Un sabor agridulce tras la entrevista de monseñor Benavent en el Levante

"Sea valiente, señor arzobispo, porque somos muchos los que estamos a su lado, y presente ya el misal en valenciano para que sea aprobado"

Enrique Benavent, arzobispo de Valencia
Enrique Benavent, arzobispo de Valencia | Ep

Eso es lo que sentí cuando leí la entrevista que el señor Alfons Garcia, subdirector del diario Levante-EMV, le hizo al arzobispo de València. Sobre todo cuando D. Enrique Benavent dijo: “Mientras el valenciano sea objeto de debate político y no haya paz social, es muy difícil hacer un misal que no sea polémico” (Levante, 8 de marzo de 2026).

Supongo que el arzobispo Benavent que es un hombre de una gran bondad, en su buena intención, cuando habla de “paz social” en el País Valenciano, piensa y desea un acuerdo, un entendimiento o un consenso entre partes enfrentadas lingüísticamente. Entre filólogos y cuatro aficionados a la lengua, pero sin ningún tipo de estudios filológicos. Evidentemente, si el arzobispo cree que es necesario ese acuerdo para que haya una “paz social”, no la habrá nunca. Porque la ciencia no puede llegar a acuerdos con la seudociencia de aquellos aficionados que niegan los criterios científicos sobre la unidad de la lengua que se habla en Cataluña, la parte oriental de Aragón, las Islas Baleares, Andorra, la ciudad italiana de Alguer, una zona pequeña del norte de Murcia (el Carxe) y la mayor parte del País Valenciano.

Manifiesto
Manifiesto

Unos criterios de unidad lingüística que defienden todas las universidades del mundo y la misma Acadèmia Valenciana de la Llengua, que es órgano estatuario que tiene por misión “determinar y elaborar la normativa lingüística del valenciano” (o catalán), “velar por su uso correcto y defender su promoción y valoración, basándose en la tradición lexicográfica, literaria y la realidad filológica”. L’AVL es, en el País Valenciano, el órgano equivalente a la Real Academia Española. Llegar a acuerdos entre la ciencia y la pseudociencia, por lo que se refiere al valenciano, es como creer que es posible una disolución homogénea entre el agua y el aceite. Y eso es imposible, ya que el agua es polar y el aceite, no polar. Querer sentar en una misma mesa a filólogos y a aficionados a la lengua, para así encontrar la “paz social” que permita el misal en valenciano, es como querer disolver el aceite y el agua. ¿Alguien, en su sano juicio, piensa que los miembros de la RAE se sentarán en una mesa con simples aficionados a la lengua, para alcanzar un consenso y para velar por el uso correcto del español? 

Como tampoco es posible ningún acuerdo o consenso entre los que demuestran la existencia del cambio climático y los que lo niegan. Como no puede haber ningún acuerdo posible, ni consenso, entre los físicos que han demostrado el Principio de Arquímedes y los que, sin más, lo negasen. O entre los que afirman que la tierra es plana (¡que los hay!) y los que han demostrado que la tierra es redonda. 

Para trasplantar un riñón, ¿podría darse un acuerdo o un consenso entre un nefrólogo y un curandero? ¿No sería el nefrólogo el que determinarse como hacer el trasplante, sin tener en cuenta la opinión del curandero? ¿O sería el curandero el que decidiese como hacer el trasplante? Ya lo decía, con gran sentido común, San Teófilo de Antioquia, sexto obispo que ocupó la sede de aquella Iglesia después de San Pedro, cuando aconsejaba a Autólico, en sentido espiritual y en referencia al Señor: “Fíate de tu médico” (no de un curandero), “y él te medicará”.

En la entrevista al periódico Levante, el arzobispo Benavent dice que “el valenciano no puede ser una lengua excluida de la Iglesia”. Pero desgraciadamente, la realidad es que los cristianos valenciano-parlantes asistimos (qué remedio tenemos) a las celebraciones litúrgicas, que (en la gran mayoría de las parroquias), marginan el valenciano. También afirma D. Enrique Benavent, que desearía que “estuviera hecho ya un misal en valenciano”. Pues manos a la obra. Somos muchos los que, si el arzobispo decide presentar el misal, lo apoyaremos sin fisuras. De hecho, en el palacio episcopal de València tienen (desde hace muchos años), la traducción al valenciano del Misal Romano, un trabajo impecable que hizo la AVL, que, no hay que olvidar, es el órgano competente en la normativa de la lengua de Sant Vicent Ferrer.    

Habla bien
Habla bien

Y es que con “paz social” o sin “paz social”, el misal en valenciano habría de ser posible, siguiendo los criterios científicos de los filólogos, no de lo que digan cuatro indocumentados, aficionados a la lengua. 

