya que, como en los papeles de Epstein, el poder tiende siempre a ganar
La lectura de esta historia trágica me ha permitido descubrir a una persona que ha sabido navegar por aguas turbulentas y no se ha ahogado. Dice que contó con la ayuda de muchas personas y eso me advierte contra la ligereza de condenar a las personas sin ponerme al lado de los que sufren. Que Giséle haya sido capaz de escribir un Himno a la alegría me hace pensar que la Esperanza, con mayúscula, está al lado de todas las personas, pero especialmente de las que lo están pasando mal. Dios nos tiene a nosotros y nos pide nuestras manos, besos y abrazos para facilitarles la vuelta a la vida