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Abrir camino a la esperanza

Domingo 2º de Adviento

Evangelio según Lc 3, 1-6:

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda l a comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios».

Para meditar:

Aún quedan vestigios de Navidad como sueño de paz y reconciliación, de ternura y de fraternidad sin discriminaciones. En este domingo de Adviento el evangelio sugiere que hagamos realidad este sueño: “se eleven los valles, desciendan los montes y colinas, se enderece lo torcido”, Todos entendemos este lenguaje simbólico que sugiere un camino para construirla paz y mirar confiadamente al porvenir.

Los cristianos somos ciudadanos de este mundo. Participamos los avances y los fracasos de nuestra sociedad. En teoría lamentamos la injusticia social, la corrupción y la hipocresía. Pero a la hora cambiar las cosas, frecuente nos quedamos en la orilla, como si fuéramos puros e incontaminables. A estas alturas ya reconocemos que la corrupción, la desmedida codicia y la doble vida también desfiguran a la comunidad cristiana. El pecado de omisión siembra de muertes nuestro mundo

.Está en nuestras manos hacer real el sueño de la paz en justicia, y por ahí nos orienta hoy el evangelio. Comenzado por nuestro entorno más próximo que es la familia, ese ámbito de gratuidad a veces profanado con envidias, discriminaciones y distanciamientos. Asumiendo nuestra responsabilidad en el funcionamiento evangélico de la comunidad cristiana. Y no cerrándonos en el individualismo insolidario, sino haciendo lo posible para que la justicia sea verdadera en la organización social. Con nuestra conducta práctica según el Evangelio, desbrozaremos el camino a la esperanza.

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