El relato y las religiones

Los seres humanos somos muy simplistas y tendemos a reducir las categorías del pensamiento en dos grupos, siendo uno de ellos siempre el más valorado. Pongo ejemplos de esta forma de pensar: alto - bajo; flaco-gordo; hombre-mujer; cuerpo-espíritu; blanco-negro… En estos binomios la palabra que he puesto al principio es siempre superior a la siguiente

           Hay otro binomio que no quiero valorar porque no son palabras nada neutras, izquierda derecha o derecha izquierda, pero que en la sociedad española está muy marcado. Se ha levantado un muro entre esas dos palabras. Tengo la impresión de que el relato, en general, lo ha ganado la izquierda de forma que se presenta como buena, frente a una derecha que es mala. La primera es sinónimo de progreso, de avances, de hegemonía cultural y superioridad moral; mientras que la segunda, son los ultras, los que suponen el retroceso de la sociedad, los que se niegan a cualquier cambio

           Tampoco hay diversas tonalidades en la valoración de la dictadura franquista que era siempre mala y de la República, que fue su contrapunto, un paraíso perdido a pesar de los acontecimientos en Asturias de 1934

           Mi propósito ha sido en este blog colocar a la religión dentro de estas categorías reducidas. La religión desde la Revolución Francesa es considerada de derechas, pero no todas, especialmente la católica entra en esta definición. Lo más curioso es que el Islam, nadie se atreve a catalogarlo, quizás por miedo a su reacción violenta. Las feministas, entre las que me incluyo, no salimos en defensa de las mujeres en los países árabes y tampoco hay grandes manifestaciones contra las matanzas que se han producido en Irán últimamente, es un silencio clamoroso. En cambio, la religión judía sigue siendo, desde tiempo inmemorial, el patito feo de las religiones. No tenemos más que mirar en nuestro país los barquitos que salieron para apoyar a Gaza y en otros lugares del planeta los ataques a los judíos y a sus sinagogas

           Los cambios en la mentalidad pública siempre son lentos, pero creo que se están dando algunos. Por lo pronto, se está produciendo un hartazgo en dividir la sociedad entre buenos y malos sin atender a distintas tonalidades. Tengo la ilusión de que vuelva a aparecer una Tercera España en la que haya sitio para todos los que quieran contribuir al crecimiento del bien común. Y que el cristianismo no sea de derechas ni de izquierdas, lo serán sus militantes, según se coloquen en uno u otro espectro. En este punto quiero recordar al Papa Francisco que siempre hablaba de todos, todos, todos ya que en la Iglesia de Cristo no podemos hacer distinciones.

En la epístola a los Corintios, 1,12 y 3,4-6, Pablo regaña a los que se consideran seguidores de Pablo, de Apolo, Cefas... porque están dividiendo la religión en facciones de seguimiento de líderes humanos. El argumento es que los cristianos somos solo servidores de Dios y Cristo no está dividido. Habrá algunos cristianos que caminen a nuestra derecha y otros a la izquierda, pero todos tenemos que caber en la gran nave de la iglesia remando para llevarla a buen puerto e instaurando el reino de Dios en la tierra

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