Domingo 14º del tiempo ordinario
Dónde apoyar la confianza
Evangelio: Jn 13, 31-33a. 34-35
Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:
Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.
Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.
Para meditar:
El evangelista sitúa la catequesis en la última cena horas antes de que Jesús sea crucificado. “Cuando salió Judas del Cenáculo”; Jesús se queda con sus discípulos fieles e interpreta el significado de su muerte y lo que deben hacer sus seguidores.
El ser humano “es glorificado” –se realiza- amando, saliendo de su egocentrismo, abriéndose al otro como un vaso de agua que calma la sed. Jesús ha sido el hombre totalmente para los demás y sella su conducta con la muerte aceptada con dolor pero libremente por amor. Ahí “es glorificado el hijo del hombre”, se realiza la humanidad.
Pero Jesús pasó por el mundo haciendo el bien hasta morir en la cruz, porque “Dios estaba en él”. Porque se dejó seducir y se abrió incondicionalmente a esa Presencia de amor. De modo que la muerte de Jesús es también revelación plena de esa Presencia de amor que llamamos Dios encarnado en la condición humana.
Así la gloria de Dios se revela en la vida de los seres humanos inspirada y tejida en esa Presencia de amor: “amaos unos a otros cono como yo os amor”
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