Domingo 2º de cuaresma
un mesianismo al revés
Segundo domingo de Adviento: Preparad el Camino al Señor
1. San Marcos inicia su evangelio haciendo ver la continuidad y, al mismo tiempo, la novedad respecto al Antiguo Testamento. Para ello trae la figura de Juan Bautista, un profeta representante del pueblo judío, que aún está en el desierto esperando llegar a la tierra prometida, pero que anuncia ya el tiempo decisivo cuya novedad él no alcanza; es mensajero del “más fuerte” que viene después, y no es digno de desatarle la correa de las sandalias. Juan sigue hablando de un Dios que viene como juez para ajustar cuentas. En cambio Jesús experimenta a Dios que está viniendo como “Abba”, que solo sabe amar y da confianza
2. “Camino” se refiere a la existencia humana que discurre unas veces por sendas llanas, y otras por trechos escabrosos. Queramos o no, todos estamos de camino, construyendo en cada paso nuestra vida, donde hay momentos de alegría y otros de tristeza. Donde a veces las dificultades nos abruman mientras en ocasiones el amor y la esperanza nos rejuvenecen. Hoy la pandemia nos recuerda por nuestra fragilidad; pero al mismo tiempo nos plantea el interrogante: ¿razones tienes para seguir esperando ¿
3, “Preparad el camino”. Siempre tenemos a nuestro alcance la posibilidad de orientar nuestra existencia: podemos cerrarnos en nosotros mismos, y podemos salir de nuestra guarida tendiendo la mano a los demás para caminar juntos hacia esa plenitud que, sin llegar a definirla, barruntamos. La vida cristiana es sencillamente la existencia humana, recorrer el camino, con un estilo, una forma de ser y de actuar. El estilo del “Señor” tal y como se manifestó en la conducta histórica de Jesús. Primero, escuchando a Dios-amor, más íntimo a nosotros que nosotros mismos; la docilidad a esa Presencia nos humaniza. Segundo, cultivando nuestras actitudes, acciones y omisiones, no para dominar a los otros, sino para servirlos con amor.
En la encíclica “Todos hermanos” el papa Francisco sugiere la clave para abrir futuro en nuestra sociedad desfigurada por el individualismo y la injusticia: mirar y relacionarlos con el otro como hermano, como un don que se nos ofrece para que nos vayamos humanizando en el amor. Saliendo de nuestro egocentrismo y abriéndonos a esa Presencia de amor que siempre está viniendo en todas las personas y en todo lo que sucede dando vida y aliento.
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