Va de Jesús para pobres

Jesús Mauleón, poeta y cura
06 mar 2014 - 11:23

Paro, paro... Paro y angustia para demasiados millones de trabajadores. Paro como plaga de muy lenta, desesperante erradicación. Paro y pobreza personal y familiar (sin contar, o contando, la otra gran pobreza, la que queda en los países del Sur y puja hasta la desesperación en nuestras fronteras). Dificultad como nunca habíamos conocido en el mundo de los trabajadores. El poema que ofrezco se escribió en tiempos de un paro no tan agudo como el actual. Garantizo que no hubo ni pizca de demagogia. El evangelio, y todo Jesús con él, siguen siendo clamorosa actualidad. Seguramente ésta es la clave de que el papa Francisco, a sus muchos años, aferrado al Nazareno, sin inventar nada,resulte tan realista y muestre cada día un mensaje tan vivo.

A JESÚS OBRERO

Choca esa mano fuerte, bien curtida de callos.

Buenos días, Jesús, ¿cómo va la faena?

Los tiempos son difíciles hoy en cualquier oficio.

Si insiste la sequía, si la cosecha falla,

si el dinero escasea por toda Palestina,

si cesan los pedidos, el taller enmudece,

a tu padre y a ti os sobrarán las horas

cuando nadie os encarga ni un triste ventanillo.

Y me pregunto yo cómo vais capeando

el temporal (muy cerca el Tiberíades)

y si os vais remediando con alguna chapuza,

si piensa algún vecino en remendar su casa,

en reparar su arado o su carreta.

Me pregunto de dónde agenciáis vuestro pan,

cómo le va a tu madre la despensa.

¿Le alcanzan los denarios a llenar el puchero?

Choca esa mano fuerte, Jesús de Nazaret,

que no eres personaje ni profeta en tu tierra,

vecino del común, tan igual que los pobres,

colega inseparable del sudor y el cansancio

cuando no os falta un tronco donde poner las manos,

tú, pobre pero honrado, amante de la vida,

Hijo de Dios y hermano de los pobres.

Choca tu mano fuerte, Jesús el carpintero,

esa tu mano leal, trabajadora.

¡Buenos días a ti! ¡Muy buenos días

nos dé tu Padre Dios

a los que nada somos, a los que trabajamos

para llevar el pan a nuestra casa!

Buenos días

les dé tu Padre Dios, les demos todos

a quienes nada son y a quienes roba el paro

la dignidad y el ánimo precisos

para seguir viviendo humanamente.

Dales tu mano fuerte. Líbralos

de las continuas trampas que les pone

el egoísmo ajeno. Llénalos

de sentido común y valentía.

Llénalos de honradez y de entereza

con las que luchen noblemente unidos.

Cólmalos de justicia.

Dales tu amor, tu pan y tu palabra.

Muéstrales a las claras

que aún sigues siendo uno de los suyos.

(De Cien oraciones para respirar, Madrid, San Pablo, 1994).

(Obra poética, Pamplona, 2005, p. 390).

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