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Escuchar y poner en práctica
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Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas:
Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.
Para meditar:
Con la imagen de la semilla Jesús se refiere a la Palabra de Dios. Esa Palabra es el mismo Jesús cuando habla y cuando actúa. Unos se acercaban, oían el mensaje, incluso les gustaba, pero su forma de vivir no cambiaba en nada; seguían en la superficialidad Otrosveían que la predicación cuestionaba sus posiciones de seguridad y buscaron la forma de eliminar cuando antes al Profeta. Sin embargo algunos “se acercaban” a Jesús, escuchaban lo que decía y trataban de ponerlo en práctica. A estos se refiere la parábola con imagen de la buena tierra.
El mismo Espíritu que sin medida se dio a Jesús de Nazaret e inspiró su conducta, habla continuamente a todos los seres humanos en su conciencia. Cada persona en su intimidad, cuando es sincera consigo misma, oye la voz invitándoa ir por un camino y dejar el otro. Esa voz de la conciencia juzga nuestra conducta, nos sugiere rectificar cuando nos hemos torcido, y nos da pazcuando hacemos lo recto. Puestos en manos de nuestra propia decisión, podemos dejar a un lado esa voz de la conciencia, o hacer que su impronta marque nuestra forma de vivir y de actuar.
Hay que “escuchar” la voz que habla dentro de nosotros mismos. Más que oír solo, implica ponernos de verdad a la escucha de esa voz que nos precede: “Escucha Israel”; dichosos los que “escuchan la Palabra y la ponen en práctica”. La Palabra que habla en nuestra interioridad viene a ser como la lluvia que suavemente mulle la tierra para que sea madre de nueva vida.
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