Kiko, Sydney, el Camino y siempre lo mismo.
Kiko Argüello es tema recurrente. Que levanta odios viscerales. Con argumentos absolutamente repetitivos y que me parecen de escasa entidad. Siempre dicen lo mismo y en no pocas ocasiones sin conseguir demostrar nada o casi nada de lo que se pretende.
Comenzaré diciendo, una vez más, que no soy kiko. Los conozco apenas y, sobre todo, por lo que dicen sus enemigos. Pues sólo por eso cada vez me caen mejor.
En primer lugar son algo que quiere la Iglesia. Que acaba de aprobarle definitivamente sus estatutos. A mí me basta. Los quiere y demostrándoles notable aprecio. Puede ser que en sus inicios tuvieran desviaciones raras. Pues las habrán corregido o la Iglesia habrá considerado que eran aceptables. El estudio de Fray Antonio de Lugo, monje jerónimo que me merece muchísimo respeto, o el de un sacerdote italiano de cuyo nombre ahora no me acuerdo, en Galicia no tengo mi archivo a mano, creo que ambos muy críticos, estarían acertados o desacertados en su momento. Si acertados, habrán corregido los kikos las desviaciones que se les señalaban. Y si interpretaron mal lo que había no son argumento de autoridad. También San Ignacio y Santa Teresa fueron criticados por doctos clérigos. Y quienes acertaron, y han dado muchísima gloria a la Iglesia, fueron ellos y no sus críticos.
La Iglesia, hoy, les valora. Pues eso es lo que va a misa. No lo que fueron ayer o se dijo que eran sin serlo.
Otras críticas vienen de enemigos de la Iglesia. Declarados o camuflados. Su antipatía para mí es una recomendación.
A nadie obligan a seguir su camino. Es absolutamente voluntario y quien quiere abandonarlo lo abandona. Cuando quiere. Pues como todos. La monja del Sagrado Corazón, el teatino o el sacerdote secular.
¿Qué algunos quedan traumatizados por su experiencia anterior? Todos conocemos a exreligiosos, ex sacerdotes o excatólicos con un rebote fenomenal. Odian a su antiguo instituto y a la Iglesia. En no pocos casos con rasgos de libro de psiquiatría.
¿Qué algunos lo pasan mal y les cuesta trabajo situarse en la sociedad después de años dedicados a su estado anterior? ¿Y el benedictino que deja el monasterio, el sacerdote que se queda sin parroquia y tiene que alimentar a una familia, qué? Algunos intentando vender enciclopedias por las casas o mendigando de su obispo una clase de religión.
¿Piensan que su opción es la mejor? Supongo que lo mismo le ocurrirá al dominico o al cielino. En otro caso se hubieran hecho otra cosa.
Fastidia su entrega, su disponibilidad, su amor al Papa... Pues a mí me parece estupendo. Y motivo para apreciarles.
Se ha llegado a criticar que tras actos como los de Colonia o Sydney muchos jóvenes decidan consagrarse a Dios. Con argumentos pueriles. ¿Cuántos de esos perseverarán? Los que sean. Como abandonan muchos de los que entran en un seminario o en un noviciado jesuítico o de monjas vedrunas.
¿Es Dios el que llama y no Kiko Argüello? Vaya descubrimiento. Como no llama el director espiritual de un seminarista o de un joven que cree tener vocación de claretiano.
Lo que parece que irrita a algunos es que a la convocatoria de unos no responda nadie y a la de Argüello en Sydney mil quinientos chicos y ochocientas chicas. De los que en muchos se descubrirá enseguida que no tienen verdadera vocación y otros la abandonarán tras un tiempo en el seminario. Pero esos podrán probar. Donde no entra ninguno no hay prueba que valga. Y no será malo que prueben.
Y ahora viene lo que más irrita. A Sydney fueron 35.000 jóvens del Camino Neocatecumenal. Sobre el 15% de los jóvenes asistentes eran kikos. Y 24.000 venían de la decadente Europa. Me parece algo extraordinario. Como para que la Iglesia esté feliz con ellos. Y yo me siento Iglesia.
El 30 de diciembre pasado en la concentración de Madrid vi a numerosos grupos, que me dijeron que eran kikos, bailando al final una especie de sardana. Cosa que yo no haría ni con cinco whiskys encima. Pero no por eso se me ocurre despotricar de ellos. Si a mí eso no me va con no bailarla tan feliz. Otra cosa sería que me obligaran contra mi voluntad. Pero nada de eso ocurre.
Entiendo perfectamente a quien quiera vivir su catolicismo fuera de ese camino. Yo soy uno de esos. También a los enemigos de la Iglesia que quieren su desaparición . A los que no entiendo es a quienes les odian desde la Iglesia. Como para preguntarse si algunos de ellos son Iglesia. Y para que otros se preguntaran el por qué de ese odio a algo que la Iglesia quiere y que está dando muchísimos buenos frutos.