Con el Papa al Espíritu Santo

Jesús Mauleón, poeta y cura
19 jun 2013 - 23:24

Nicolás de la Carrera, en el blog de su Nido de la poesía, citaba recientemente unas curiosas palabras del Papa Francisco sobre el Espíritu Santo. Primero animaba a sus oyentes a rezarle. Y luego, en un tono castizo y pedagógico, añadía: “Me gustaría hacer una pregunta a todos ustedes: ¿Cuántos de ustedes rezan cada día al Espíritu Santo, eh? ¡Serán pocos, eh! ¡Pocos, unos pocos!, pero nosotros tenemos que cumplir este deseo de Jesús: orar cada día al Espíritu Santo para que abra nuestros corazones a Jesús (...). Hagamos esta propuesta: cada día invocaremos al Espíritu Santo. ¿Lo harán? ¡No oigo, eh...! ¡Todos los días, eh...! Y así el Espíritu nos levará más cerca de Jesucristo. ¡Gracias!”. Luego mi colega bloguero añadía un par de poemas–oración al Espíritu convenientemente introducidos e ilustrados.

Yo, después de oír al Papa, pronto y bien mandado, me propongo hoy ofrecer una plegaria al Espíritu Santo. La recogí en mis “Salmos de ayer y hoy”, saliéndome en ella del arranque de los salmos bíblicos de que partía la mayoría de los textos. No es un poema demasiado brillante ni la oración perfecta. Pero, qué caramba, creo que no nos vendrá nada mal rezar hoy y hacer caso al consejo pastoral de este papa castizo. Rezar por él, por la Iglesia entera y por todo el mundo.

APIÁDATE, SEÑOR, DE LA IGNORANCIA

(Venga, Señor, tu Espíritu)

Apiádate, Señor, de la ignorancia,

de los oídos sordos y blindados

como la puerta de una caja fuerte

(¡qué vacía por dentro, que menguados caudales!),

de la autosuficiencia de los necios

(¡qué castillo de viento tras su muros erguidos!).

Líbranos

de la maldad difusa o abultada,

de las arrolladoras

embestidas del ego,

de la ciega pasión como una venda

para tapiar de oscuridad los ojos.

Apiádate, Señor, de la penuria,

de la tristeza de sentirse débil,

rodeado de débiles,

de la pobreza humana

rodeada de pobres.

Ten compasión, Señor,

de la recia ignorancia

cercada de ignorantes,

de la ruindad humana

rodeada de ruines.

Venga, Señor, tu Espíritu.

Meta hondo su arado

en tierra tan baldía,

traspase con su reja nuestra carne,

renueve nuestra entraña.

Líbrenos de nosotros.

Vuélvanos del revés.

Ábranos al espacio que tú oreas.

Venga, Señor, tu Espíritu

que esperamos de ti.

Amén.

(De Salmos de ayer y hoy, Estella, Verbo Divino, 2008, p.81-82).

También te puede interesar

Lo último

stats