El profesor Antoni Ferrando decía en un artículo suyo: “La politización del valenciano es una cortina de humo para esconder la ausencia de una política de defensa de los derechos, de los intereses y de la personalidad propia de los valencianos y valencianas” (Levante 26 de diciembre de 2021). El arzobispo Benavent no habría de caer en la trampa de la derecha, que es quien siempre ha politizado nuestra lengua y quien impide cualquier “paz social”. De hecho, la creación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, el año el 1998, tuvo como objetivo llegar a una “paz social”. Y a pesar que l’AVL se creó con los votos del PP, este partido siempre ha estado politizando la lengua y a menudo, intentado controlar este órgano estatutario, sin respetar su independencia.

El arzobispado de València (ni el de Sogorb-Castelló ni el de Oriola-Alacant no lo han ni intentado) ha publicado el Evangelio para cada día en valenciano y en castellano. Pero, curiosamente, en mi parroquia, el librito en valenciano cuesta 4 euros y en castellano, 3. Una manera bien clara de discriminación de los valenciano-parlantes, al mismo tiempo que puede ser también disuasorio comprar el librito en valenciano, ya que cuesta 1 euro más. Creo que habría de ser al revés, para facilitar la lectura en valenciano. Pero la mayor parte de los sacerdotes les importa un comino su propia lengua. Una paradoja difícil de entender, ya que los sacerdotes que normalmente en la calle hablan valenciano, después lo excluyen de la liturgia. Una actitud de autoodio, digna de ser psicoanalizada. 

Desgraciadamente, la derecha valenciana (no como la derecha europea), vive de crear conflictos allí donde no existen. La última de las polémicas (inútil, porque no podemos poner puertas al campo), es el proyecto de la Conselleria de Educación, de prohibir y censurar en el currículum de la asignatura de valenciano, a los autores catalanes y mallorquines, como Ramon Llull, Salvador Espriu, Mercè Rodoreda, Jacint Verdaguer, Àngel Guimerà, Joana Raspall, Baltasar Porcel, Carme Riera, Gabriel Janer, Quim Monzó, Carles Riba…. No sé si también prohibirán el Llibre dels Fets del rey Jaume I, ya que este monarca nació en Montpelier.

El ángel de la senyera
El ángel de la senyera

¿Alguien, con dos dedos de frente, eliminaría del currículum de la asignatura de lengua española, a autores como Pablo Neruda, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges o Isabel Allende? Eso es lo que hace el gobierno del País Valenciano, politizar la lengua, excluyendo a los autores no valencianos. Es la política del gobierno valenciano: no buscar soluciones a los problemas que tenemos (y que son muchos), sino crear problemas artificiales, con el único objetivo de romper la unidad lingüística y acabar con nuestra lengua.   

Los cristianos valencianos estamos esperando, desde hace años, el misal en nuestra lengua, un texto que ya pedía las “Constituciones del Sínodo Diocesano de Valencia. 2019-2021”. En la propuesta 11, en la página 950, se afirmaba que “el encuentro entre la fe i la cultura es una exigencia de la propia fe. De ahí la importancia que tiene para la Iglesia el enraizamiento en la cultura”. El punto 11.12, en la página 957, decía que era “deseable que se puedan disponer de los textos litúrgicos habituales en lengua valenciana”. En la lengua que marca la AVL, evidentemente. Y por eso, “este Sínodo pide que el arzobispo, en comunión con los obispos sufragáneos de Segorbe-Castellón y de Orihuela-Alicante, den los pasos necesarios para constituir los grupos de Trabajo para la traducción valenciana de los textos litúrgicos”, cuando esos textos ya traducidos, los tiene (olvidados) el arzobispado de València desde hace muchos años. El mismo punto 11.12, afirmaba también que “este Sínodo expresa el deseo y la petición de que se proceda, por el bien pastoral y de una Iglesia evangelizadora, a esta versión valenciana de los textos litúrgicos, cuanto antes”. Y estas “Constituciones del Sínodo Diocesano de Valencia. 2019-2021”, ya hace cinco años que fueron aprobados. Y ni “textos litúrgicos, cuanto antes”, ni nada de nada. Por eso me pregunto de qué sirven unos textos aprobados, si después no se ponen en práctica y quedan en papel mojado.

Me han gustado mucho las palabras del arzobispo Benavent, cuando dice en esta entrevista, que encuentra “lógico y justo” que los familiares de las víctimas de la Dana del 29 de octubre de 2024, “exijan responsabilidades y verdad”. Seguro que las personas que perdieron a un ser querido en aquella tragedia, por la nefasta e incompetente gestión del gobierno valenciano (como ha reconocido la jueza de Catarroja), agradecerán las palabras del arzobispo. Aunque esas personas esperaban esas mismas palabras en la homilía del funeral por las víctimas de la Dana, celebrado en la catedral de València, en diciembre de 2024, unos días después de la triste riada.

