Nostalgia de desterrados: Todos los Santos

Jesús Mauleón, poeta y cura
24 oct 2013 - 14:06

Santos y Difuntos: dos días para la esperanza y el recuerdo. Si nuestros muertos queridos están ya en la gloria oran por nosotros. En su famosa entrevista a La Civiltà Cattolica decía el papa Francisco: "Yo veo la santidad en el pueblo de Dios, su santidad cotidiana. Existe una 'clase media de la santidad' de la que todos podemos formar parte (...). Veo la santidad en el pueblo de Dios paciente: una mujer que cría a sus hijos, un hombre que trabaja para llevar a casa el pan, los enfermos, los sacerdotes ancianos tantas veces heridos pero siempre con su sonrisa porque han servido al Señor, las religiosas que tanto trabajan y que viven una santidad escondida. Esta es, para mí, la santidad común (...). Esta era la santidad de mis padres: de mi padre, de mi madre, de mi abuela Rosa, que me han hecho tanto bien...". Los santos canonizados y catalogados son una minoría. Ahora es la fiesta de Todos los Santos.

Se nos recuerda en la Misa que Dios nos ha querido tanto que nos ha hecho sus hijos. "Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos tal cual es". En esta esperanza, en la nostalgia de los "desterrados de su tierra", late el siguiente poema, inspirado en el famoso salmo bíblico.

JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA

(Salmo 137)

Junto a los canales de Babilonia

nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión.

Nos hiciste de barro en una tierra hermosa

a tu imagen, Señor, pero también de tierra.

Mira cómo nos llama, qué blanda nos ofrece

maternal su hermosura.

Hermosos son el mar, los bosques, las montañas,

el regazo feliz donde acostamos

nuestra tierra en la tierra, rodeados

de tanto ser que vive,

hechos a la fatiga

de tanto afán, de nostalgia tan alta.

Que la mano derecha se nos seque,

que al paladar se pegue nuestra lengua

si al entonar el canto de la vida

te olvidamos a ti.

Tú eres, Señor, la vida verdadera,

tú quien levanta suavemente el mundo

y lo lleva a su pecho

con el mismo deleite con que el niño

juega y abraza su balón que adora.

Que al paladar se pegue nuestra lengua

si al escuchar tan cerca tu latido

te olvidamos a ti.

Nos pusiste, Señor, en una tierra hermosa,

enjoyada, cuajada de mil señales ciertas

que nos llevan a ti.

Clava bien en nosotros este enorme deseo.

Aviva en nuestro pecho este dolor de origen

hasta que nos descubras tu presencia.

Ayúdanos, Señor, a amar la vida,

amando, trabajando.

viviendo en el amor y desviviéndonos

hasta que llegue el día

de regresar a ti, la vida verdadera,

y contemplar desde la misma gloria

tu gloria cara a cara.

(De Salmos de ayer y hoy, Estella, Verbo divino, 2008, p. 144-145).

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