Domingo 6º del tiempo ordinario
La verdadera religión
¿Qué hacer cuando un virus nos encierra en casa?
Dicen que movido por la curiosidad un creyente devoto, abrió la “Suma Teológica” escrita por santo Tomás de Aquino; pero al leer la primera frase como interrogante –“¿existe Dios?”-, se escandalizó y no siguió leyendo. Tanto mal y sufrimiento de los seres humanos es argumento irrefutable contra la existencia de una divinidad todopoderosa y buena que, mientras los sufrimos, sigue apática en su trono. Sin duda es mejor no creer en Dios ni practicar una religión, que creer en un Dios y practicar una religión que ante nuestros males guardan silencio y nos dejan tirados en la cuneta.
He leído varias veces el sugerente libro de Bertolt Brecht “Galileo Galilei”. En uno de sus capítulos alguien cuestiona la teoría de Galileo: si el cielo no existe ¿dónde está Dios?. Y el científico responde: “en nosotros mismos o en ningún lado”. Esa respuesta evocó mi fe o experiencia en la encarnación de Dios percibida en la conducta histórica de Jesucristo. No está lejos de nosotros. Siempre mayor e inabarcable, más íntimo a nosotros que nuestra propia intimidad, su presencia de amor nos constituye pues en ese misterio que llamamos Dios “existimos, nos movemos y actuamos”.
Conviene recordar esta fe o experiencia cristiana cuando un virus obliga incluso a cerrar iglesias y suspender celebraciones de culto. Hay que buscar a Dios también fuera del templo y discernir su presencia en la calle.
Pienso que los humanos estamos en proceso de realización. Mientras anhelamos y trabajamos por crecer en humanidad, una y otra vez encontramos dificultades que limitan nosotros logros ; pero dentro de nosotros, tan real como indefinible, puja un deseo de plenitud que no se apaga ni siquiera con la sombra de la muerte. Según la fe o experiencia cristiana en ese germen de vida que nos impulsa una y otra vez a levantarnos de nuestras cenizas está está Presencia de amor que llamamos Dios.
Es natural que, ante situaciones desgraciadas que nos desbordan acudamos a la oración para expresar nuestra indigencia y fortalecer nuestra confianza
Pero no busquemos pretendidos razonamientos sobrenaturales ni acudamos a intervenciones milagrosas para reemplazar la falta de razones humanas y para dispensarnos de nuestros compromisos terrenos, En la investigación seria de los científicos, en la preocupación y sanas medidas de los gobernantes, en el infatigable trabajo del personal sanitario, en la conducta solidaria de los ciudadanos, y en quienes a pesar de todo, ocurra lo que ocurra. mantienen viva la confianza, bien podemos decir que está Dios encarnado. Una Presencia de amor capaz de llamar a las cosas que no son para que sean y de dar vida a los muertos.
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