Hace ya muchos años, en el Salvador, en Brasil y en Argentina, no había “paz social”. Y a pesar de ello, los obispos Óscar Romero, Pere Casaldàliga, Hélder Cámara o Enrique Angelelli, actuaron, con valentía, y levantaron su voz de manera profética para denunciar las injusticias de unos gobiernos autoritarios que oprimían a los más pobres. Sin buscar consensos ni acuerdos, ya que la verdad y la justicia, no pueden arrodillarse ante los que ejercen la opresión y la injusticia.      

Jesús Corbí, oficiando en valenciano
Jesús Corbí, oficiando en valenciano

Y mientras esperamos la “paz social” que la derecha valenciana no desea, sino que dinamita, nos encontramos sin el misal en valenciano, tan anhelado. Y es que la derecha que sufrimos los valencianos, ni quiere la “paz social”, ni desea (sino que margina), el valenciano en la Iglesia y en la Administración autonómica. Una “paz social” que continuamente el PP, con la aquiescencia de VOX, está dinamitando, ya que estos partidos no hacen otra cosa que politizar la lengua. Por ejemplo: es irracional que todo un presidente de la Generalitat, como Juanfran Pérez Llorca, diga que a la Acadèmia Valenciana de la Llengua “le sobre rigidez y política”, cuando son el PP y VOX los que están politizando la lengua, una lengua que habrían de dejar en manos de los filólogos, como el gobierno del estado deja en manos de la Real Academia Española, todo lo referente a la normativa lingüística del español o castellano.

Es también absurdo que el mismo Pérez Llorca (que sigue los dictados de VOX), diga que “el cambio de nombre de una ciudad la han de decidir los vecinos, no se ha de decidir en un despacho”. ¿Y entonces para qué está la AVL, que entre sus competencias está hacer un estudio y aprobar los cambios de nombre de las ciudades, en un correcto valenciano? Como es la Generalitat (y no los vecinos), la que tiene las competencias para regular, aprobar y asesorar los símbolos locales, como escudos y banderas. No son los vecinos los que tienen esta prerrogativa.  

Y es que, como he dicho antes, el PP y VOX politizan la lengua, creando problemas allí donde no existen. Que dejen la lengua en manos de los filólogos, como dejan la medicina en manos de los médicos. Por eso creo que muchos de los políticos valencianos del PP y de VOX, les viene como anillo al dedo las palabras de Maquiavelo, de su libro, “El Príncipe”, cuando afirma: “La política no tiene relación con la moral”.

Como decía recientemente el profesor y escritor, Rafael Narbona (Religión Digital, 12 de marzo de 2026), “los cristianos” y más, si cabe, los obispos, “deben retomar la antigua tradición profética de alzar la voz contra las injusticias”, como es, para los cristianos valenciano-parlantes, la de no tener el misal en nuestra lengua, ya que, continuaba el profesor Narbona, “las buenas palabras no son suficientes. Es necesario adoptar una perspectiva crítica, o si se prefiere, crística”, contra las injusticias.   

Misal valenciano
Misal valenciano

Por eso, sea valiente, señor arzobispo, porque somos muchos los que estamos a su lado, y presente ya el misal en valenciano para que sea aprobado, para que, de esta manera (y de una vez por todas), los cristianos valenciano-parlantes podamos celebrar la fe en nuestra lengua, como la celebran en su propia lengua, los cristianos gallegos, los madrileños, los vascos, los berlineses o los londinenses. Incluso en la ciudad de València (y me parece una decisión pastoral excelente), hay parroquias que celebran la eucaristía en chino, inglés, francés y otras lenguas, bien para turistas, para ciudadanos de estas lenguas residentes en la capital del País Valenciano o para estudiantes Erasmus. Así, por ejemplo, la parroquia de San Juan del Hospital celebra la Eucaristía en inglés cada domingo a las 12 del mediodía. La parroquia de San Francisco de Borja, en el barrio de Russafa, celebra la Eucaristía en polaco. La de los Santos Juanes, en italiano. La de Santa Ana, en portugués. 

Pero es “misión imposible” encontrar una misa en valenciano en la ciudad de València. Y pienso que ya sería hora de corregir esta anomalía, para que los cristianos valenciano-parlantes, como habría de ser normal, pudiésemos celebrar nuestra fe en la lengua de San Vicent Ferrer. Amén.

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