Domingo 27º del tiempo ordinario
Dos posibles conductas
En nuestro tiempo la subjetividad de las personas ha pasado a primer plano. Quieren ser ellas mismas, consideradas, respetadas y celebradas por los demás. El “yo” busca fundamentarse y crecer pensando por su cuenta, asegurando su bienestar social, llevando una vida placentera. Pero ve que todo eso no da la consistencia que anhela.
Según la fe o experiencia cristiana, ese misterio que llamamos Dios es comunión de personas distintas en comunión de amor. La confesión de esta fe o experiencia siempre ha excluido el triteísmo (tres dioses) o la subordinación entre las personas. Y es que, según esa fe o experiencia fundamentada en la conducta de Jesucristo, la persona divina se constituye y es ella misma siendo totalmente relación de amor gratuito hacia el otro.
Cuando hablamos de persona humana nos referimos a un sujeto que puede amar, o cerrarse egoístamente en sí mismo. Pero si creemos que los humanos somos y nos perfeccionamos siendo imagen de Dios, debemos concluir: el modo adecuado de ser y crecer como persona es amar. Salir de nuestro egocentrismo, e ir gratuitamente con amor hacia el otro. Ahí está la clave para realizarnos como personas conviviendo desde el amor en la pluralidad cada vez más ineludible.
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