Domingo 6º del tiempo ordinario
La verdadera religión
"La compasión eficaz, imposible sin sufrimiento por amor, es condición necesaria"
No se puede intuir el verdadero rostro de la Iglesia sino desde la experiencia que llamamos fe. No significa cerrar los ojos y negar lo negativo que hay en ella. Según el Evangelio, Pedro seguía a Jesús “de lejos”. No es infrecuente hacernos una imagen de la Iglesia proyectando nuestros sentimientos más nobles: ideal de justicia, de fraternidad, pobreza evangélica. Pero según la fe o experiencia cristiana, la Iglesia es presencia de o divino en lo humano. Está hecha en la conducta histórica de Jesucristo, pero se está haciendo. Los bautizados llevamos la condición humana inacabada y reacia muchas veces al Evangelio.
La Iglesia viviente que cree, espera y ama tiene que ascender continua y trabajosamente por la pendiente de nuestra pesada naturaleza. Y en el camino hacia la santidad hay muchas sombras y pecados. Ningún mortal estamos libres de las incoherencias en la vida. Tampoco los cristianos, sean laicos, religiosos, curas u obispos. Por eso con dolor vemos en la misma Iglesia muchas aberraciones lamentables, pero sin caer en escándalos farisaicos.
La pederastia es un atropello repugnante lo cometa quien lo cometa. Cuando los delincuentes son miembros del clero, en seguida nos rasgamos las vestiduras e identificamos sin más a la Iglesia con la corrupción. Olvidamos que la santidad de la Iglesia es una expansión de la santidad de Jesucristo en nuestra condición humana todavía en camino hacia más humanidad.
No es evangélico y nada arreglan estrategias de la jerarquía eclesiástica ocultando lamentables conductas en los clérigos, o cerrando las puertas a las víctimas que piden justicia. Si bien el profetismo que rompe con la jerarquía fácilmente degenera en extravagancia, también son peligrosos los miembros de la jerarquía sin profetismo. Por eso un gesto digno del obispo cristiano ha sido la figura sencilla y austera del cardenal Juan José Omella escuchando paciente y en silencio dolorido a las víctimas. Es bien significativo que sea el Presidente de la Conferencia Episcopal Española. Su gesto profético recuerda la confesión cristiana: “Jesucristo, Dios verdadero, sufrió”. La compasión eficaz, imposible sin sufrimiento por amor, es condición necesaria para la nueva presencia pública de la Iglesia en la sociedad española.
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