Va el poema sin más

Jesús Mauleón, poeta y cura
02 oct 2013 - 20:35

Va el poema sin más. ¿Al margen o a contrapelo de la actualidad del periódico? Por qué no. Lo “efímero” (del griego, lo del día, lo pasajero) puede golpear la curiosidad del lector con vehemencia. Pero no toca siempre ni necesariamente lo más esencial.

El poeta, en su modestia, se afana a menudo por rozar siquiera lo permanente humano. Si además tiene fe, se atreve además levantar los ojos y tocar lo divino.

¿POR QUÉ NO?

Qué temblor y qué lujo rezar en la belleza

bajo la bóveda de Notre Dame en París,

su cielo a media luz de los vitrales

donde se ordena en arte el arco iris.

Y qué felicidad extraña, peregrina,

con los ojos cerrados,

humilde bajo la grandeza,

sentirte inmenso a Ti

en la nave central, casi de un mar pagano,

de la basílica de San Pedro en Roma.

También me supe

dentro de tu lugar, oh Dios, y el mío

en las famosas aguas navegables

de aquel casero mar de Galilea

donde desde una barca

te hallé tan familiar aquel verano.

Y a veces cómo crece mi deseo

de cantar o llorar una misa

en el altar donde Óscar Romero, obispo,

consagrado a balazos,

enrojeció de sangre los manteles.

Con parecida ingenuidad confieso

que siempre me llenó de envidia

el poder adorarte

en una misa de galpón y selva

donde se agolpan rostros de piel negra

que hambre de pan y hambre de Ti reúne.

Tanto te he deseado, tanto

te he tenido conmigo, tan de cerca

me escuchas dondequiera que te llame,

con tanto amor acudes a mi llanto,

que tengo templo, altar,

mar y belleza, sangre, selva, amor,

pobres del mundo y mesa en Ti, contigo.

(23 de febrero de 2008)

(De Apasionado adiós, Madrid, Vitruvio, 2013).

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