De los verdaderos responsables y del grave daño que causan.

Con frecuencia´quedan reflejados en el Blog, bien por los comentaristas o por mí, hechos o declaraciones lamentables e incomprensibles de gentes de Iglesia. No cabe duda de que la responsabilidad directa de los mismos son de quienes los cometen o las profieren. Pero también hay una responsabilidad de otros que en mi opinión es más grave. La de quienes les consienten con un silencio encubridor y no pocas veces cómplice.

Porque todos esos y esas tienen unos superiores que callan ante lo que no debieran consentir. Conductas morales impresentables cuando no delictivas, manifestaciones abiertamente contrarias a la fe de la Iglesia, indisciplina general en lo leve y en lo grave, crítica permanente de la autoridad en su legítimo ejercicio...

Esto se produce todos los días y numerosísimas veces. Sin la menor reacción de quienes por deber de estado tendrían obligación de reaccionar y no lo hacen. Al menos hasta que el escándalo es ya clamoroso y el mal causado irreparable. Y a veces ni siquiera en esas ocasiones.

Los efectos de esa tolerancia son tremendos y múltiples. El escándalo del pueblo de Dios parece traerles sin cuidado a los superiores legales, llamarles legítimos me parece excesivo por carecer de la legitimidad de ejercicio, que ven como si no les afectara como por su culpa se pierden muchísimas almas. Bien porque pierdan la fe extraviados por lo que les enseñan o bien porque abandonen la Iglesia indignados por lo que ven. Todos esos que se han quedado en el camino deberían pesar como una losa sobre el alma de quienes, por autoría o por complicidad, les han alejado de Cristo y de su Iglesia. Y llegará el día en que tendrán que dar grave cuenta de ello a Dios.

El mirar para otro lado causa también gravísimo daño a la persona que comienza a extraviarse en su vida o en sus ideas. Porque una corrección al principio puede recuperarle mientras que si se le permite enfangarse cada vez más en costumbres u opiniones llegará un momento en el que será imposible hacerle volver al redil ya que, ante la sensación de impunidad, se incrementarán las distancias respecto a lo que debe ser un buen sacerdote o religioso.

Y se producirá además un contagio al ver otros que esas posiciones no sólo salen de balde sino que aportan popularidad y presencia en los medios, aunque sean contrarios a la Iglesia.

Pues esa es la grave situación actual. El que se llamen a andana quienes tendrían precisa obligación de actuar. En muchos obispos pienso que ello se debe a comodidad, a deseos de no verse criticados por el lobby disidente. Ya en los superiores religiosos creo que el problema es más grave. Porque en no pocos hay coincidencia ideológica con los contestatarios. Aunque entonces también vale lo que venimos diciendo, si bien habrá que subir uno o varios escalones. Hasta el superior general o quien esté por encima de él.
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